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El Vaticano abrirá el archivo de Pío XII, acusado de connivencia con el nazismo

Francisco permitirá a partir del año que viene consultar toda la documentación del pontificado de Eugenio Pacelli, transcurrido durante la Segunda Guerra Mundial

Pío XII, en el Vaticano el 5 de febrero de 1946.
Pío XII, en el Vaticano el 5 de febrero de 1946. AP

El sábado 16 de octubre de 1943, pasadas las cinco de la mañana, las SS entraron en el barrio judío de Roma y rodearon las calles adyacentes al Pórtico de Octavia. Sacaron a la gente de su casa al alba, en el día de reposo judío, y arrestaron a 1.024 personas. Había más de 200 que eran niños. Todos fueron trasladados al colegio militar de la vía della Lungara, a la otra orilla del Tíber y a pocos metros del Vaticano. La mañana del 18 de octubre, a las 14.05, más de 48 horas después de su detención, un tren de 18 vagones de plomo salió de Tiburtina rumbo a Auschwitz. Solo volvieron 15 hombres y una mujer. Eugenio Pacelli, conocido como papa Pío XII (1939-1958), andaba ya por su cuarto año de pontificado. Pero ni él ni nadie en el Vaticano, pese a que era imposible ignorar aquel acontecimiento sucedido a tan pocos metros de la plaza de San Pedro, alzaron la voz. El año que viene, sin embargo, se abrirán los archivos secretos que permitirán a los investigadores aportar luz a aquel capítulo.

El silencio del sábado negro es una de las muchas sombras que pesan sobre el periodo de Pío XII, marcado por la Segunda Guerra Mundial y un mutismo que muchos han considerado cómplice con el exterminio nazi. El Vaticano siempre ha negado que fuese así. Al contrario, muchos creen que hubo variados gestos a favor de muchas otras vidas en peligro. Francisco ha ordenado abrir el archivo que contiene toda la documentación relacionada con aquellos días. “La Iglesia no tiene miedo a la historia, la ama. Asumo esta decisión después de escuchar la opinión de mis colaboradores más cercanos, con una mente tranquila y confiada, segura de que la investigación histórica seria y objetiva podrá evaluar en su luz correcta con la crítica apropiada, momentos de exaltación de ese pontífice y, sin duda, también momentos de serias dificultades, de decisiones atormentadas, de prudencia humana y cristiana", señala Bergoglio.

El Vaticano comenzó a abrir los archivos desde 1881, durante la etapa de León XIII (1878-1903). Desde entonces lo hace siempre por pontificados, y hasta llegar a Pío XII se han sucedido algunos reinados muy largos (Pío XI: 1922-1939 y Benedicto XV: 1914-1922). Por eso se ha tardado tanto en alcanzar un punto clave para los historiadores. Francisco, de hecho, había dado siempre su beneplácito a la apertura de los archivos y había destacado que Pacelli en secreto salvó a muchos judíos, pero la ingente cantidad de documentos de los casi 20 años de pontificado había retrasado el trabajo para su catalogación. En la última década, unas doce personas, bajo la dirección de Sergio Pagano, prefecto del Archivo Secreto, se han ocupado de ordenar dieciséis millones de documentos, más de quince mil sobres y dos mil quinientos archivos.

La documentación del pontificado de Pío XII, sin embargo, no estaba completamente oculta. Cuando surgió la polémica en la mitad de los años sesenta, Pablo VI, el colaborador más estrecho de Pacelli (cuando era secretario de Estado) y luego ya como Papa de Pío XII, encargó a un grupo de cuatro historiadores jesuitas pertenecientes a varias de las nacionalidades que estuvieron en la guerra (alemán, italiano, francés y estadounidense) que revisara los documentos. Luego ordenó publicar los más importantes. Han salido ya, desde 1965 y 1981, 12 volúmenes de actas y documentos de la Santa Sede concernientes a la Segunda Guerra Mundial. Millares de páginas que gracias al patrocinio de un judío norteamericano favorable a Pío XII se pueden consultar libremente.

La comunidad hebrea, que el lunes celebró la noticia de la apertura, fue favorable a Pío XII al principio y luego se dividió, como recuerda el historiador y exdirector de L’Osservatore Romano Giovanni Maria Vian. “De esta manera debería superarse el conflicto de interpretaciones, que ya estaba muy avanzado. Habrá siempre enemigos encarnizados de Pío XII, pero eso no pertenece a la historia. Es un conflicto ideológico que la apertura de los archivos debería permitir superar. Fue un hombre de su tiempo que hizo lo que pudo. No tenía miedo por sí mismo, sino una responsabilidad por toda la Iglesia y conocía el peligro de los nazis. No fue ni un héroe ni un profeta, pero fue un hombre que intentó salvar más vidas de las que pudo a costa de riesgos muy efectivos”. A partir del año que viene podrán despejarse todas las dudas.

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