Análisis
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Albert Uderzo, un ejemplo de resistencia

Fue un dibujante hiperdotado, capaz de cambiar su estilo con una facilidad apabullante

Albert Uderzo posa junto a Astérix en París en 1985. En vídeo, el dibujante muere a los 92 años. OLIVIER BOITET / AP (VÍDEO: EPV)

Unida a la invasión de los romanos puede ser una bonita metáfora de la situación que vive el planeta durante estos días: los coronavirus invasores lo intentan, pero nuestros aguerridos sanitarios nos defienden con la inteligencia y fuerza de Astérix y Obélix. El pequeño galo y su orondo compañero, creados por el guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo, son ya iconos de la cultura popular, símbolos para un imaginario colectivo necesitado de referentes.

Con la desaparición de Albert Uderzo, fallecido hoy martes a los 92 años, prácticamente se cierra una época, la de la revista Pilote, ese ejercicio de renovación que comandó junto a Goscinny, Jean-Michel Charlier, Mitacq, Hubinon, Greg o Sempé, por solo citar algunos. Una generación de autores que comandaron una lenta transformación del cómic francobelga hacia nuevas formas de entender la narración y los géneros. Solo por Astérix, Uderzo pasará a la historia del noveno arte como uno de los más grandes, sin duda, pero sería injusto no recordar que fue mucho más que el dibujante del pequeño galo.

Apasionado de Walt Disney, el dibujo animado al que se quería dedicar en sus inicios perdió un gran artista que ganó la historieta, y que se caracterizó por una plasticidad de estilos increíble. Quizás estemos más acostumbrados al trazo más caricaturesco de Astérix, compartido por muchas de las creaciones que desarrolló junto a Goscinny como Oumpah-Pah, Luc Junior, Jehan Pistolet, Poussin et Poussif, La Famille Moutonet o La Famille Cokalane. Pero Uderzo fue un dibujante hiperdotado, capaz de cambiar su estilo con una facilidad apabullante: buen ejemplo puede ser la serie que realizó junto a Charlier, Tanguy y Laverdure, aventura en el más puro estilo de clásicos americanos como Johnny Hazzard o Steve Canyon donde el francés desplegaba un dominio espectacular del dibujo realista, con un sentido de la acción envidiable.

Pero no solo hay que recordar a Uderzo por su arte, sino también por su incansable defensa de la profesión de autor de historietas. Goscinny, Charlier y él mismo fueron los primeros en reclamar que los derechos de autor debían ser respetados también en el cómic, reivindicando modelos existentes en la prensa que entendían que podían ser trasladados el mundo editorial de la bande dessinée, lo que le valió entrar en la lista negra de no pocos editores. Una actitud que volvería a mostrar en el largo pleito con Dargaud por los derechos de Astérix, una lucha que ocasionó no pocas sangrías entre los dibujantes franceses empujados por las editoriales, pero que mostró el camino a muchos otros y cambió las reglas del mercado. La creación de Ediciones Albert René fue también muestra de su evidente olfato empresarial, que ya había demostrado años antes con la creación de la agencia periodística y publicitaria ÉdiPresse/ÉdiFrance.

Y no debemos olvidar su último gesto: al final de su vida tuvo la mirada abierta para entender que sus personajes formaban parte de la memoria de la sociedad y que tenían que seguir más allá de sus creadores.

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