Artistas invisibles tras el telón de acero

Una muestra exhibe en Dresde el trabajo de creadoras transgresoras del Este de Europa

Karla Woisnitza, 'Dibujo al Mito de Medea', 1985.
Karla Woisnitza, 'Dibujo al Mito de Medea', 1985.VG Bild-Kunst, Bonn 2018

Artistas radicales tras el telón de acero. Ese es el subtítulo de una exposición recién inaugurada en el este de Alemania, que bien podría llamarse “Mujeres invisibles”. Porque pese a haber sido artistas notables y rompedoras, la velocidad de la historia en este rincón de Europa las acabó relegando al olvido. Especialmente a las de la antigua República Democrática Alemana (RDA), porque cuando cayó el muro, la ilusión embriagó a muchas artistas hasta entonces ignoradas e incluso castigadas por el régimen, que pensaron que por fin las reconocerían, que las galerías del Oeste se pegarían por ellas. “Pero todo eso no sucedió”, explica Susanne Altmann, comisaria de La insurrección de Medea, la exposición recién inaugurada en Dresde y que se puede ver hasta finales de marzo.

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La muestra exhibe la potente energía creativa de artistas a las que les tocó crear en un contexto represivo y hostil. Pelucas punk o espectaculares chupas de cuero comparten espacio con vídeos de performances y fotografías que destilan transgresión. Provocaban, protestaban y canalizaban su frustración a través del arte. “Las mujeres arriesgaban más, y normalmente eran más radicales, porque si eres invisible, te da igual, puedes arriesgar más”, sostiene Altmann. La ropa y la imagen personal cobró especial importancia en un contexto de uniformidad estética y en el que los artistas trataban de distinguirse arriesgándose incluso a ser detenidos por su aspecto.

Una serie de 400 diapositivas retrata a los amigos de Tina Bara en Prenzlauer Berg, un barrio del norte de Berlín que albergó a muchos artistas antes de la caída del muro, convertido hoy en emblema de la gentrificación de la capital alemana. Las imágenes muestran cuerpos desnudos y en general retratan aires de libertad que encajan mal con la imagen tradicional de la vida en la Alemania oriental. Hay también postales y objetos en pequeños formatos, que las artistas podían hacer circular con facilidad y ser empaquetados rápidamente para traspasar fronteras.

“En el debate de la infrarrepresentación de los artistas críticos de la RDA en realidad solo se ha hablado de hombres y en particular de pintores”, cuenta Altmann mientras recorre la muestra. “Es increíble que sea ahora cuando se empieza a hablar de los que vieron sus expectativas e ilusiones frustradas, también en la política”, dice Altmann, en alusión al descontento que brota en el Este de Alemania y que ha contribuido al auge de la extrema derecha.

Gundula Schulze Eldowy, Berlín 1987, del ciclo: 'El gran y el pequeño paso' (1984-1990).
Gundula Schulze Eldowy, Berlín 1987, del ciclo: 'El gran y el pequeño paso' (1984-1990).Gundula Schulze Eldowy Foto: Stefanie Recsko

La muestra expone obras de mujeres que ahora rondan los 70 años o que ya han muerto. Que en Polonia, Hungría, Rumanía o la antigua Checoslovaquia algunas han pasado a formar parte de la memoria artística del país y gozan de reconocimiento internacional. Pero eso no sucedió con las creadoras del este de Alemania, donde tras caer el muro se miró hacia el oeste y en buena medida se borró un pasado que ahora recoge la muestra.

Un ejemplo claro en la exposición son las fotografías de Zofía Rydet, una artista polaca que durante décadas tomó imágenes de aldeanas de su país. Son mujeres mayores, retratadas con una dignidad poderosa. En la pared contigua, un trabajo semejante, pero esta vez de imágenes tomadas en las fabricas de Alemania del Este, en el que Evelyn Richter retrata a mujeres en medio de impactantes paisajes industriales. Mientras Rydet goza de fama internacional, Richter es mucho menos conocida.

“Las respuestas artísticas fueron cambiando según el clima político”, explica Altmann. A menudo, cuanto más apretaba la represión, más intensa se volvía la energía creativa y la subcultura. Los artistas figurativos oficiales eran muy celebrados por el régimen y cuando cayó el muro lo siguieron siendo, porque tenían un nombre, pero las desconocidas antes del 89, siguieron siéndolo después. Si se exhibía su trabajo, siempre se hacía etiquetado como género menor o desde un punto de vista político, para ilustrar ese periodo histórico. “Yo he querido centrarme en su arte y dejar de lado los aspectos sociológicos”, advierte la comisaria.

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