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Viñetas de un ‘boom’ latinoamericano

La FIL certifica el auge del cómic en el continente: el número de creadores se multiplica, las editoriales se extienden y las cifras de ventas aumentan

Una ilustración de Bef.
Una ilustración de Bef.

En América Latina, el cómic celebra incrédulo el éxito. Disfruta del boom, de la llegada de la fama y del comienzo del fin de ese profundo bache con el que tropezó en la década de los noventa. Van quedando atrás los difíciles y tortuosos años de silencio, y parece acercarse de nuevo la época dorada del género. Para algunos expertos, esto es solo el comienzo. Otros, más precavidos, sostienen que el futuro es incierto. No descartan que la fama sea efímera, el fenómeno una burbuja y el logro termine hecho añicos de nuevo.

Por el momento, el público quiere al cómic, demanda nuevos títulos y empuja su éxito. El número de creadores se multiplica, las editoriales independientes se extienden y las ventas alcanzan cifras que hace un tiempo eran un sueño: en México las grandes firmas hablan de un aumento de entre el 10% y el 20%. “La subida es muy agresiva y acelerada. Evidentemente, conforme vayamos creciendo empezará a desacelerarse. Veníamos de un mercado prácticamente virgen y de una época en la que la oferta era muy restringida”, cuenta Sonia Batres, directora general de Caligrama Editores, una de las pocas editoriales medianas que publica novela gráfica en México.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) también se hace eco de este éxito. Por primera vez, dedica un pabellón a la novela gráfica, un termómetro de la buena salud de la que goza el género. Grandes firmas, editoriales medianas y un buen número de artistas independientes y colectivos ocupan la treintena de estands sobre el cómic que hay en el evento. René Córdova y Héctor Germán Santarriaga, dos autores mexicanos, han compartido, junto a otros compañeros, estand, transporte y algunos costes para poder hacer un poco más barato su presencia en esta cita. Ellos han impreso, trasladado y ahora venden sus últimas obras en uno de los puestos. Sus cómics, made in Mexico, compiten con Spiderman, Capitán América y otros superhéroes que encandilan al público. En su mostrador no se agolpan los fans, pero aún así sus ventas constituyen un hito, la cifra ha ido en aumento desde hace algún tiempo.

“La novela gráfica es un formato que está en el punto de despegue. Conocemos bien el piso, no sabemos aún dónde está el techo”, asegura Diego Rey, editor de Hotel de las ideas, una de las firmas que en Argentina ha impulsado el género. Publican 12 títulos al año y celebran los 2.000 ejemplares de tiraje que tienen algunas de sus obras, imposible de alcanzar hace solo unos años. Es el resurgimiento de una industria, todavía débil, en la que han sido los propios artistas quienes han conseguido reflotar el género.

Una ilustración de Tony Sandoval.
Una ilustración de Tony Sandoval.

Los mexicanos Bef y Luis Fernando, los argentinos Juan Sáenz Valiente y María Luque, los colombianos Power Paola y Jim Pluk o la chilena Catalina Bu han logrado que empiecen a ser conocidos sus nombres. Mientras tanto, algunos autores se alían en colectivos con los que ganar fuerza y poder vender mejor sus obras, otros tienen sus propias editoriales y una inmensa mayoría crea, imprime, distribuye e incluso vende sus publicaciones. Pero, a pesar de todos los esfuerzos, para muchos vivir de la novela gráfica sigue siendo un sueño.

“El cómic está polarizado entre los grandes grupos y la microedición. Son las pequeñas editoriales las que apuestan por el riesgo, pero tienen difícil la distribución. Se está generando una industria que todavía está en pañales, lo que sí hay es un circuito de ediciones alternativas que ha logrado tener contactos internacionales entre los diferentes países de América Latina y que tiene una vitalidad increíble”, cuenta el crítico de cómics barcelonés Álvaro Pons.

Unos cimientos propios que, aunque todavía débiles, permiten expandir un tanto el género. Por el momento, han dicho adiós a la crisis de los 90 y miran de reojo a España, donde el cómic se recuperó antes y sigue conquistando el mercado.

Uno de los pasillos de la FIL.
Uno de los pasillos de la FIL.

“En los ochenta, de forma instantánea, el cómic apareció y también de igual manera se esfumó. Fue una burbuja que se pinchó y ahora hay gente que le preocupa que pueda tratarse de un proceso similar. Creo que no será así, el crecimiento es sostenido y se cuenta con unos cimientos. Es un proceso irreversible”, señala Pons.

Aquella caída fulminante dejó un pequeño grupo de supervivientes en América Latina, que hoy ha dado lugar a un movimiento que, incrédulo, admira la vuelta del éxito. El cómic ha resurgido entre las cenizas y novelas gráficas locales han llegado a tener tiradas de 12.000 ejemplares. Así ocurrió en Chile con la novela gráfica Mocha Dic, de Francisco Ortega y Gonzalo Martínez, según relata el chileno Carlos Reyes. Un país en el que más de un centenar autores han publicado al menos un cómic con alguna editorial en los últimos 10 años.

Una batalla contra "el bombardeo de Marvel para hacer un cómic local", cuenta el caricaturista mexicano José Hernández, de la que ha surgido una novela gráfica en la que no solo hay superhéroes, sino que también se habla de amor, feminismo o violencia en América Latina. Las nuevas publicaciones seguirán luchando por reconquistar al público que un día les adoró. Para ello, aún deben despojarse del estigma que los asocia con lo infantil y los considera un género menor de la literatura.

Del ‘webcómic’ al éxito

V. U.

Internet se ha convertido en uno de los mejores aliados de la nueva novela gráfica. Numerosos creadores han conseguido gracias al webcómic dar el salto a las publicaciones en papel. Un sinfín de autores han volcado sus obras en la Red, dando lugar a un fenómeno que, aunque en perfecta conexión con la novela gráfica clásica, incorpora un lenguaje propio que pisa con fuerza y podría transformar el género.

Se trata de nuevos formatos en los que se puede “introducir sonido o animaciones que el papel no permite”, cuenta el crítico Álvaro Pons. Así ocurrió con El hábito de la mordaza, un cómic de Germán Andino sobre la violencia en Honduras que publicó EL PAÍS y se llevó este año el Premio Gabriel García  Márquez a la Innovación de la Fundación Para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

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