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En España, solo mujeres y adolescentes leen tanto como la media europea

Aprovechamos la Feria del Libro de Madrid para medir el estado del sector: un mundo polarizado y con la piratería como gran enemigo

Una mujer lee en El Retiro de Madrid durante la Feria del Libro de 2017.
Una mujer lee en El Retiro de Madrid durante la Feria del Libro de 2017.

Finalizada, por ahora, la tormenta de las absorciones derivadas de la lucha por el control del mercado en español y recuperado en 2017 cierto ritmo de ventas, el sector editorial llega a una de las grandes citas del año polarizado (Random House y Planeta controlan el 44% del negocio y Madrid y Barcelona concentran el 63,5% de la producción), con ciertas dosis de optimismo, un puñado de quejas y un enemigo común: la piratería.

La Feria del Libro es un momento esencial para medir el estado de la cuestión: 600.000 ejemplares vendidos, diez millones en ingresos y dos millones de visitantes son cifras de 2017 que la organización espera superar este año. Si la lluvia se olvida por un tiempo de Madrid, algo que no ha hecho en estas primeras horas.

Hay ciertos datos positivos. En España, las mujeres están en índices de lectura similares a los europeos y en Barcelona y Madrid se llega a la media de nuestro vecinos. De hecho, más del 70% de las mujeres entre 35 y 54 años leen al menos una vez por trimestre por el 52% de los hombres, según datos del Barómetro de Hábitos de Lectura elaborado por los editores y el ministerio de Educación

En 2017 la producción de libros subió un 4,6% hasta los 89.962 títulos con registro ISBN, según datos del ministerio de Cultura. ¿Demasiados libros para un país en el que el 40% no lee nunca o casi nunca? “Se editan todo tipo de libros para todo tipo de lectores. Eso es una riqueza que no se valora. Si no fuera así, ¿quién iba a decidir qué sale y qué no sale?”, defiende Antonio María Dávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España.

El doble juego del digital

El sector se mueve en cierta incertidumbre, algo que empieza a ser una sensación demasiado bien conocida. Hay cifras para todos los gustos. Al contrario de lo que ocurre por ejemplo en EE UU, donde el libro digital lleva tres años seguidos de caídas, en España sigue subiendo (un 16% en 2017) y tres de cada diez libros se publican ya en este formato. Sin embargo, el 80% de los lectores digitales reconocen que obtuvieron los contenidos de forma gratuita. Y ahí entra en juego el fantasma de la piratería. En España se consumieron tres libros pirateados por cada ejemplar comprado, según datos de CEDRO. “Hay un tema fundamental, que es conseguir que los internautas, que somos todos, valoremos y respetemos el trabajo ajeno”, asegura a este diario Carme Riera, escritora, académica y presidenta de CEDRO, que pide más medios para la Administración Pública y más “voluntad para destruir esta lacra”. “En 2017 siguió subiendo la piratería. No hay excusa. Se hacen inversiones que no tienen rentabilidad”, reflexiona Dávila para explicar por qué España es el tercer país de la UE donde menos se gasta en lectura.

Amazon no aporta absolutamente nada. Es la despersonalización completa. No es lo mismo comprar almendras al peso que libros

Juancho Pons (CEGAL)

Los primeros afectados por todo esto son los autores, parte débil de la cadena del libro que, además, no puede acumular las rentas obtenidas por los derechos de autor a su pensión como sí ocurre en el resto de Europa. “Es una injusticia con mayúsculas”, asegura Riera.

Libreros y distribuidores

Las librerías viven entre la efervescente creación de nuevos espacios y la asfixia de aquellas que están en el centro de las ciudades y no pueden soportar la presión del mercado inmobiliario. “En Francia, el Gobierno está mucho más implicado en la defensa de las librerías, los libros y las editoriales. Es un asunto de Estado, como en Alemania”, asegura Pons. No es la única vez en la que estos dos países son puestos como ejemplo.

Hay un tema fundamental, que es conseguir que los internautas, que somos todos, valoremos y respetemos el trabajo ajeno

Carme Riera (CEDRO)

El sistema de distribución de libros es algo que el lector no ve, pero sin el que no existiría el mercado. En España, con un precio fijo por ejemplar, se está a medio camino entre el francés (muy regulado) y el británico (totalmente liberalizado). Alemania apuesta por algo distinto, más al estilo de una farmacia: se tiene una muestra y lo que no existe se pide y se entrega en 24 horas. ¿Por qué? Para dar un servicio que compita con Amazon en inmediatez y márgenes. El gigante de las compras por internet es visto por los editores y escritores consultados para este reportaje como un actor más siempre y cuando respete las reglas, pero los libreros lo consideran su gran enemigo. “No aporta absolutamente nada. Es la despersonalización completa. No es lo mismo comprar almendras al peso que libros. Defendemos el poder prescriptor y la diferencia de trato”, aseveran desde CEGAL antes de asegurar que Amazon en EE UU ofrece ya más márgenes a editoriales a cambio de exclusividad. “Están destrozando el mundo del libro por unas cuotas”, aseguran.

Fuentes de Amazon subrayan su capacidad para poner a disposición de los lectores “millones de opciones” y la comodidad e inmediatez de su servicio, pero, preguntados por este periódico en tres ocasiones, la respuesta siempre ha sido la misma -“no revelamos cifras relacionadas con nuestro negocio”- con lo que su influencia en el sector es evidente pero no se puede medir su magnitud.

Un apunte final para el optimismo: los menores de 14 años están por encima de la media de lectura de Europa, según datos del ministerio de Educación. ¿Qué pasa después? Ahí es donde todo lo que falla de la cadena del libro, expuesto de una u otra manera en este reportaje, entra en juego.

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