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Un paseo literario por los retratos de reyes del Prado

El escritor Juan Eslava Galán recopila en su nuevo libro anécdotas de los Austrias y los Borbones que cuelgan en el museo

El escritor Juan Eslava Galán presenta 'La familia del Prado', en el museo.
El escritor Juan Eslava Galán presenta 'La familia del Prado', en el museo.

"¿Esto, abuelo, es como el álbum de la familia?” Con esta pregunta de la nieta de siete años de Juan Eslava Galán comenzó a fraguarse su nuevo libro, La familia del Prado (Planeta). Este particular homenaje del escritor jienense (1948) por el 200 aniversario del museo, muestra la “intrahistoria de los personajes”, explica el autor, que han regido el destino de España durante cinco siglos, y cuyos retratos cubren las paredes del Museo del Prado. Así lo refleja el subtítulo del libro: Un paseo desenfadado y sorprendente por el museo de los Austrias y los Borbones.

Las colecciones secretas de pinturas eróticas que tenían los reyes, el uso del negro y los tipos de cuellos, las joyas que aparecen en los cuadros o los tratamientos de los médicos de la época como las peligrosas sangrías son algunas de las anécdotas que repasa. "No hablo precisamente de la pintura, aunque también, pero sobre todo hablo de la biografía de los personajes, lo que les ocurrió: por qué era así, el carácter que tenía, si era depresivo o si se llevaba bien con la mujer", apuntó Eslava este miércoles, durante la presentación del libro en el Museo del Prado. Y resalta que "a partir de los Reyes Católicos, todos los reyes y todas las reinas están representados en el Prado". 

Confundido en la masa de grupos liderados por guías turísticos, Eslava desvela algunos de los entresijos que rodean a los monarcas. Desde Felipe II, "un rey culto, apasionado por las artes y las ciencias, lo que incluía cierto interés por la alquimia y las ciencias ocultas", pero "débil con poder", como le definió Marañón; a su hijo, el príncipe Carlos, al que califica como "un cabrón con patas". "Este hombre estaba pirado, cuando era niño asaba liebres vivas, era una de sus diversiones, y en una ocasión bajó a los establos de palacio y cegó a todos los caballos". En el recorrido, tampoco falta la figura de Carlos V, a través del cuadro La Gloria, que encarga a Tiziano pocos años antes de su muerte. Y junto a él, un retrato de su esposa Isabel de Portugal, de quien el monarca estuvo enamorado, en una época de matrimonios reales por conveniencia. 

"Saltándonos un poquito el itinerario", el autor hace una pausa frente a Las meninas. En esta obra, Velázquez destaca, a través de la luz, a la infanta Margarita, quien "tuvo su primer hijo a los 16 años, otro a los 18 y antes de cumplir los 21 murió en el sobreparto, después de dar a luz a un hijo muerto", destaca. Pero quizás, uno de los personajes más interesantes por su maldad fue Fernando VII: "Dios, además de hacerlo feo, lo hizo vil, canalla, rencoroso, miserable, taimado y desprovisto de escrúpulos". Y así lo refleja Goya en sus retratos, quien "no tuvo nunca piedad con la familia real", explica el escritor. Del primer encuentro sexual entre Fernando VII y su tercera esposa, el escritor e historiador Prosper Mérimée dejó un relato en forma de carta a Stendhal. En esta contó la "historia guarrísima", en que "una princesa sumamente devota y educada tan cristianamente que ignoraba hasta las cosas más elementales de este mundo", se aterroriza ante el miembro viril ("largo como un taco de billar") del "rijoso más grosero y desvergonzado de su reino". 

En la narración, como es habitual en sus libros, el autor dosifica el tono en una mezcla de humor, erudición y sentido didáctico. Elemento este último evidente, ya que lo aborda como una explicación dirigida a su nieta. Cada vez que ella viene de Alicante, lo que ocurre una o dos veces al año, van a la pinacoteca. "Itinerario obligado, entre otras cosas, porque cuando tenía cuatro días la apunté como benefactora socia de los Amigos del Prado", fundación a la que pertenece también el autor. A través de las crónicas dejadas por contemporáneos e historiadores y la correspondencia de los embajadores extranjeros, Eslava completa este relato desde Isabel la Católica hasta Juan Carlos I.

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