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Noche de espíritus cubanos en Hollywood

La Academia de Cine restaura y proyecta en Los Ángeles dos clásicos de los años setenta de Tomás Gutiérrez Alea en colaboración con la Cinemateca de Cuba

De izquierda a derecha, el director de fotografía Mario García Joya, la actriz Ivonne López Arenal, la directora ejecutiva de la Academia de Cine, Dawn Hudson, el director de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo, la actriz Mirtha Ibarra, y el presidente de la Academia, John Bailey, el viernes en la sede del Archivo de la Academia de Cine en Los Ángeles.
De izquierda a derecha, el director de fotografía Mario García Joya, la actriz Ivonne López Arenal, la directora ejecutiva de la Academia de Cine, Dawn Hudson, el director de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo, la actriz Mirtha Ibarra, y el presidente de la Academia, John Bailey, el viernes en la sede del Archivo de la Academia de Cine en Los Ángeles.

Los demonios cubanos de Tomás Gutiérrez Alea volvieron a cobrar vida en una pantalla este viernes en pleno centro de Hollywood. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y la Cinemateca de Cuba presentaron en Los Ángeles dos obras clave del director más famoso de Cuba, restauradas y salvadas de un deterioro que amenazaba con hacerlas desaparecer para siempre. El proyecto es parte del esfuerzo de la institución cubana por buscar colaboraciones internacionales para preservar sus archivos.

Una pelea cubana contra los demonios (1972) y Los sobrevivientes (1979) lucieron en la pantalla del centro Mary Pickford, sede del Archivo de la Academia, con copias nuevas y restauradas fotograma a fotograma. La presentación del viernes contó con la presencia del historiador del cine y director del Archivo de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo, la actriz Mirtha Ibarra, viuda de Gutiérrez Alea, el director de fotografía de las dos películas, Mario García Joya, y el director de la Academia, John Bailey.

“Este año se cumplen 90 años del natalicio de Gutiérrez Alea y lo de esta noche es el homenaje que rinde la Academia a este maestro del cine iberoamericano”, explicaba Castillo a EL PAÍS antes de la presentación. “Es el maestro. Su obra trasciende Cuba. Fue un visionario y estoy muy agradecida de que todas estas obras se rescaten, porque algunas estaban en muy mal estado”, dijo Mirtha Ibarra.

Castillo cita la falta de condiciones adecuadas para los archivos en Cuba hasta hace muy poco como la cusa del deterioro. Además, la humedad y el calor hacen especialmente vulnerables los fondos del archivo cubano. “Ahora se ha trasladado todo el archivo a un lugar con muy buenas condiciones y están bien resguardadas”, asegura, pero el daño ya está hecho. Cuando Hollywood se ofreció a hacerse cargo de la restauración, Una pelea contra los demonios “no se podía ni proyectar”, afirma, “ni siquiera había un DVD para poder verla”. Una de las películas más importantes del cine cubano estaba en riesgo de desaparecer físicamente, amenazada por los hongos. El viernes, se vio impecable en una pantalla de Hollywood, sin un solo ruido en la imagen, con buen contraste y un sonido poderoso que permitía entender cada palabra de las asombrosas interpretaciones de la película.

Vídeo de la Academia sobre el proyecto de restauración /AMPAS

Tomás Gutiérrez Alea, Titón (1928-1996) es el director de cine más importante de Cuba desde la revolución. El público internacional lo conoció en 1994 cuando Fresa y chocolate fue la primera película cubana nominada al Oscar. El tratamiento de la homosexualidad en la película sirvió a espectadores de todas partes para meterse en la tragicomedia cubana durante hora y media.

Pero Gutiérrez Alea llevaba haciendo eso mismo casi tres décadas. Con una excusa histórica, Una pelea contra los demonios conectaba con un momento muy determinado de la historia de Cuba a finales de los sesenta, recordaba durante la presentación el director de fotografía, Mario García Joya. La Habana era la única parte del país con comercio, mientras las zonas rurales padecían las consecuencias más duras del aislamiento. Estaban condenadas al estraperlo, y al mismo tiempo eran reprimidas por ello.

La película se sitúa en el pueblo de costero San Juan del Cayo en 1659, amenazado por piratas. Un cura fanático (José Antonio Rodríguez) se enfrenta a los contrabandistas y convence al pueblo de huir hacia el interior para escapar de la tentación. La recreación de la Cuba española del siglo XVII es asombrosa. “Aborda temas relacionados con la intolerancia y determinado clima que había en Cuba en los años setenta. Se remonta al pasado para hablar del presente”, explica el historiador Castillo.

Castillo, Ibarra, Alejandra Espasande y García Joya, durante la presentación.
Castillo, Ibarra, Alejandra Espasande y García Joya, durante la presentación.

Los sobrevivientes cuenta la historia de una familia de la burguesía cubana que decide encerrarse en su mansión a esperar a que pase la revolución. Allí metidos van involucionando, con consecuencias trágicas. “Es un homenaje de Titón a Buñuel”, explica Castillo. Mirtha Ibarra comentaba a EL PAÍS que en ambas películas Titón trataba el tema de “la fe obtusa convertida en dogma”, que para él era importante. “Tratan de cómo el aislamiento lleva a la involución. Son temas que trascienden Cuba, son universales”.

En el caso de Los sobrevivientes, el deterioro de años había virado los colores de la película, condenada a lucir ese amarillento verdoso de las fotografías antiguas. Para este trabajo, se pidió la colaboración del laboratorio italiano L’immagine ritrovata, con sede en Bolonia. Sus técnicos emplearon más de 1.600 horas en limpiar el moho y enderezar la película fotograma a fotograma. La restauración del color se hizo en Hollywood.

Los años 60 fueron lo que Castillo llama “la década prodigiosa de los nuevos cines”. En Europa descubrían el cine polaco o el cine japonés, mientras en Cuba surgía un nuevo cine que apenas se vio fuera de la isla. “Fue un cine de ruptura, muy auténtico, muy apegado a la realidad y que fue muy renovador en su momento. El cine cubano fue una corriente renovadora, junto al cinema novo brasliero, y aportó varios clásicos al cine iberoamericano”. La restauración de estas películas para el público cubano es un redescubrimiento, pero buena parte del mundo las verá por primera vez.

“Este tipo de restauración en cuba no se puede hacer todavía, por cuestiones técnicas de falta de formación y por los recursos que lleva”, explica Castillo. “Tenemos que acudir otras instituciones para dar nueva vida a estas películas”.

El proyecto para restaurar estas dos películas partió del Archivo de la Academia de Cine. Las latas llegaron a Estados Unidos tras un viaje a Cuba de Peter Docter (Inside out) para dar una charla sobre animación. Docter se trajo las latas (más de 50, entre negativos y copias) en el primer vuelo directo inaugurado entre La Habana y Los Ángeles, en diciembre de 2015. Ese vuelo ya no existe, debido al cambio político en Estados Unidos, que ha revertido el acercamiento entre los dos países.

Además de la colaboración con la Academia de los Oscar, Castillo ha tenido ayuda del World Cinema Project, de la Film Foundation de Martin Scorsese, que se hizo cargo de restaurar otro clásico de Gutiérrez Alea, Memorias del subdesarrollo (1968), y la película Lucía (1968), de Humberto Solás. Actualmente, el Departamento de Cine y Televisión de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) trabaja en la restauración de cuatro títulos del cine cubano prerrevolucionario.

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