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Lucha Reyes, la voz y la sonrisa de la música criolla

La cantante peruana, conocida como ‘La Morena de Oro’, popularizó un estilo musical que conmovía a quien la escuchaba por sus desgarradoras interpretaciones

Lucha Reyes
Lucha Reyes (1936 - 1973)

Lucha Reyes tuvo una vida llena de dificultades y sufrimiento. De origen muy humilde, creció junto a otros 15 hermanos. La muerte de su padre, cuando era niña, fue el primer golpe que sufrió en su vida, al que seguirían los malos tratos de su padrastro, un incendio en su casa y el obligado cambio de ciudad, un matrimonio también doloroso y lleno de violencia y numerosos problemas de salud.

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A pesar de todo, la sonrisa nunca dejó de acompañar el rostro de Lucha Reyes, a quien posiblemente otro hecho que en su momento también consideró doloroso le ayudó después a convertirse en la persona querida y preocupada por los demás que siempre fue: debido a la precaria situación económica de la familia, fue enviada al convento de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, a cargo de religiosas franciscanas. Allí recibió una educación escolar básica pero, sobre todo, le inculcaron valores que la acompañaron después en su proximidad a los humildes y en su visión de la vida desde un punto de vista siempre humano.

Lucha Reyes tuvo una voz potente y especial, pero el descubrimiento de su talento fue casual mientras trabajaba fregando platos en un club criollo. A partir de ahí triunfó en la radio y con canciones compuestas para ella que tocaron el corazón de los peruanos y que traspasaron fronteras. Popularizó la música criolla, un estilo musical que aúna los ritmos afroperuanos y andinos expresando los sentimientos de la población humilde, por lo que, a pesar de morir muy joven, con 37 años, se convirtió en un icono de este tipo de música.

Lucila Justina Sarcines Reyes de Henry, que así se llamaba, nació en la capital de Perú, el 19 de julio de 1936. Su familia, muy humilde, estaba compuesta por sus padres y 15 hermanos. Cuando tenía 6 años falleció su padre y el nuevo hombre que empezó a formar parte de la vida de su madre la maltrató física y psicológicamente. Poco tiempo después el incendio en la casa familiar por una vela obligó a la familia mudarse a otra zona de Lima conocida como la cuna de la música criolla, lo que sin duda marcó el futuro de la pequeña Lucha Reyes.

Gracias a las religiosas franciscanas recibió una educación muy básica para valerse por sí misma en la vida, y a los 16 años contrajo matrimonio con un sargento de la Policía Nacional de Perú. El matrimonio, sin embargo, duró muy poco por los episodios de violencia que continuó sufriendo, pero en él nacieron sus dos hijos, Humberto y Alejandro. A pesar del dolor que acompañó a Lucha gran parte de su vida, tuvo una segunda relación y, con los hijos ya mayores, llegó a criar a otra niña.

La joven Reyes trataba de mantener a su familia vendiendo periódicos, lavando ropa y trabajando muchas horas en las cocinas de diversos restaurantes, donde también fregaba los platos. Cantando intentaba pasar el tiempo sin pensar en la pena que la acompañaba, y fue así como descubrieron su talento mientras trabajaba en un club criollo.

Con apenas 20 años Lucha Reyes participó en un programa de cantantes aficionados de la popular Radio Victoria llamado ‘El Sentir de los Barrios’ y tuvo un éxito rotundo. En ese momento parecía que su vida daba un giro y dejaba atrás las penurias y el sufrimiento para cambiarlo por el éxito y la tranquilidad económica, pero eso aún tuvo que esperar, ya que su salud empezó a pasarle factura: unos exámenes médicos arrojaron que sufría diabetes emotiva, edema y disnea, teniendo que someterse a continuas pruebas y pasando grandes temporadas hospitalizada.

En 1960 recuperó su incipiente carrera artística para no abandonarla ya nunca y triunfó en el teatro Pizarro con el vals ‘Abandonada’. Un descubridor de talentos la integró en la famosa Peña Ferrando y empezó a viajar a otras ciudades realizando imitaciones de Celia Cruz, Olga Chorens, Toña la Negra y Celina González.

Permaneció en la Peña hasta 1970, pero ya tenía una seña de identidad propia: multicolores pelucas que usaba y conjuntaba con distintos estilos y cortes. El éxito y la popularidad ya no se le resistieron y comenzó a interpretar temas y a grabar discos con un estilo tan personal como cautivador para quien la escuchaba.

Sin embargo, su salud volvió a resentirse cuando ya era considerada una diva y seguida por los medios de comunicación, y tuvo que volver a ser ingresada por hipertensión arterial e insuficiencia cardiaca, dos enfermedades más que se le sumaron a su frágil existencia.

A los éxitos que cosechaba en los escenarios comenzaron a sumarse los reconocimientos, ya que recibió el Disco de Oro por ‘Regresa’. También tuvo en 1971 su propio programa de radio, ‘Primicias criollas’, con una característica y recordada entrada en antena: “¡Soy Lucha Reyes señores, vuestra criolla servidora, con el Perú y con ustedes en mi cita de esta hora!”.

En 1972 lanzó al mercado su tercer disco: ‘Siempre criolla’ y viajó a Estados Unidos, donde triunfó en el Waldorf-Astoria de Nueva York. La salud, sin embargo, volvió a darle un serio aviso por su ajetreada agenda de compromisos y viajes y tuvo que ser ingresada de nuevo en un hospital porque los controles médicos que se hacía mensualmente revelaron que, lejos de mejorar, su salud se complicaba.

A comienzos de 1973 los médicos le prohibieron las actuaciones definitivamente, pero en ese momento le pidió al compositor Polo Campos que le escribiese una canción sentida. El resultado fue el vals ‘Espera, corazón’, que ella estrenó el 18 de enero. Este último esfuerzo por cantarla mermó aún más su salud también con problemas oculares.

En mayo, Lucha Reyes, consciente de que su final se acercaba, visitó al compositor Pedro Pacheco para rogarle que le compusiera un vals de despedida. Surgió así ‘Mi última canción’, integrada en su cuarto y último disco. A mediados de agosto su estado físico empezó a deteriorarse de manera tan rápida que la hizo depender de una silla de ruedas.

En la mañana del 31 de octubre de 1973 Lucha fue invitada a una misa en la Sociedad Peruana de Actores por la conmemoración del Día de la Canción Criolla. En el coche que la llevaba desde su casa sufrió un infarto que acabó con su vida a los 37 años. Los medios de comunicación reflejaron el dolor del pueblo peruano por su fallecimiento, y tal y como fue su deseo la cantante fue maquillada y peinada con su mejor peluca y velada por miles de personas.

Su funeral fue multitudinario, con 30.000 personas que se opusieron a que su féretro fuese llevado en carroza fúnebre y lo hicieron las mujeres sobre sus hombros durante tres horas para recorrer algo más de seis kilómetros y cantando sus éxitos.

En 1991 su vida fue llevada a la televisión en una serie titulada ‘Regresa’, y en 2010 se emitió el documental ‘Lucha Reyes: carta al cielo’, que ganó el Festival de Cine de Lima. Su recuerdo y su legado de música criolla siguen presentes en Sudamérica y, especialmente en Perú, donde para las clases humildes representa su identidad cultural.

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