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Qué arte el suyo, apestado Allen

A Woody Allen le gusta Nueva York en todas sus estaciones, pero reconozcamos que la lluvia es una buena aliada de la poesía

Selena Gomez y Timothée Chalamet en 'Día de lluvia en Nueva York'. En vídeo, el tráiler de la película.

Ni su provecta edad, ni el acorralamiento de la opinión pública (aunque la justicia le haya declarado inocente) al que le han sometido inmisericordemente los de siempre, esas inquisiciones ancestrales y grimosas, ni el boicot en Estados Unidos a su cine, su autobiografía y a una serie de televisión, han logrado anular la imaginación de Woody Allen para inventar historias que llevan el sello de su prodigioso cerebro, construir situaciones, personajes y diálogos insólitos, que suponen un regalo para los receptores, provocar la sonrisa, la risa y el sentimiento. Hacer películas imagino que le supone un inmejorable refugio ante la tormenta, y en los últimos años esta se ha ensañado con él. Y su cine también nos ofrece protección a sus espectadores incurablemente fieles, con la frecuente sensación del gozo, de que el tiempo vuela cuando este director está inspirado. Y pocas veces le abandona el estado de gracia. Y es muy raro que desfallezca, que te aburra, que no salgas confortado de la sala, que no te identifiques con las sensaciones que retrata.

A Woody Allen le gusta Nueva York en todas sus estaciones, pero reconozcamos que la lluvia, tan incómoda y triste para los espíritus prosaicos, es una buena aliada de la poesía. El título que más me fascina de la historia del cine, el que más me intriga y conmueve es Rain People. O sea: “Gente de lluvia”. Y, cómo no, que alguien como Allen titule su última obra Día de lluvia en Nueva York augura algo muy bonito, con olor a melancolía, a equívocos, a encuentros inesperados, a sorpresas. Y lo es. Creo que no he soltado ninguna carcajada, pero la sonrisa no me desaparece durante hora y media. Tampoco un bienestar duradero al salir del cine y al recordarla.

El juvenil protagonista lo ha tenido muy fácil en su vida, al pertenecer a una familia con mucha pasta. Se llama Gatsby, como aquel ser tan luchador y tan trágico que alguna vez creyó en la luz verde, sin saber que su sueño ya había quedado atrás, en la ardiente oscuridad. Pero no tiene nada claro cómo enfocar su existencia, le asaltan demasiadas incertidumbres, no quiere que la confusión sea su epitafio. Mientras tanto, se entretiene jugando fuerte al póker y decidido a pasar un memorable y lujurioso fin de semana con su novia, enseñándole la ciudad que ama y de la que se largó huyendo de las presiones familiares. Pero en Manhattan puede ocurrir de todo. Que su pareja quede hipnotizada por un director de cine en crisis, un guionista con aparentes soluciones para aplacar el tormento del creador, un lúbrico actor hispano con hambre de carne joven. Y que en la espera de que la novia vuelva a la tierra y le haga un poco de caso, el angustiado vagabundeo del chaval por Manhattan se encuentre con sorpresas que pueden cambiar su vida. Como el disparatado y seductor reencuentro con la hermana pequeña de una antigua novia, el conocimiento de una puta majestuosa, la impagable conversación con su madre, revelándole esta con naturalidad y pragmatismo secretos presuntamente inconfesables de su juventud. Y este tío tan confuso aprenderá unas cuantas cosas muy claras y a no mentirse a sí mismo. Y no sabemos lo que ocurriría en la vida real, pero, como el cine se puede permitir licencias líricas, es precioso que se encuentre en Central Park y en medio de la lluvia con la persona que acaba de seducirle.

Allen narra todo esto con mucho encanto, con su inconfundible estilo, exento de amargura, con tanta comprensión como cariño hacia sus perdidos personajes. Y Timothée Chalamet está magnífico. También Selena Gomez. Allen les ha escrito papeles por los que serán recordados. Ellos se lo agradecieron renegando de él ante las acusaciones de las que fue absuelto, donaron al MeToo el sueldo que cobraron en esta película, se mostraron escandalizados por haber trabajado con el gran pecador. Imagino que sus agentes de prensa les aseguraron que tendrían un gran porvenir en la industria del cine a cambio de su felonía.

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