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Todos los ‘cowboys’ son de Praga

El espectáculo de los Hermanos Forman comparte vocabulario con las marionetas de Josef Skupa y con las revistas de Los Vieneses

Un inspirado estudio de la estética de las películas del lejano oeste y de las estampas estereotipadas de vaqueros, forajidos y tahúres. Deadtown reúne dos espectáculos en uno. En la primera parte, los Hermanos Forman, hijos gemelos del director de Alguien voló sobre el nido del cuco, evocan los clásicos del género a través de un colorido ramillete de números de variedades, arraigados en los que teatros itinerantes como el de Manolita Chen llevaban antaño de feria en feria. El paso a dos del caballista a pedales y la cantante (Jacques Schneider y una intérprete anónima: el programa de mano omite todos los nombres del espléndido reparto) es hermosa y frágil flor de invierno.

DEADTOWN

Autores: Ivan Arsenjev, Petr Forman. Compañía: Hermanos Forman. Escenografía: Josef Sodomka, Matej Forman. Director: P. Forman. Madrid. Naves Matadero, hasta el 28 de enero.

En la segunda mitad, Petr Forman, director y coprotagonista, invoca cual Próspero en su isla una tempestad que transforma la naturaleza del espectáculo. Sorprendentemente, el teatrito de variedades se convierte en escenario mágico de una película tridimensional en color sepia, donde lo representado en vivo se funde con proyecciones de vídeo, en un ejercicio de ilusionismo puro. Méliès y los grandes cómicos del cine mudo asoman entonces la oreja, la acción transcurre sincopada, la película crepita y se desincroniza.

Deadtown salta de una localización a otra mediante escenarios colocados a alturas diferentes, a imitación del inolvidable El compromiso, del almeriense Axioma Teatro. Aunque gire en torno al western, el nuevo espectáculo de los Forman tiene perfume centroeuropeo: comparte vocabulario con las marionetas de Josef Skupa y con las revistas de Los Vieneses.

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