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Lobo Antunes cuenta a los niños cómo su profe le tocaba la pierna

El escritor portugués explica a un auditorio juvenil los tocamientos de un maestro de Moral

El escritor portugués Antonio Lobo Antunes, en su casa en Lisboa en 2015.
El escritor portugués Antonio Lobo Antunes, en su casa en Lisboa en 2015.

A António Lobo Antunes un profe le tocaba la pierna. A sus 75 años, el eterno candidato portugués al premio Nobel se atrevió a rebelar los tocamientos en su edad colegial. Lo hizo delante de unos jóvenes que habían acudido al palacio presidencia para recibir consejos sobre el oficio de escribir.

El enfant terrible de las letras portuguesas, que odia la obra de José Saramago, y menosprecia las de Pessoa y Eça de Queiroz, acudió el martes a la invitación del presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa. Se trata de otra iniciativa del inquieto presidente, esta bajo el nombre Escritores en el Palacio de Belém. Allí, entre una veintena de niños de 10 y 11 años del colegio de Salesianos, Lobo Antunes les contó cómo la mano del profe de Ética se deslizaba por su pantorrilla. "Usaba pantalones cortos y el maestro de la asignatura de Moral comenzó por palparme las rodillas y luego subió por los pantalones".

El profesor también le preguntó por su sexualidad, confesó a los niños, pero no entendió la pregunta y se lo contó a su padre. "Cuando lo dije, mi padre era un pozo enorme de silencio, el silencio se extendió y llegó a mi madre y, de repente, sin decir nada mi padre desapareció. Oímos el motor del coche en el jardín y nada más". El profesor estuvo dos meses sin ir al instituto y nunca regresó a la clase del futuro escritor.

La revelación de Lobo Antunes sucede semanas después de publicar en portugués su última novela, Hasta que las piedras se vuelvan más leves que el agua, donde regresa a sus fantasmas de la guerra de Angola, que vivió en primera persona y que ha dado pie a la película Cartas de guerra, de Ivo M. Ferreira.

Con ocasión de la promoción de su libro, el aspirante al Nobel volvió a escandalizar a la clase literaria portuguesa al asegurar que ya no había en el país escritores que valieran la pena, aparte de él. "Claro que es una gran novela", declaró a los periodistas, "la he escrito yo".