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“La tecnología nos da acceso a una mirada más humana”

El cineasta Mark Cousins publica un monumental ensayo que recoge la historia del punto de vista artístico desde el principio de los tiempos

Mark Cousins, en Barcelona
Mark Cousins, en Barcelona EL PAÍS

Mark Cousins no es solo un director de cine y, quizá, el más prolífico del momento —ofició tres estrenos este año, de tres películas distintas, en tres festivales: Cannes, Venecia y Róterdam—, sino también un pensador de lo visual, y uno que piensa desde el mismo audiovisual. Su The Story of Film: An Odissey, un monumental ensayo fílmico por entregas, es canónico, y puso de manifiesto que el cine es un arte global más en expansión de lo que se cree. Ahora, aún con su carta de amor a Orson Welles bajo el brazo, el documental sobre la faceta pictórica del cineasta, The Eyes of Orson Welles, se atreve a ir más allá y partir de la historia de aquello sin lo que la imagen no tendría sentido: la mirada. ¿Otro documental? No, esta vez es un ensayo literario (y gráfico), Historia y arte de la mirada (Pasado & Presente), tan colosal, exhaustivo y personal como The Story of Film.

Cousins (Belfast, 1965), en camiseta de tirantes, su rizada melena revuelta, planta sobre la mesa, y junto a su copa de vino, la última bota derecha que calzó Welles —que siempre lleva encima, a salvo en su mochila— y dice que no, que su libro no tiene nada que ver con Modos de ver, de John Berger, lo más parecido a un antecedente que podría señalarse. El ensayo de Berger, dice, “sólo habla de la iconografía, del imaginario, del uso de la imagen con fines políticos, o capitalistas, o como algo de lo que tenemos que desconfiar porque nos objetiviza y trata siempre de vendernos algo”. Su aproximación es, sin embargo, “celebratoria”, porque “mirar hace que valga la pena estar vivo”. “Estoy de acuerdo en todo lo que dijo Berger, pero yo no hablo del uso de la imagen, sino de cómo miramos, nos miramos los unos a los otros, en qué consiste que nos miren, cómo de mágico es observar algo por primera vez”, afirma.

Su obsesión por la mirada, que desembocó en el cine, nació en el patio del colegio, donde Cousins era víctima de 'bullying'

Su obsesión por la mirada, que desembocó en el cine —y en el llevar encima siempre una cámara, porque Cousins rueda, luego existe—, nació en el patio del colegio. “Era víctima de acoso. Lo pasé mal. Pero te acostumbras a no ser el centro, a mirar desde fuera al resto, como desde otro planeta. Y eso te convierte en un excelente orquestador de escenas. Scorsese también sufrió bullying. No es casualidad que buenísimos directores, los que mejor miran, hayan crecido en los márgenes”, apunta. Cousins, tan barroco, pasional, optimista, y profundamente humano, como todo lo que toca, no ve como algo horrible el tsunami de imágenes en el que vivimos inmersos. ¿Ciega el exceso de pantallas? “Ha invadido nuestro espacio privado. Es verdad que ahora como nunca podemos estar en la cama, encender el móvil y pasearnos por el mundo sin movernos, pero siempre hemos estado sobrepasados por la idea de lo que podemos llegar a ver”, contesta.

Humanidad

“Pienso en cuando se publicaron las primeras fotos en un periódico y me imagino a los lectores abrumados. Pero también debía sobrepasarles lo que veían a quienes pasearon por Babilonia en su momento. Walter Benjamin ha escrito mucho al respecto. No esnuevo. Nuestra mirada es fragmentaria desde el siglo XIX, aunque ahora tenemos más donde mirar, por la multiplicidad de pantallas. ¿Es inhumano? Sí. Pero hay algo muy humano en una tecnología que nos permite, por ejemplo, no romper una familia por la distancia. Mi tío emigró a Australia en 1953 y nos pasamos 25 años sin verle. Hoy no habríamos pasado un sólo día sin verle. La tecnología nos ha dado acceso a un tipo de mirada que antes no existía y la ha humanizado”, señala. Cree que el potencial humano de la era de las mil pantallas en la que vivimos “es enorme”. Confía en las nuevas tecnologías porque no nos fuerzan a multiplicar las miradas, sino que nos permiten hacerlo. “El cine es más democrático hoy que nunca, casi cualquiera puede hacer una película, se ha eliminado toda frontera entre el cine y el potencial cineasta”, dice.

Cita a Le Corbusier —y se señala el tatuaje con su nombre y tipografía de vieja máquina de escribir junto al hombro izquierdo— y a Virginia Woolf —y se señala otro tatuaje— cuando habla de puntos de vista y estética, y sentencia que la tecnología ofrece, sobre todo, oportunidades. “Si en la época de Franco, los cineastas españoles hubieran tenido cámaras digitales existiría otro tipo de cine de entonces, reivindicativo y feroz”, dice. Habla y, como no puede hacerlo sin reflexionar sobre lo que ocurre y por qué —está terminando el documental Women Making Films: A New Road Movie Through Cinema, cuyo comienzo estrenó en Venecia y que produce su amiga Tilda Swinton— da un tirón de orejas al cine español porque “sigue sin darle oportunidades a las mujeres”. Cousins, que encuentra lynchiano al Velázquez de Las meninas —“el cuadro que mejor define la idea de ser mirado”—, se reivindica, por encima de todo, como Rilke, como un amante del instante.

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