Una de ciencia-ficción por dos euros

La llegada a cines de 'El hoyo', 'Ventajas de viajar en tren' y 'Reevolution' y el reestreno de 'Ana de día' ilustra la dificultad de hacer cine de tono fantástico en España

Ivan Massagué, en 'El hoyo'. En vídeo, el tráiler de la película.

El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia, ganó en el festival de Sitges, tras obtener el premio a mejor película —votado por el público— de la sección Midnight Madness en el certamen de Toronto. Ventajas de viajar en tren, de Aritz Moreno, ha dejado buen sabor de boca en sus proyecciones festivaleras antes de su estreno. Reevolution, de David Sousa Moreau, logra por fin alcanzar las salas tras un largo devenir. Las tres se hacen hoy hueco en la cartelera española, a la vez que se reestrena en Barcelona Ana de día, de Andrea Jaurrieta, que fue candidata a dirección novel en los pasados Goya. Y en la carrera a la nueva edición de los premios del cine español compite El increíble finde menguante, de Jon Mikel Caballero, premiada a mejor dirección y guion en el Fant de Bilbao. Todas se mueven bajo parecidos patrones: arduas producciones, presupuestos exiguos, directores debutantes. Nunca ha sido fácil hacer cine fantástico y de ciencia-ficción en España: que se lo pregunten a Nacho Vigalondo, que ha exprimido su talento en, por ejemplo, Extraterrestre.

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La queja es generalizada: las televisiones apuestan por, en este orden, comedias y thrillers. ¿Cómo se salva el poco dinero y menos medios? Con imaginación, petición de favores y con rodajes muy planificados. No todos están a favor de los ensayos previos —Moreno incide en que se pierde frescura—, pero sí hay consenso en que a la filmación hay que llegar con las ideas claras: tiempo perdido, dinero malgastado.

El hoyo ha lanzado la carrera de su director, el bilbaíno Galder Gaztelu-Urrutia, productor de cine y realizador publicitario. “Tuvimos un trabajo muy arduo de pulido de guion, porque luchamos por huir de lo panfletario. El tono se ha ido oscureciendo por el camino”, explica Gaztelu-Urrutia sobre este drama que se desarrolla en un edificio vertical —con dos presos por piso— en el que la comida desciende de nivel en nivel (los de abajo comen los restos que dejan los precedentes) y en el que cada mes las posiciones cambian aleatoriamente. “No puedo decir el presupuesto, sí que fue mínimo, que sufrimos en el diseño de producción para que fuera creíble”. Entre los cuatro premios ganados en Sitges, estuvo el de mejores efectos especiales. “Tuvimos que pensar y construir todo un edificio y la sociedad que lo ha erigido”. Gaztelu-Urrutia agradece mucho el premio de Toronto, que le ha abierto las puertas de la industria estadounidense.

Aritz Moreno ha convertido en audiovisual el complejo mundo del escritor Antonio Orejudo en Ventajas de viajar en tren, una película-muñeca rusa con tono fantástico y alma satírica, de secuencias arriesgadas y diálogos sorprendentes. “Nos ha costado 2,5 millones de euros, de los cuales 1,8 millones se invirtieron en el rodaje”, cuenta el donostiarra. “Muy ajustado, aunque entiendo que es una ópera prima. No me gusta ensayar, pero sí llegar con la planificación clara”. Moreno recuerda que les costó cinco años encontrar el socio adecuado para el proyecto: “Solo Morena Films se atrevió con este filme de fantasía”.

Jaurrieta recuerda que su Ana de día, la historia de una chica que un día descubre que una doble ha usurpado su vida, le costó 102.000 euros. “Y ese es el presupuesto final, no solo el de rodaje”, recuerda la pamplonesa. “Me dolió porque no pude pagar a la gente lo que le merecía, porque los actores y los técnicos se volcaron. En la parte de producción nos apañamos con lo que teníamos”. La directora cree que nadie “desde las productoras televisivas”, apuesta por las óperas primas, “menos aún si el guion se sale de los cánones”. Y apunta: “Siempre habrá productores arriesgados. Ahora bien, dinero para financiar esas aventuras...”.

Más barata aún es Reevolution, del mallorquín David Sousa Moreau, con la que ha estado 15 años. Una distopía de revueltas sociales y hackers que ha costado 5.977 euros (4.500 destinados a impuestos y gestiones administrativas). El resto lo ha sacado con la colaboración de marcas y ayuda de amigos. “Nadie se mete en algo así de primeras, sino porque no te queda otra cuando las televisiones no entran en el proyecto. La película podría haber costado 3,5 millones de euros, miramos el guion en plan guerrilla, haciendo listados de lo necesario. Así estuvimos dos años; hemos estado otros dos luchando por el estreno”.

¿Cómo solucionó el navarro Jon Mikel Caballero visualmente en El increíble finde menguante el tiempo decreciente con el que cuenta la protagonista para arreglar su vida? Cerrando el formato de la pantalla. “Contamos con 200.000 euros, e hicimos malabarismos”, recuerda Caballero. Para no perderse en el cambio de formatos, que reencuadra cada plano de manera distinta, el director recuerda que realizaron un mapa de secuencias "para no perderse". Y apunta: “Reivindico el cine fantástico de personajes y con historias de aquí”. No todo tiene que ser acción en la ciencia-ficción.

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