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La carta del amante de Proust: “Nunca me desanimaré mientras sienta por usted un gran afecto...”

Sotheby’s pone en venta papeles privados del autor de ‘En busca del tiempo perdido’, incluida parte de su correspondencia con el músico Reynaldo Hahn, su “dios disfrazado al que ningún mortal reconoce”

Dibujo de Reynaldo Hahn (1905-1907).
Dibujo de Reynaldo Hahn (1905-1907).

Marcel Proust (1871-1922) fue un hombre de relaciones. Hoy diríamos de redes. Su vida y su obra son un constante entrar y salir de amigos y conocidos, de autores admirados y de admiradores, de parientes y amantes.Puede constatarse fácilmente en las cartas, manuscritos y libros dedicados por escritores contemporáneos que ayer se subastaron en la sede de Sotheby’s del proustiano Faubourg Saint Honoré de París, por un total de 745.464 euros.

Procedente de la colección de Marie-Claude Mante, una de las tres sobrinas-nietas del autor de En busca del tiempo perdido, la colección ilumina detalles de su vida privada. Desde asuntos en apariencia menores, pero significativos para los miembros devotos del culto a Proust, como es la ubicación exacta de la habitación donde pasó largas temporadas en el Grand Hôtel de Cabourg, en Normandía, hasta su relación con el gran amor de su vida, el músico de origen venezolano Reynaldo Hahn.

“Es sorprendente que en una colección familiar todavía haya cosas inéditas, aún no publicadas”, dice Benoît Puttemans, especialista de Sotheby’s. No todos los documentos eran inéditos, explica. Muchas de las cartas y manuscritos ya se habían visto o publicado, como las 138 cartas que le dirige el editor Gaston Gallimard. Estas cartas permiten entender la compleja relación con la editorial que inicialmente rechazó la publicación de su obra.

“En algunos casos, los especialistas no lo habían visto, estaban guardados en casa”, añade Puttemans. Es el caso de nueve cartas, hasta ahora desconocidas, de Hahn a Proust, una nota de gastos del Grand Hôtel de Cabourg, o, en un terreno más literario, un pastiche inédito —Proust practicaba con talento el arte de la imitación literaria— del crítico británico John Ruskin, o los libros dedicados de contemporáneos como André Breton y Philippe Soupault, Charles Maurras, Maurice Maeterlinck o Blaise Cendrars.

“La particularidad [de esta venta] son las cartas a Proust y los libros de su biblioteca personal”, dice Anne Heilbronn, vicepresidenta de Sotheby’s Francia. Son documentos que Marcel Proust dejó en herencia a su hermano, Robert. De este pasaron a su hija Suzy Mante-Proust y, a la muerte de esta, se repartieron entre sus tres hijos: Patrice, Marie-Claude y Dominique. Con esta última venta habrán salido al mercado los lotes de la rama de Patrice y Marie-Claude. Faltará el tercero.

“En la venta hay una parte científica que es real pero finalmente modesta”, dice Jean-Yves Tadié, seguramente el mayor especialista en Proust, biógrafo del escritor y responsable de la edición crítica canónica. Se refiere a que las revelaciones filológicas, las novedades para los estudiosos, son escasas. Pero añade: "La parte afectiva que es considerable”. Tadié, autor del texto que encabeza el catálogo de la subasta, alude las cartas, dibujos, libros y documentos sobre su vida privada, que, en un autor que una novela monumental en primera persona, es difícil de disociar de su obra literaria.

Reynaldo Hahn, que fue una presencia constante de Proust durante toda su vida, es el gran protagonista de estos documentos. Hahn (1874-1947) no aparece disfrazado bajo ningún personaje en En busca del tiempo perdido, pero sí en Jean Santeuil, la novela inconclusa escrita en su juventud. En una de las cartas, que estos días se han expuesto en el Faubourg Saint-Honoré, datada a finales de marzo de 1896, Proust escribe a Hahn: “Quiero que usted esté [en la novela] todo el tiempo, pero como un dios disfrazado al que ningún mortal reconoce”.

Entre las cartas escritas por Hahn, destaca una sin fecha en la que, en tono jocoso, relata una jornada tipo en la vida sedentaria amigo Marcel, y otra de 1898 en la que, en ocasión de la muerte del poeta Stéphane Mallarmé, le regaña por no dar noticias suyas. “Todo en la vida es cuestión de malentendidos, quizá usted piense que yo prescindo de sus noticias: es un signo de que usted prescindiría fácilmente de las mías: pero nunca me desanimaré mientras sienta por usted un gran afecto”.

Tadié explica que Hahn fue “el gran amor” de Proust, “aunque hubo otros”. “Marcel Proust era un escritor de genio, Reynaldo Hahn era un músico de talento, no de genio. Desgraciadamente Proust y Debussy no fueron amigos. Habría sido mucho mejor en el plano del arte”. No compartían gustos musicales, más modernos en el caso del escritor y más conservadores en el del músico. “El problema de Reynaldo Hahn es que fue un genio a los 15 años pero después no intentó crear un lenguaje nuevo, al contrario que Proust”.

En la herencia de Marie-Claude Mante, figura un dibujo inédito de Proust en el que aparece Hahn con el nombre de algunas de sus obras musicales en el vestido, y otro de Proust en el lecho de muerte, obra de uno de los múltiples artistas que le retrataron en este trance, Jean-Claude Eschemann.

Pero si hay una scoop entre estos papeles, una verdadera noticia —noticia en el mundillo de los proustianos— es la nota de gastos de agosto de 1911 en el Grand Hôtel de Cabourg, modelo de Balbec en En busca del tiempo perdido. Gracias a este documento se sabe ahora que Proust ocupó las habitaciones 417, 418 y 419. Hasta ahora se desconocía el número de la habituación: la 418 en el cuarto y último piso.

“¿Por qué el cuarto piso?", se pregunta Tadié. "Porque no había clientes encima. Y alquilaba tres habitaciones para no tener ruido a izquierda y derecha”.