Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La pintura retrata las heridas de la brecha de género

Un estudio reciente, que ha analizado 113.000 transacciones de 725 casas de pujas, revela que no hay ninguna pintora entre los 50 artistas que más vendieron en subasta el año pasado

Joan Mitchell, en su estudio en París en septiembre de 1956.
Joan Mitchell, en su estudio en París en septiembre de 1956. The LIFE Picture Collection/Getty Images

La mujer ha pasado a través de la historia del mercado del arte con la irrelevancia de un copo de nieve en una avalancha. En nuestros días, poco ha cambiado. Un reciente trabajo del economista Roman Kräussl, para la publicación alemana Manager Magazin, revela que la expresión artística con mayor éxito comercial es un club privado de hombres. No hay ninguna pintora entre los 50 artistas que más vendieron el año pasado en subasta. Ha pasado el cedazo por 113.000 transacciones y 725 casas de pujas. Nada. Solo, al fondo, el eco hiriente de aquellas declaraciones que en 2013 lanzó en el semanario Der Spiegel el artista George Baselitz: “Las mujeres no pintan muy bien. Es un hecho. Hay, desde luego, excepciones. Agnes Martin o en el pasado Paula Modersohn-Becker. Me encanta ver alguna tela suya. Pero no es Picasso, no es Modigliani ni es Gauguin”. 

Esa provocación es el retrato de una injusticia avalada por los números. El informe de Roman Kräussl, profesor en la Escuela de Finanzas de Luxemburgo, sitúa en los tres primeros puestos por ventas el año pasado a Leonardo da Vinci (450 millones de dólares por su célebre Salvator Mundi), Pablo Picasso (415 millones) y Jean-Michel Basquiat (335 millones). Los tres artistas fallecidos, los tres representantes del canon occidental. La primera pintora que aparece (en el puesto 51º) es la expresionista abstracta estadounidense Joan Mitchell (1925-1992), con 30 millones. Solo hay otra más dentro de los cien primeros. Ese espacio (62º) lo ocupa Agnes Martin (1912-2004). La creadora minimalista británica vendió piezas por 27 millones. “Las mujeres están ausentes del segmento superior del mercado, que atrae a más del 80% del dinero que se invierte”, matiza Roman Kräussl.

Un cambio en marcha

El arte, diríase, refleja la misma discriminación sistemática hacia las mujeres que otros mundos. De ahí que también ganen menos. Kräussl analizó 1,5 millones de ventas en subasta de 66.442 artistas entre 1970 y 2013 y halló que el precio medio por transacción era de 48.212 dólares (39.800 euros) para los hombres y de 25.262 (20.900 euros) en las mujeres. “Esta brecha solo la pueden cambiar los coleccionistas. Las cuotas, por ejemplo, son inútiles y contraproducentes. Únicamente cuando los coleccionistas compren prioritariamente obras de mujeres en galerías y ferias de arte las cosas serán distintas”, observa el economista. Es difícil establecer esa discriminación positiva. Porque una colección es un relato y cada institución y cada coleccionista construye el suyo. “El mercado debe decir, de lo contrario siempre se sentirán en segunda división, que no ganaron ese espacio por su calidad artística sino por los cupos”, sostiene Kräussl.

'The Turkish Schoolgirls' (1987), obra de Marlene Dumas. ampliar foto
'The Turkish Schoolgirls' (1987), obra de Marlene Dumas.

Pero el problema resulta más complejo. El mercado e infinidad de instituciones (Tate, Reina Sofía, MoMA) han recuperado el relato y la cotización de pintoras como Carmen Herrera, Irma Blank, Etel Adnan o Maria Lassnig. Un esfuerzo que aún se percibe igual de lento que el caminar de los bueyes sobre la nieve. “La brecha de género es real; sin embargo, el cambio, aunque vaya despacio, está en marcha”, defiende Tanya Barson, conservadora jefe del Macba. ¿Es así? En Nueva York, la artista Marilyn Minter (Estados Unidos, 1948), una respetada voz liberal y feminista, trabaja en varios de sus solicitados esmaltes sobre metal. Imágenes que reivindican la sexualidad de una mujer poderosa. Maneja precios elevados (una pintura de dos metros supera los 210.000 euros) y decenas de coleccionistas aguardan turno por sus cuadros. “La fractura está ahí porque existe un gran sistema de apoyo para los artistas masculinos, especialmente de mi grupo de edad”, critica. “Solo me importa hacer lo que quiero, me da igual el dinero. El mundo está cambiando rápidamente y las mujeres, con sus ingresos propios, modificarán el juego al coleccionar artistas de su mismo sexo”.

Ese es uno de todos los futuros posibles. El presente asoma más confuso y fragmentado. Por un lado, están llegando mujeres a la dirección de centros de prestigio, como los museos Tate (Maria Balshaw), Tate Modern (Frances Morris) o el parisino museo d’Orsay (Laurence des Cars). Pero, a la vez, la geografía levanta sobre el mapa del mundo una frontera inesperada. En Brasil, recuerda Gabriel Pérez Barreiro, director de la 33ª Bienal de São Paulo, los artistas más valorados y reconocidos son casi todas mujeres. Anita Malfatti, Tarsila do Amaral, Maria Martins, Lygia Clark, Lygia Pape, Beatriz Milhazes, Adriana Varejão. “Y esto no es un fenómeno nuevo sino que ha sido así desde el inicio del siglo XX. Esto me hace preguntar si ¿no serían más machistas las instituciones europeas y norteamericanas que ahora se jactan de haber descubierto el feminismo?”.

Los diez autores más vendidos del año pasado

Leonardo da Vinci. Salvator Mundi. 450.312.500 dólares.

Pablo Picasso. Femme assise, robe bleue. 415.156.404 dólares.

Jean-Michel Basquiat. Untitled. 335.183.273 dólares.

Qi Baishi. Screens of Landscapes. 261.402.859 dólares.

Andy Warhol. Sixty Last Suppers. 245.668.733 dólares.

Zhang Daqian. Ancient temples amidst clouds. 229.630.518 dólares.

Claude Monet. Matinee sue la Seine. 181.482.539 dólares.

Cy Twombly. Leda and the Swan. 173.449.002 dólares.

Fu Baoshi. The Majestic mount Mao.169.529.914 dólares.

Zao Wou-Ki. 29/01/1964. 157.382.704 dólares.

El jueves pasado, João Fernandes, subdirector de Museo Reina Sofía, repasaba las salas de la emocionante exposición que le ha dedicado a Pessoa. Reconoce que cuando imagina una muestra acuden, primero, más nombres de artistas masculinos. “Por eso tenemos que sospechar de nosotros mismos y luchar contra las intuiciones inmediatas. Cuando llegué de la Fundación Serralves (Portugal) sabía que entraba en el museo del Guernica pero no en el de [la artista] Ángeles Santos”. Y añade: “Las instituciones son parte de una sociedad estructuralmente machista y esto se revela en datos como la venta de pintoras en subasta”.

Pero en ese club de la inequidad, donde las dos pintoras vivas más solicitadas el año pasado fueron Marlene Dumas (vendió obras por valor de 17 millones de dólares) y Cecily Brown (15 millones), quizá el auténtico éxito sea “fracasar”. “Una de las bases del feminismo es replantear las estructuras de poder, por eso quizá no le interese formar parte de cierto tipo de rankings”, ahonda Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía. “Si es así, me parece interesante que no sean las más vendidas. No se trata de estar en el top 10 sino de cuestionarlo”. Pintar de otra manera.

Pintar una injusticia

Se pinta desde la noche de los tiempos. Quizá por eso está expresión se ha convertido en el fetiche del mercado del arte. Un espacio donde las mujeres han sido ignoradas. ¿Por qué? El sexismo es una respuesta que se percibe en la dificultad que tienen para encontrar galerías y relacionar talento y cotización. El precio más alto en subasta en 2006 de la expresionista abstracta Judith Godwin fue de 26.000 dólares, en 2012, su compañero, Frank Kline, llegó a 40 millones. “El mercado [para las pintoras] siempre ha sido muy reducido y siempre lo será. Pues los ricos están muy desnortados culturalmente y, la mayoría, no fueron bendecidos por el buen gusto”, ironiza el coleccionista y marchante angelino Stefan Simchowitz. “Pues no es solo una brecha de género, afecta a toda la producción cultural”. Un ejemplo. El Instituto Smithsonian se estructura en 19 museos y ninguno de ellos está dedicado a las mujeres.