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Un expresidente mexicano y el Mosad, al servicio de Luis Miguel para encontrar a su madre

El décimo capítulo de la serie se centra en la búsqueda de Marcela Basteri y en la decadencia de Luis Rey, arruinado en España tras la separación de su hijo

Diego Boneta interpreta a Luis Miguel en la serie. En vídeo, tráiler de la serie.

Luis Miguel parece haber encontrado a su madre en el décimo capítulo de la serie. O al menos, ha logrado colarse en un hospital psiquiátrico en Canarias (España) donde está internada una mujer que se parece mucho a Marcela Basteri. La serie que narra la vida más íntima del cantante, producida y supervisada por él mismo, ha extendido durante casi una temporada completa el misterio de la desaparición de Basteri. Y ha sido en la última entrega de este domingo cuando los espectadores han conocido, además, la estrecha relación del artista con las élites mexicanas. Un expresidente, Miguel de la Madrid, y el Mosad, al servicio del cantante.

Aunque no cuentan los detalles de aquella búsqueda, ni de qué manera estuvo involucrado el exmandatario y la agencia de inteligencia israelí, parece que al menos Luis Miguel movió los hilos suficientes. Su hermano Alejandro es el que le da la idea. Escucha una conversación entre los amigos del hijo de De la Madrid, Federico, en la que hablan de cómo gracias a la ayuda del Mosad dieron con el paradero de un empresario de Guadalajara secuestrado: "Cuando se metió el papá de Fede, lo encontraron en chinga. Y nadie se enteró". Era justo lo que necesitaban, pues no querían poner una denuncia de desaparición de su madre para esquivar a la prensa. Después de que le comentara la idea, logra entrar en el hospital sin necesidad de un permiso.

La última escena del episodio muestra a Luis Miguel entrando en la habitación de aquel psiquiátrico. Se arrodilla frente a una mujer con los ojos como platos. No muestran la cara de ella, pero la trama provoca que el espectador crea que es muy posible que la haya encontrado. El siguiente capítulo resolverá después de décadas uno de los secretos mejor guardados del cantante.

Desde hace casi 30 años se ha publicado de todo: desde que su hijo la encontró en Italia, que murió en un tiroteo en una fiesta en Chihuahua —donde había estado involucrado el narco y el jefe de la policía de la capital mexicana, El Negro Durazo—, que Luis Rey (su padre) había pagado a unos sicarios para asesinarla, hasta que estaba viva y era una indigente en Buenos Aires. Un misterio que nunca había sido resuelto y que provocó todo tipo de leyendas y especulaciones. Todo apunta a que esta serie lo va a desvelar muy pronto.

Él había prometido contar por primera vez "toda la verdad" sobre su vida. Y lo ha hecho por todo lo alto, con una producción de Netflix, Telemundo y Gato Grande —una filial de la Metro Goldwyn Mayer—, en prime time cada domingo. La serie se ha convertido en todo un éxito en México, donde Luis Miguel ha sido venerado durante décadas. Un artista al que le perdonaron todo: que no diera apenas entrevistas, que no sacara un disco nuevo en más de 10 años, que huyera de los escenarios a mitad del concierto, que cancelara repetidamente sus fechas en el recinto que lo encumbró, el Auditorio Nacional. Un cantante al que bautizaron como El Sol de México —aunque naciera en Puerto Rico, de padre español y madre italiana— y que tiene sus más fieles seguidores entre las clases más altas y las más bajas del país. Un dios de la música latina a quien todos se querían parecer.

La serie se ha estrenado en uno de los momentos más difíciles para Luis Miguel. Después de más de un año desparecido de los escenarios, de cargar con tres demandas millonarias en Estados Unidos, resucitó hace meses con un nuevo disco, una gira con todos los boletos vendidos y una producción donde ha sacrificado los aspectos más morbosos de su vida para colocarse de nuevo en la palestra. Una sincronización redonda.

A su padre, Luis Rey —fallecido desde 1992— lo ha mostrado como el villano indiscutible de su historia. La causa y la consecuencia de todos sus problemas. Un hombre adicto a las drogas, al alcohol, manipulador y corrupto. Si Luis Miguel bebe, es porque su padre un día le dio una copa de vino; si se ha sentido solo, es porque Luis Rey explotó su infancia y su adolescencia hasta la extenuación, controlando cada decisión personal de su hijo; si su madre desapareció, es también por su culpa. Excepto por unos capítulos donde se observa a un joven mirrey, irresponsable y malcriado, el resto de la serie le sirve al cantante para redimirse con su público y reconstruir una imagen admirable de su carrera.

En este último capítulo se observa también la decadencia de su padre, ebrio y deprimido porque no consigue levantar la cabeza desde que su hijo lo sacó de la empresa. Probablemente el personaje interpretado por el español Óscar Jaenada es, junto al de Luis Miguel (Diego Boneta), de los que más profundidad y evolución ha tenido en toda la serie. Pese a ser el más odiado por los espectadores, logra en este décimo episodio que sientan compasión por él. El próximo se emitirá en todos los países el domingo 1 de julio a las nueve de la noche (hora local mexicana) a través de Netflix.

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