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Scorsese entró en Macondo

Ciro Guerra y Cristina Gallego estrenan 'Pájaros de verano', un 'thriller' sobre la bonanza marimbera, que inundó de dinero del narcotráfico al caribe colombiano

Fotograma de 'Pájaros de verano'. En vídeo, pájaros de verano.

Después de El abrazo de la serpiente, a Ciro Guerra (Río de Oro, 1981) y su socia Cristina Gallego (Bogotá, 1978), que ahora codirige, se les podía haber abierto un abismo: ¿qué contar? ¿cómo superar con nuevo trabajo al filme que les llevó a los Oscar? No fue así, porque en la recámara tenían un proyecto ansiado. "Pájaros de verano [estrenada el pasado viernes en España] estaba en nuestra mente desde hace diez años", explica Guerra. "Sabíamos que era la que continuaría a El abrazo de la serpiente. Más aún, creíamos que El abrazo... nos ganaría tiempo para levantar el proyecto. Pero obtuvo tanta repercusión -inesperada para nosotros, desde luego, porque por su riesgo y formato teníamos expectativas modestas-, que tuvimos que esperar un año".

A cambio Gallego agradece que el éxito de El abrazo de la serpiente impulsara la financiación de Pájaros de verano. "Eso nos permitió acometer el filme al tamaño que deseábamos, muy grande. Hace años, cuando la soñábamos, ni la cinematografía colombiana ni nosotros estábamos preparados para emprenderla. Aprovechamos nuestro crecimiento para impulsarnos".

En Pájaros de verano se repiten temas telúricos ya abordados en El abrazo de la serpiente. Sin embargo, el género es distinto, Guerra y Gallego se lanzan al thriller: "Nos interesa el abordaje desde el género, porque cuando empezamos a recoger historias sobre la bonanza marimbera vimos que era material para una película de gánsteres, y finalmente lo que nos empujó es que ocurriera en una sociedad en la que las mujeres fueran tan fuertes", apunta Guerra. La bonanza marimbera ocurrió entre 1975 y 1985, cuando entró un chorro de dólares en Colombia por la exportación de marihuana. Los clanes y las familias productoras empleaban a campesinos pobres, y al final el negocio manchó con su dinero, su corrupción y violencia a todos los sustratos sociales. "En nuestro caso, incidimos en esas mujeres de los waiyuú que en aquel momento detentaban el poder y que posteriormente se quedaron sin voz. La bonanza marimbera está cercana hoy al mito en el caribe colombiano, y eso nos ayudaba a replantear su narración a través de cierto realismo mágico, casi garcíamarquiano", asegura Gallego. Es decir, Scorsese en Macondo. "Exacto, y para ello ahondamos incluso en el psicoanálisis, porque esa línea inconsciente, más relacionada con los sueños y los muertos que es la que tienen las mujeres en la cultura waiyuú. Porque en esa cultura las mujeres son quienes manejan las fronteras económicas, espirituales y políticas", remata la cineasta.

Los directores Ciro Guerra (izquierda) y Cristina Gallego, durante el rodaje.
Los directores Ciro Guerra (izquierda) y Cristina Gallego, durante el rodaje.

En Pájaros de verano se subraya esa separación entre la violencia y el salvajismo de los hombres y la espiritualidad y la inteligencia de las mujeres. "Siento que es una revisión de aquella cultura", explica Gallego, "y personal, porque así recordaba que ellos manda de puertas afuera y ellas, de puertas adentro". Para Guerra, el éxito de El abrazo de la serpiente demostró que se puede "tocar la fibra del público con historias de la Colombia profunda". Y explica: "Fue en 2015 la película que supuso más taquilla para su distribuidor estadounidense, para el australiano... Todo con voces que ni siquiera han escuchado los colombianos".

¿Hubo algo de lo que ocurrió en la bonanza marimbera que no ha entrado en el guion porque el espectador la consideraría inverosímil? "Hubo muchos detalles que desbordaban la misma historia. Todo lo que parece increíble en la película está basado en anécdotas reales, como lo de los relojes rolex en el burro", confiesan ambos. También rodaron el salto de la marihuana a la cocaína, aunque la cortaron porque sintieron "que pertenecía a otro filme". Ese fue el principio del fin, el comienzo de la guerra contra las drogas y el manto de silencio sobre una época que solo ahora llega a las pantallas. "Existe una idea falsa de que el cine colombiano ha abordado muchas veces el narcotráfico. Es falso, y además de ese freno se han aprovechado otros como Netflix", reflexiona Guerra. "En fin, nosotros queríamos abordar algo nuevo y este es el resultado".

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