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¿Sueñan los humanos que son ovejas eléctricas?

En un mundo insomne de comercio e información, dos libros dan argumentos para un cambio en la apreciación personal, cultural, profesional y social de una actividad necesaria: dormir bien

Empleados de Huawei duermen durante la hora del almuerzo en Shenzen. Ampliar foto
Empleados de Huawei duermen durante la hora del almuerzo en Shenzen. Getty Images

Al menos una de cada tres personas adultas se queja de falta de sueño y la prescripción de somníferos ha aumentado espectacularmente en las últimas décadas”, apunta el psicoanalista estadounidense Darian Leader en su último libro. Una demanda permanente de atención y de respuesta al estímulo a través de correos electrónicos, mensajes de móvil y publicaciones en redes sociales es la causante de la dificultad para conciliar el sueño, así como la justificación de una “industria de los productos y métodos para ayudar a dormir [que] generará este año nada menos que 76.700 millones de dólares de negocio. (…) Si décadas atrás apenas se conocía un reducido número de posibles trastornos del sueño, hoy son ya más de 70. Y a más trastornos, más remedios, más expertos, más ingresos”.

Para reconquistar el territorio de la noche hay que constatar que la existencia que hemos escogido, en realidad, nos hace daño

A lo largo de los últimos años, Darian Leader (Alameda County, California, 1965) ha aportado sólidos argumentos acerca de la necesidad de recuperar algunas de las concepciones de la psicología clásica para poner freno a la medicalización del trastorno. En La moda negra. Duelo, melancolía y depresión (2011), Leader dio cuenta del modo en que lidiamos con la pérdida, el sufrimiento y el duelo para impugnar la patologización del pesar, un tema sobre el que volvió en Estrictamente bipolar (2015), donde denunciaba el carácter económicamente construido de la bipolaridad (para la que sugería la recuperación del término “trastorno maniaco-depresivo”) al tiempo que proponía no pensar el síntoma como el “problema” del paciente, sino como su “solución”; una solución precaria y susceptible de generar sufrimiento, pero que requiere ser entendida en lugar de anulada mediante la ingesta farmacológica. Su obra más importante hasta el momento (¿Qué es la locura?; 2013) incidía en ello: para Leader, se trata de no desdeñar el aspecto creativo de los fenómenos mentales, echar por tierra dicotomías como cuerdo/loco y sano/enfermo cuya utilidad es limitada o inexistente, y devolver al trastorno su carácter de indicio de las demandas contradictorias que la sociedad ejerce sobre nosotros.

¿Sueñan los humanos que son ovejas eléctricas?

¿Por qué no podemos dormir? explora la fisiología del sueño y su carácter cultural; la prescripción de ocho horas de reposo ininterrumpido parece no tener base científica, y hasta tiempos recientes las personas dividían el descanso en dos, en lo que Leader denomina “sueño bifásico”: de 21.00 (o 22.00) a 24.00 y de 24.00 (o 1.00) hasta la mañana. Pero el aporte principal del libro radica en el hecho de que su autor constata unas demandas irreconciliables en torno al sueño: “Vivimos en un insomne mundo de comercio e información”, afirma, “pero se nos insta cada vez más a dormir el número correcto de horas de sueño ininterrumpido y de calidad”.

Matthew Walker (Liverpool, 1973) no aborda esta contradicción sino tangencialmente, pero en Por qué dormimos. La nueva ciencia del sueño observa que “la aniquilación del sueño en las naciones industrializadas está teniendo un impacto catastrófico en nuestra salud, nuestra expectativa de vida, nuestra seguridad y nuestra productividad, así como en la educación de nuestros hijos”. Walker propone una aproximación al fenómeno del sueño más técnica que la de Leader; su libro es un intento excepcionalmente exitoso de responder a preguntas como qué es el ritmo de sueño y qué incidencia tienen en él la cafeína, el desfase horario o jet lag y el envejecimiento; qué es la melatonina y de qué modo condiciona nuestra percepción del momento en que vamos a la cama, qué sucede en el cerebro cuando dormimos y qué beneficios tiene el sueño en nuestra salud, cuáles son los inconvenientes que acarrea su privación, de qué modo se articulan sueño y memoria, qué sucede cuando soñamos y qué prácticas (algunas aparentemente inocuas) nos impiden conciliar el sueño. Por qué dormimos es un libro poblado de científicos que bajan a las profundidades de una cueva para determinar cuál es su ritmo circadiano, arañas a las que se les administran drogas, ratas de laboratorio, murciélagos que duermen 19 horas al día y cetáceos que lo hacen sólo con medio cerebro, griegos a los que se les prohíbe la siesta con resultados catastróficos, padres desesperados frente a los hábitos nocturnos de sus hijos adolescentes, personas que se dejan aplicar corrientes eléctricas en el cerebro, duermen colgados del techo y/o echan una siesta en nombre de la ciencia. No es un libro que pretenda ofrecer soluciones a lo que su autor denomina “el reto de salud pública más importante al que nos enfrentamos en el siglo XXI en los países desarrollados” (aunque incluye unos 12 muy sensatos “consejos para un sueño saludable”), pero su lectura aporta argumentos sólidos y científicamente comprobados a favor de “un cambio radical en nuestra apreciación personal, cultural, profesional y social del sueño”.

¿Sueñan los humanos que son ovejas eléctricas?

“El sueño es infinitamente más complejo, profundamente más interesante y alarmantemente más relevante para la salud” de lo que creíamos, constata Walker. Para Leader, sin embargo, nos sentimos “demasiado culpables para dormir”, ya que hacerlo implica “perderse algo” del flujo incesante de información que nos distrae respecto de quiénes somos. Quizá fuera pertinente revisar nuestras expectativas en relación con el sueño, como proponen ambos autores; pero para reconquistar el territorio de la noche se requiere algo más que una simple revisión: se necesita la constatación de que la existencia que hemos escogido, en realidad, y contra lo que preferiríamos creer, nos hace daño. Y la transformación de las condiciones objetivas de esa existencia, que es lo que proponen (de forma muy distinta) ambos libros.

¿Por qué no podemos dormir? Darian Leader. Traducción de Albino Santos Mosquera. Sexto Piso, 2019. 232 páginas. 19,90 euros.

Por qué dormimos. Matthew Walker. Traducción de Olga Begoña Merino y Pablo Romero. Capitán Swing, 2019. 416 páginas. 22 euros.