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La feria torista de Azpeitia finaliza sin emoción

Las descastadas y blandas reses de Salvador Gavira propician una tarde anodina

Curro Díaz, durante la faena de muleta al cuarto toro de la tarde.
Curro Díaz, durante la faena de muleta al cuarto toro de la tarde.

En Azpeitia el público se ha acostumbrado a tardes cargadas de emoción, corridas vibrantes con protagonismo para los toros y con una importancia del primer tercio ya rara en nuestras plazas. Y en las tres citas de este año no se ha producido ninguno de estos capítulos, por lo que el ciclo guipuzcoano ha experimentado un freno en su positiva trayectoria.

Los numerosos turistas taurinos, que llegan desde diferentes localidades españolas y francesas hasta el coso guipuzcoano, han echado en falta una tarde tras otra la emoción y la suerte de varas, y, ayer, los astados de Gavira no permitieron ser una excepción.

GAVIRA / DÍAZ, MARÍN, TÉLLEZ

Toros de Salvador Gavira, desiguales de presentación y de pobre juego, parados en el tercio de muleta.

Curro Díaz: estocada desprendida (saludos); gran estocada (oreja).

Ginés Marín: pinchazo y estocada (oreja tras aviso); seis pinchazos y descabello (silencio tras aviso).

Ángel Téllez: pinchazo y estocada (saludos tras aviso); pinchazo y estocada (palmas tras aviso).

Curro Díaz pasó a la enfermería tras su primero al ser cogido sin consecuencias.

Plaza de Azpeitia. 2 de agosto de 2019. Tercera y última corrida de la feria de San Ignacio. Dos tercios de entrada.

Uno tras otro, los toros salieron sin empuje y con pocas fuerzas; por ello, apenas fueron castigados en el caballo, con simulacros de puyazos, y acabaron perdieron las manos constantemente en el tercio final. Tan solo el segundo, un ejemplar colorado bien hecho tuvo el suficiente motor como para que Ginés Marín ligase unas series de naturales templados que gustaron y que, apoyados en unas bernardinas ajustadas para cerrar su faena, le dieron la primera oreja del festejo.

En el quinto, un descastado toro de Gavira, el extremeño optó por darse un arrimón que no trascendió a los tendidos por el escaso empuje de su enemigo.

Curro Díaz también tocó pelo. El andaluz puso todo de su parte y aprovechó las embestidas del cuarto con mucha experiencia; supo exprimir los muletazos con gusto a un animal de mínimo empuje. La gran estocada final mereció por sí sola el premio a pesar de que el toro tardó en caer.

En su primero, el de Linares se enfrentó a un inválido que nada dijo hasta que revolcó al diestro instantes antes de entrar a matar. Pasó a la enfermería, pero pudo continuar la lidia sin mayores consecuencias.

Menos suerte tuvo el joven Ángel Téllez, que se estrelló con dos toros sin ninguna transmisión. Su propuesta fue buena; siempre cruzado, con la muleta en el hocico y con mucha disposición. Al final, ni el toreo de cercanías le sirvió para encandilar a unos tendidos aburridos del pobre juego del encierro de Gavira.

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