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El dinero que quema

Habla de la imposibilidad de una vida civil, la lacra que tantos soldados sufren tras su retiro, a la espera de una mecha que vuelva a encender unas vidas apagadas

Triple frontera
De izquierda a derecha, Pedro Pascal, Garrett Hedlund, Charlie Hunnam y Ben Affleck, en 'Triple frontera'.

En una memorable secuencia de En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008), su protagonista, un maestro en la desactivación de bombas en la guerra de Irak, un yonqui de la adrenalina que en algunos genera la batalla, sufría un ataque de ansiedad durante un permiso en EE UU ante la inmensidad de un pasillo de supermercado repleto de cajas de cereales.

TRIPLE FRONTERA

Dirección: J. C. Chandor.

Intérpretes: Oscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Pedro Pascal.

Género: acción. EE UU, 2019.

Duración: 125 minutos.

Aquella secuencia, escrita por Mark Boal, podría tener su continuación, años después, en el retrato inicial de personajes de Triple frontera, historia pergeñada de nuevo por Boal, con Bigelow esta vez como productora, dirección de J. C. Chandor, y que se estrena el próximo miércoles en Netflix. Es la imposibilidad de una vida civil, la lacra que tantos soldados sufren tras su retiro, a la espera de una mecha que vuelva a encender unas vidas ahora apagadas, vendiendo casas, dando aburridas charlas a los nuevos combatientes, dándose de tortas por cuatro pavos en un garito infecto. Y esa chispa, la que los devuelve a la refriega y, de paso, puede hacerles ricos, va a ser una acción puntual contra el narco en la selva colombiana.

Compuesta en tres actos bien diferenciados, el reclutamiento del grupo, con ecos estructurales y de personajes de Los siete samuráis y todos sus afluentes posteriores, el asalto a la casa de un rey de la cocaína, y la posterior huida, la película tiene en el trabajo de Chandor a uno de los últimos reductos del clasicismo americano. Como James Gray, Jeff Nichols y Taylor Sheridan, el director de El año más violento huye de los fuegos de artificio contemporáneos con la puesta en escena y el montaje, y se luce con el fuera de campo en las secuencias más violentas, con la calma en la edición, y con la sosegada fluidez de la acción, expuesta en paradójicamente cálidos planos secuencia rodados con la steadycam.

Sin embargo, y a pesar de las diferencias en cuanto a la dirección, los dos primeros actos, los diálogos y los acontecimientos escritos por Boal (En el valle de Elah, La noche más oscura) con la ayuda de Chandor, copados por la camaradería, el honor y la virilidad del grupo (y de su fantástico reparto), bien podrían ser de una producción de Michael Bay o de Peter Berg. Es, en cambio, en su insólito tercer segmento narrativo cuando Triple frontera coge vuelo. En esa encrucijada entre la avaricia, la ética y la supervivencia; en las grietas en el grupo. Es el dinero que quema, y las cenizas que deja, en una película, de todos modos, más cercana al espíritu aventurero y desvergonzado de obras como 12 del patíbulo y Los violentos de Kelly, que de la gravedad de las anteriores obras de Boal y Chandor.

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