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Los tiliches de Guillermo del Toro llegan a México

El cineasta exhibe en su ciudad natal una parte de su colección de monstruos, dibujos y arte de sus películas

El director Guillermo del Toro, en la apertura de su exhibición de monstruos en Guadalajara. Ver fotogalería
El director Guillermo del Toro, en la apertura de su exhibición de monstruos en Guadalajara. AFP
Guadalajara (México)

Guillermo del Toro (Guadalajara, México, 1964) tiene una habitación en su casa donde siempre llueve y vive un maniquí de Edgar Allan Poe. “Construí este cuarto porque en Los Ángeles no llueve y a mí me gusta escribir con lluvia”. El obsesivo cineasta ha llevado una reproducción de este misterioso rincón y unos 900 objetos de su colección de monstruos a su ciudad natal donde se exhibirá en la exposición En casa con mis monstruos abierta hasta octubre de este año en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara. Esta será la última vez que los preciados objetos del director ganador del Oscar se muestren en público tras presentarse en Minneapolis, Toronto y Los Ángeles.

El cineasta trabajó durante dos años para diseñar la exhibición donde se encuentran tanto las representaciones de sus monstruos de películas como Hellboy, El laberinto del fauno, Titanes del Pacífico y La forma del agua, así como preciados objetos personales que han inspirado las historias que ha llevado al cine. Unos grabados de Francisco de Goya en los que llegó a observar al hombre pálido de El laberinto del fauno; una terrorífica muñeca del programa de televisión The Night Gallery; decenas de dibujos originales de clásicos de Disney como Fantasía, Pinocho y Alicia en el país de las maravillas; arte popular mexicano con alebrijes (figura de papel maché, barro o madera, pintada de colores que represente un animal imaginario); las historietas que compró en su infancia; innumerables referencias a Dickens, Traven, Guadalupe Posadas y Rulfo.

En casa con mis monstruos está dividida en ocho salas y ha sido comisariada por el director de arte Eugenio Caballero (Roma, El laberinto del fauno). “Intentamos hacer una experiencia sensorial”, comentó Caballero que diseñó una quimera para mostrar a uno de los personajes de El espinazo del diablo para añadir detalles a la exposición. Del Toro ha explicado que la intención del montaje es inspirar a jóvenes creadores a desarrollar sus proyectos a partir de aquellas cosas que le han inspirado a él. “Lo que provoca la emoción, el arte de donde venga, está consignado aquí sin ningún filtro. La exposición no es filmográfica, es mi gabinete de curiosidad”.

Una pieza de la película 'Blade', durante la exposición 'En casa con mis monstruos'.
Una pieza de la película 'Blade', durante la exposición 'En casa con mis monstruos'. AFP

La muestra es personal para el cineasta. A unos metros del museo están los lugares que recrearon su imaginación durante su niñez y le alentaron a crear las historias que le llevaron a triunfar en Hollywood. El detalle es tal que el ganador del Oscar adquirió el quiosco de Guadalajara donde compraba los cómics que leía en su infancia y lo trasladó a la muestra. La colección de Del Toro cuenta en total con 3.000 piezas y la mayoría se encuentra en su casa en Los Ángeles––conocida como Bleak House, en honor a una novela de Charles Dickens––, donde el mismo director se encarga de su cuidado. “Yo limpio, yo enmarco, yo sacudo, yo barro, yo trapeo. Porque la última vez que alguien me quiso ayudar, rompió uno”, dijo entre risas. Del Toro evita elegir una pieza como su favorita, pero es posible notar su predilección por Frankenstein y su amor por todos los monstruos. “No le tengo miedo a ninguno, bueno hay un muñeco con una navaja de rasurar que a veces se me olvida que está en el pasillo, pero la mayoría me hacen sonreír diariamente”.

Los incendios en California en 2008 le obligaron a dejar su casa durante unos días en los que temió perder su colección ante el avance de las llamas. El cineasta solo se llevó su retrato de la infancia y sus diarios personales: “No quería rescatar nada de la colección porque si rescatas una cosa, la vas a odiar siempre porque no pudiste rescatar el resto”. La vivienda, de estilo victoriano, sobrevivió al fuego y los objetos no sufrieron ningún daño. El director asegura que de esa experiencia aprendió que el verdadero valor sus recuerdos es que puede tenerlos en su memoria. Todos los días pasa interminables horas creando sus proyectos cinematográficos rodeado de esas piezas que de una u otra forma le inspiran. “Mi vida social es absolutamente putrefacta, cero vida social, porque siempre estoy en la casa con mis monstruos”, cuenta.

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