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Hugh Masekela, la banda sonora contra el ‘apartheid’

El compositor y cantante sudafricano, considerado estrella mundial, es conocido como “el pulmón de África” por su música y sus himnos contra la segregación racial

Hugh Masekela
El músico sudafricano Hugh Masekela en una actuación en Nueva York en el año 1994. Jack Vartoogian

Sin perder nunca sus raíces, sin renegar de su pasado africano y con la intención de luchar siempre por los derechos de sus compatriotas, así fue como Hugh Masekela aunó su pasión por la música con su compromiso por la libertad y la justicia social. No le importó tener que exiliarse, porque a miles de kilómetros su música empezó a hablar por él como si estuviera en Sudáfrica. Fue así como se convirtió en una leyenda mundial de la música, abarcando todos los ámbitos: compositor, director de orquesta, trompetista, cantante… hasta alcanzar el número 1 de las listas de éxitos de Estados Unidos.

Uno de los himnos más conocidos del músico fue Bring him back home, de 1987, y se convirtió en la canción utilizada por Nelson Mandela durante la gira mundial que realizó tras su salida de prisión. Sin embargo, no fue el único, porque Masekela se convirtió, durante tres décadas, en el autor más reconocido de la banda sonora contra el apartheid.

Hugh Ramopolo Masekela, su verdadero nombre, nació tal día como hoy, 4 de abril, hace 80 años, en 1939, en uno de los suburbios de la ciudad sudafricana de Witbank, a 70 kilómetros de Johannesburgo. Siendo un niño se quedó prendado con la película El trompetista, en la que Kirk Douglas daba vida al músico estadounidense Bix Beiderbecke, una de las primeras figuras del jazz. Su pasión, desde ese momento, se convertiría en el sueño de su vida… y se hizo realidad.

El joven músico creció tocando el piano, pero recibió su primera trompeta como regalo del arzobispo anglicano Trevor Huddleston, un respetado defensor de la igualdad de derechos en Sudáfrica y un símbolo de la resistencia social frente al apartheid. Él fue su mentor y quien se encargó de que Hugh recibiera clases de música en la banda municipal.

Después formó parte de la Banda de Jazz de Huddleston, y Masekela, para quien la música y el activismo se convirtieron en indisolubles, comenzó a perfeccionar su sonido afro-jazz en la década de los 50. De hecho, en 1954, con el popular grupo The Manhattan Brothers, el joven músico entró a formar parte de la orquesta encargada de la banda sonora del musical King Kong. Y cinco años después, junto al pianista Abdullah Ibrahim, conocido como Dollar Brand, lideró el grupo The Jazz Epistles, pioneros en la grabación de música africana compuesta e interpretada por músicos negros en Sudáfrica.

Todo apuntaba al éxito: con su juventud había tocado ya en los grupos más importantes del país y hasta había conocido a la que sería su primera esposa, la cantante Miriam Makeba, de quien se separó pocos años después. Sin embargo, le llegó una tragedia inesperada: el 21 de marzo de 1960, la policía del apartheid reprimió con dureza la manifestación de grupos antiapartheid en la ciudad de Sharpeville. Murieron 69 personas y 180 resultaron heridas. El crimen, que acabó convirtiendo aquella jornada en el Día Mundial de la Eliminación de la Discriminación Racial a instancias de Naciones Unidas, desató la represión y Hugh Masekela tuvo que exiliarse del país con solo 21 años.

Comenzó entonces para Masekela y su pareja una nueva vida. Dejaron Sudáfrica para iniciar lo que serían 30 años en el exilio, principalmente entre Londres y Nueva York. Y a su llegada a la ciudad norteamericana se matriculó en la Manhattan School of Music. La casualidad hizo coincidir su llegada a Estados Unidos y sus ganas por seguir aprendiendo con una época dorada del jazz, así que tuvo la oportunidad de conocer, cada noche, a grandes músicos del momento como Miles Davis, John Coltrane, Thelonious Monk, Charlie Mingus y Max Roach.

Tal fue su compromiso con el jazz, que bajo la tutela de Dizzy Gillespie y de Louis Armstrong, Masekela fue desarrollando su propio estilo, alimentándose de las influencias africanas que tenía en los genes en lugar de las estadounidenses que empezaba a conocer. “Sólo vas a ser una estadística si tocas jazz”, le aconsejó Miles Davis, “pero si pones algunas de las cosas que recuerdas de Sudáfrica, serás diferente de todos”. Y así fue como compuso su primer álbum en 1963, titulado Trumpet Africaine.

Llegaron entonces su primer éxito en el mercado anglosajón, la canción Grazing in the grass, y su aparición en el Monterey Pop Festival de 1967. Sin embargo, Masekela era cada vez más consciente de los problemas de África y de la falta de reconocimiento político del continente, así que en 1974 organizó, junto a su amigo y productor Stewart Levine, un festival que llevó a Kinshasa, entonces Zaire y en la actualidad República Democrática del Congo, el mítico combate de boxeo entre George Foreman y Muhammad Ali, pero complementado con música. Durante tres noches actuaron James Brown, B.B. King, Miriam Makeba, Tabu Ley Rochereau con la orquesta OK Jazz, Celia Cruz y el conjunto Fania All Stars. Todo un éxito.

Su carrera en solitario, desde aquel momento, abarcó cinco décadas, durante las que compuso más de 40 álbumes (con participaciones en innumerables más) y trabajó con artistas tan diversos como Harry Belafonte, Dizzy Gillespie, The Byrds, Fela Kuti, Marvin Gaye, Herb Alpert, Paul Simon, Stevie Wonder y su pareja Miriam Makeba.

Decidió ir, poco a poco, acercándose a su país, física y solidariamente, y abrió un estudio de grabación en Botsuana para seguir de cerca los acontecimientos de Sudáfrica, al otro lado de la frontera, y a la vez continuar produciendo música. Su estilo, entonces, ya se decantaba por los derechos civiles de la población negra y su lucha contra la segregación racial.

De hecho, su canción Soweto blues, de 1977 y cantada por su exesposa Miriam Makeba, rememoraba la matanza de decenas de jóvenes en los disturbios de 1976 a manos del régimen racista sudafricano. Otro de sus himnos, Bring him back home, escrita en 1987, se convirtió en el himno de la liberación de Mandela cinco años más tarde. Gracias a este tema ayudó a concienciar al mundo de las injusticias que sufría la población negra víctima del apartheid en Sudáfrica.

En los años siguientes Masekela compuso una docena de discos hasta en diez compañías discográficas distintas, ya que se rifaban su calidad y su prolífica inspiración. En 2003 participó en el documental Amandla! sobre la historia de la revuelta popular negra contra el apartheid. Tras el fin de éste, Masekela se instaló de nuevo en Sudáfrica convertido ya en una estrella mundial y siguió produciendo música.

Publicó hasta su autobiografía, Grazin in the grass: the musical journey of Hugh Masekela (2004), donde relata sus dos grandes combates: el segregacionismo y su lucha personal contra el alcohol a finales de los años 70, además de su pasión, plasmada en una amplia carrera musical.

Durante la celebración de la Copa del Mundo de Fútbol organizada en Sudáfrica en el verano de 2010, Hugh Masekela fue una de las figuras de su inauguración, y también protagonizó un emotivo documental de regreso a varios de los lugares donde transcurrió su infancia junto a su hijo y estrella de la televisión sudafricana, Sal Masekela.

Los reconocimientos y premios no tardaron en llegar: el presidente de Sudáfrica lo honró con la Orden de Ikhamanga. En 2011, Masekela recibió un premio por su trayectoria en la World Music Expo en Copenhague y numerosas universidades, entre ellas la Universidad de York y la Universidad de Witwatersrand, le otorgaron doctorados honoris causa. Las Islas Vírgenes (Estados Unidos) proclamaron el Día de Hugh Masekela en marzo de 2011, poco después de que Hugh se uniera a U2 en el escenario durante su gira mundial 360, y tras la que el líder de U2, Bono, describió ese momento con Masekela como uno de los más destacados de su carrera.

Masekela siguió activo y realizó una gira por Europa con Paul Simon en el 25 aniversario de Graceland y abrió su propio estudio y sello discográfico, House of Masekela, a la edad de 75 años. También utilizó su alcance global para difundir información sobre la restauración del patrimonio en África, un tema que siempre tuvo muy presente y que la Fundación del Patrimonio Hugh Masekela continúa en la actualidad.

El 23 de enero del año pasado, su familia aseguró en un comunicado que Hugh Masekela había muerto “en paz rodeado de sus seres queridos” tras “una prolongada y valiente batalla contra el cáncer de próstata”. Tenía 78 años.

El sueño y la pasión de Masekela por la música los cumplió con creces, e hizo realidad, a base esfuerzo, estudio y autenticidad, una de sus frases: “mi mayor obsesión es mostrar a los africanos y al mundo quiénes son realmente los pueblos de África”.

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