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La épica del fracaso

No todas las derrotas son un fracaso; incluso en el mayor de los desastres puede haber una ética y una estética

'Un océano entre nosotros'
Rachel Weisz y Colin Firth, en 'Un océano entre nosotros'.

UN OCÉANO ENTRE NOSOTROS

Dirección: James Marsh.

Intérpretes: Colin Firth, Rachel Weisz, David Thewlis, Jonathan Bailey.

Género: drama. Reino Unido, 2018.

Duración: 101 minutos.

Como bien sabe cualquier aficionado al deporte, no todas las derrotas son un fracaso. Incluso en el mayor de los desastres puede haber una ética y una estética, que no llegan a alcanzar la categoría de victoria, pero que suponen entrar de lleno en territorios mucho más complejos y fascinantes. El del atrevimiento hasta la desmesura; el del anhelo hasta lo ilusorio; el de la máxima confianza en uno mismo, incluso hasta el ridículo.

El caso real de Donald Crowhurst, marino aficionado e inventor, que en el otoño de 1968 inició una carrera a bordo de su trimarán en pos de la vuelta al mundo en solitario más rápida de la navegación, ya había dado pie a una crónica de investigación periodística, publicada en 2016, y ahora a una película. Sus títulos, The strange last voyage of Donald Crowhurst y The mercy, respectivamente, no pueden ser más distintos en tonos y objetivos. Y, sin embargo, cuánto sentido tienen ambos, pues la extrañeza y la piedad son los sentimientos que inspiran su odisea, y los que están en la base de la misma historia.

Que la distribuidora española de The mercy haya decidido rebautizarla aquí con el melodramático y algo pomposo Un océano entre nosotros no debería distraernos de lo esencial: que la película se aleja del habitual relato épico, y que James Marsh, su director, a partir de un guion de Scott Z. Burns (El ultimátum de Bourne, Contagio), sabe desechar lo más elemental y superfluo del caso, para acabar desarrollando lo más interesante: el precio a pagar por el anhelo; la imposible salida ante la impostura, la mentira pública, y sus consecuencias interiores y exteriores; la reflexión sobre los medios de comunicación, y, sobre todo, la denuncia de la masa codiciosa de carne informativa de espectacular carga emocional, pese a quien pese.

Con un soberbio reparto, en el que todos los intérpretes están perfectos, desde sus dos magníficos protagonistas (Colin Firth y Rachel Weisz) hasta los de más corto papel (Ken Scott, Simon McBurney), Un océano entre nosotros quizá abuse de las citas célebres en sus notables diálogos del primer acto, pero revela a un director mucho menos relamido que en su exitosa pero afectada La teoría del todo (2014). Un Marsh mucho más cercano al meollo de dos de sus documentales, Man on wire (2008) y Proyecto Nim (2011), otras dos historias reales capaces de concitar, como esta, el alcance de la extrañeza, el valor de lo imposible y un llamativo sentido de la candidez.