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Muere Elisa Serna, figura esencial de la canción protesta en España

La integrante del colectivo Canción del Pueblo tenía 75 años

La cantautora Elisa Serna con su guitarra en 1996.
La cantautora Elisa Serna con su guitarra en 1996.

Elisa Gil, conocida artísticamente como Elisa Serna, compositora, poeta y cantante, pionera de la canción militante en castellano, euskera y catalán, ha muerto este martes de un infarto de miocardio en la localidad madrileña de Collado Villalba. Tenía 75 años.

De ascendencia segoviana, de donde procede su familia, forjó su vocación musical desde la admiración por el folclorista y dulzainero Agapito Marazuela y por el cantautor bilbaíno Paco Ibáñez. De ambos heredaría un potente estro creador poético, además del compromiso ideológico militante de izquierda, del cual se mostraría abanderada hasta sus últimos días. Sus creaciones se vieron caracterizadas por una delicada elaboración poética, con una gran amplitud temática de trasunto político antifascista, feminista, poético y social. Su propuesta musical evolucionó desde la canción folclórica a la canción popular y a la de raíz semítica, como mostraba su postrera composición, que pensaba presentar próximamente, con evocaciones del Rubaiyat del poeta persa Omar Keyam y del árabe Tawfir. Decenas de sus temas se vieron signados por un propósito de combate contra la injusticia, la discriminación ideológica y de género y frente a la represión que, bajo el franquismo, sufrió en sus propias carnes con prisión en la cárcel de Alcalá de Henares, con onerosas multas y numerosas amenazas por parte de la Brigada Político Social, policía política del franquismo, que seguía de cerca sus actuaciones, truncadas en muchas ocasiones por la censura, incluso por la interrupción policial pistola en mano. Eran proverbialmente apasionadas sus interpretaciones del tema A desalambrar, de Daniel Viglietti, y de ¡A galopar!, de Paco Ibáñez con letra de Rafael Alberti. Sus interpretaciones encendían brotes de solidaridad y de rebelión antifranquista en diferentes distritos universitarios y en fábricas y centros de trabajo, desde su concernimiento militante con el PCE, el sindicalismo de Comisiones Obreras y otras organizaciones progresistas y de izquierda. Lejos de todo sectarismo, a ellos era convocada por la calidad emotiva e indomable de sus canciones. Como intérprete y compositora, su música ha sido considerada como heraldo señero de la lucha por las libertades democráticas durante el auge del movimiento estudiantil contra el franquismo. Con posterioridad, siguió creando canciones en una clave siempre emancipadora y combativa como una reciente composición sobre la lucha del pueblo palestino.

La muerte le sorprendió este martes tras haber cantado el pasado sábado junto a Clara Ballesteros, Javier Bergia, José María Alfaya, Javier Batanero, Andrés Sudón, Marta Plumilla y Juan Fernández Fernández, que acompañaba a Elisa con la guitarra, en el local Kalia Panoia de Collado Mediano.

Tras sentirse mal durante el fin de semana, sus amigos Víctor Claudín y Chus Aparicio la condujeron al hospital de Collado Villalba donde ayer esperaba una segunda intervención, cuando le sobrevino el accidente vascular que causó su muerte.

Su personalidad afable y solidaria le procuró el aprecio y respeto evidentes en el mundo artístico, en el que mantuvo amistades permanentes con las también cantautoras Marina Rosell, Julia León y Clara Ballesteros, así como con el desaparecido Hilario Camacho, y los citados Javier Bergia y Javier Batanero, entre muchos otros artistas, con todos los cuales participó en recitales, actuaciones y festivales y grabaciones de una amplia discografía. Precisamente el próximo día 11 de septiembre tenía previsto cantar en Libertad, 8, y ya postrada en cama, cuentan sus allegados, pugnaba por incorporarse para preparar la inminente actuación. Sus amigos la despedirán con música este miércoles a media tarde en el cementerio de San Isidro.