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La cara b de la Mostra habla castellano

Tres directores españoles, Oskar Alegría, Rodrigo Sorogoyen y Théo Court, compiten en la sección Orizzonti

Los actores Jules Porier, Marta Nieto y Alex Brendemühl rodean al director Rodrigo Sorogoyen en la presentación de 'Madre' el pasado 30 de agosto. En video, el tráiler de 'Madre'.

En realidad, no se dedica a la interpretación. Ni tampoco su vida debe de parecerse mucho a la de Brad Pitt o Scarlett Johansson. Pero, a sus 80 primaveras, Jesús Alegría Armendariz también tendrá su momento de gloria en el festival de Venecia. Y, además, justo al lado de su hijo: ambos desfilarán mañana viernes ante los focos de los fotógrafos. Oskar, en calidad de director, protagonista y productor de Zumiriki, su documental que se proyecta en la segunda sección más importante de la Mostra, Horizontes. Y Jesús, oficialmente, como actor. De alguna forma había que acreditarle: la categoría “padre” no está prevista; “director de antiguas grabaciones que sirven como punto de partida del filme” tampoco, aunque sería la más apropiada. Al margen de las casillas, en todo caso, lo importante es que los Alegría han llegado juntos hasta el festival de Venecia. Un día para celebrar.

A saber si también harán fiesta el sábado, jornada del anuncio del palmarés. En todo caso, la sección Horizontes ya ha regalado varias alegrías en castellano, durante el festival. En el concurso, ningún director español participa desde Alex de la Iglesia y su Balada triste de trompeta, hace una década. En la competición alternativa, en cambio, este año hay hasta tres: además de Alegría, Rodrigo Sorogoyen presentó Madre y Théo Court enseñó Blanco en Blanco.

Las tres obras encierran cierta melancolía pero a cada una el festival ha ofrecido alguna sonrisa. Sorogoyen puede enmarcar y colgar la crítica que hizo The Hollywood Reporter: “Esta obra filmada e interpretada de manera impecable es un drama de autor que debería ayudar a consolidar la reputación del director como uno de los jóvenes talentos españoles más brillantes”. Eso sí, también puede tomar nota de las reseñas entre irregulares y negativas que la película también recibió. La otra revista especializada de EE UU, Variety, considera que Madre está “tan llena de ideas y emociones interesantes pero quebradas que es imposible prever un final satisfactorio a medida que avanza”.

Lo cierto es que la obra se aleja, y mucho, de la adrenalina de El reino y Que Dios nos perdone. Del thriller, el cineasta pasa a un drama lento e introspectivo: Madre arranca con el corto homónimo candidato al Oscar. Elena (Marta Nieto) recibe la llamada de su hijo de seis años: el niño está de vacaciones en Francia con su padre, pero le cuenta que se ha quedado solo en una playa. Y hay un hombre que se le está acercando. Tras aquellos eventos, el largo retoma la historia 10 años después, cuando Elena vive en aquella playa francesa.No ha encontrado a su hijo pero cree reconocerle en un chico que visita su bar. Entre ambos empieza una ambigua relación que la película sigue con más habilidad estética y de estilo que narrativa.

Todavía más extraña, desde luego, es Zumiriki. El director del festival, Alberto Barbera, la anunció como la obra “más indefinible” del certamen. Alegría lo comparte, aunque él prefiere bautizarla como “una película náufraga”. El autor de La casa Emak Bakia rescata, a través de sus recuerdos y las filmaciones de su padre, la pequeña isla en medio de un río donde solía jugar en su infancia. La construcción de una presa sumergió aquel lugar y, quizás, también su memoria. Alegría decide así aventurarse hasta la otra orilla del río e instalarse ahí durante cuatro meses, en una cabaña en medio del bosque, solo con sus cámaras y sus reflexiones. Y pide al público el esfuerzo de acompañarle por un sendero empinado: a muchos les resultará desesperante; otros encontrarán en Zumiriki el camino hacia sus propios recuerdos y sus vivencias. Su proyección oficial, mañana, ofrecerá un primer veredicto.

Théo Court también sabe de orillas. Nació en Ibiza, en 1980, de padres chilenos, de ahí que sus raíces crucen el Atlántico. El director se crió y estudió entre ambos lados del océano, pero escogió Chile como ambientación para Blanco en blanco. En la película, el fotógrafo Pedro llega a la Tierra del Fuego para inmortalizar la boda del misterioso señor Porter, un poderoso latifundista. Pero el creador termina atrapado por la futura esposa y por la sangre y la barbarie que habitan esos lares. Para la web Cineuropa, es un “neowestern soberbio, sobre la perversión y el uso equivocado del arte, al servicio del genocidio de los indígenas”. La reseña de la Sociedad Cinéfila Internacional se muestra menos entusiasta: “Blanco en blanco por momentos es tan impenetrable como el país en el que está ambientada. Ciertamente, pone a prueba la paciencia del espectador con sus tomas del vacío de la Tierra del Fuego y con sus secuencias estiradas y empapadas de la inercia y la desesperación de sus personajes”. Tras las reseñas, que juzgue el palmarés. Hay hasta tres opciones de que hable español.

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