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Venecia se mira y no se toca

La Administración local aumenta las prohibiciones para proteger una ciudad invadida por 25 millones de turistas al año

El Ayuntamiento ya instaló tornos para regular el flujo de visitas

Turistas bailan en un barco, en Venecia, el pasado 14 de julio.
Turistas bailan en un barco, en Venecia, el pasado 14 de julio. Getty Images

Cien euros de multa por tumbarse en un banco. El doble por comer en zonas prohibidas, y hasta 450 por bañarse en canales y ríos abiertos al público. La ciudad de Venecia, que recibe 25 millones de visitantes al año, tiene una larga lista de prohibiciones. Ante el descaro de algunos turistas, el objetivo de la Administración local es salvaguardar el orden y el decoro. Hace unos días, después de que dos chavales se zambulleran en el Gran Canal, hecho que sucede por enésima vez en la ciudad, el concejal a la Seguridad Giorgio d’Este puso el grito en el cielo: “¡Noche en el calabozo para los groseros!”.

Venecia está en peligro y las autoridades intentan salvarla antes de que sea demasiado tarde. El Ayuntamiento instaló en abril unos tornos (el Consitorio aclara que se trata de “pasajes”) para regular el flujo de visitantes y tratar de salvaguardar así la esencia de esta ciudad declarada Patrimonio Mundial por la Unesco. Aunque todavía no han tenido que ser utilizados, su colocación fue toda una declaración de intenciones por parte de los políticos locales: nos visita demasiada gente.

Basta darse una vuelta cualquier día por la ciudad. Hordas voraces de turistas invaden constantemente las diminutas calles e impiden contemplar los escorzos más característicos sin arriesgarse a recibir un golpe de un palo selfie. Las prohibiciones parecen no haber amedrentado todavía a los revoltosos, y el alcalde, el independiente de centroderecha Luigi Brugnaro, insiste en que quienes perturben la tranquilidad deben acabar durmiendo en el calabozo.

Sin embargo, desde el Ayuntamiento rebajan la tensión. Explican que los alcaldes no pueden confinar a un turista por este tipo de incidentes. Por lo menos de momento. Brugnaro ya presentó en el Parlamento italiano una proposición de ley para crear una “celda de seguridad” adonde meter durante un rato a los que consideren peligrosos, hasta que se les bajen los humos. Quienes anden por ahí borrachos, por ejemplo. “Pero no es una medida de detención”, tranquiliza la Administración municipal, “sino de prevención”, que se añadiría a las ya en vigor.

Uno de los guardianes de la plaza de San Marcos.
Uno de los guardianes de la plaza de San Marcos.

El Ayuntamiento acaba de adoptar una ordenanza en materia de circulación acuática y unas medidas urgentes aplicables durante los fines de semana de más afluencia de este mes, ambas aplicadas desde el 1 de agosto. Entre otras normas, se autoriza a la policía local a “impedir temporalmente el tránsito a no residentes”, “instituir sentidos únicos de marcha”, “inhibir el acceso a determinadas áreas”, so pena de multas de entre 25 y 500 euros. También se prohíbe el uso de embarcaciones tipo kayak, canoas, patines y similares en el Gran Canal y otras zonas identificadas por el Consistorio, y en otras áreas la circulación está restringida de lunes a viernes de 7.00 a 17.00 y el sábado de 7.00 a 15.00. Festivos excluidos.

El próximo paso es aprobar el Daspo urbano, una medida inicialmente pensada para prevenir la violencia en el mundo deportivo y ahora aplicable también en las ciudades tras un decreto del exministro del Interior Marco Minniti. En Venecia, esta herramienta permitiría expulsar durante 48 horas (un destierro moderno) a quienes cometan actos groseros o molesten a visitantes y ciudadanos, además de prever las indefectibles multas. El texto definitivo se votará en septiembre. Entre los delitos contemplados: orinar en la calle, consumir bebidas o alimentos estorbando la circulación peatonal, tomar alcohol desde las 19.00 hasta las 8.00 fuera del perímetro de los locales o tumbarse en los bancos.

“Trabajamos para resolver un problema que desde hace décadas no encuentra solución”, explica la Administración local, que afirma poner a la cabeza de su lista de prioridades “hacer vivible para los residentes” una ciudad de poco más de 50.000 habitantes que no deja de perder población.

Zeno Stringa, enólogo veneciano de 34 años, considera sin embargo que las prohibiciones no servirán para que los residentes se queden en la ciudad y que el texto del Daspo es algo extremo. “Me quedé impresionado un día que una familia con niños bajó una mesita a una plazuela y la policía los multó por invasión de suelo público”, explica. Eran venecianos. “Los turistas son un gran recurso porque dan trabajo a todos, el problema es que no logramos gestionarlos; y con estas medidas los venecianos no van a volver”, agrega.

Las autoridades municipales son optimistas y alardean de que el número de turistas que está llegando ahora a la ciudad es algo inferior al del año anterior. ¿Entonces estas medidas han desincentivado la entrada de extranjeros? “No. Pero sí han pasado el mensaje de que la gente no debe venir si piensa que puede ir de listilla”, mantiene el Ayuntamiento. Eso. Mirar y no tocar.

Los ‘Guardians’ de la Plaza San Marcos

Si un turista se encuentra con un grupo de personas vestido con camisetas o petos llamativos en la Plaza San Marcos no ha de preocuparse: no están haciendo promoción de ningún producto ni quieren venderle nada. Son los Guardians, los guardianes del decoro, encargados desde hace años de salvaguardar la zona y reprender a los turistas que no respeten las reglas, además de señalar a las autoridades eventuales comportamientos que violen la ley y alejar a los mendigos. Entre otras restricciones, en la explanada más famosa de la ciudad está terminantemente prohibido sentarse y comer. “La plaza es maravillosa y los venecianos le tenemos mucho cariño, pero en la ciudad debería haber más lugares para que los turistas pudieran descansar y no hacen falta multas excesivas; con 30 euros es suficiente para dar una señal”, dice el veneciano Zeno Stringa.

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