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Gonzalo Pontón: “Hoy sufrimos la misma desigualdad que en el XVIII”

El editor gana el Nacional de Ensayo por ‘La lucha por la desigualdad’, "inteligente indagación en las raíces" de la temática, según el jurado

Gonzalo Pontón, en noviembre de 2016 en Barcelona. Ampliar foto
Gonzalo Pontón, en noviembre de 2016 en Barcelona.

Voltaire, el intelectual comprometido con la justicia y la verdad, el gran combatiente por el progreso y adalid contra la infamia, daba préstamos al 20% “e intentaba que no se los devolvieran para así poder quedarse con el aval; y arrugaba la nariz a que los niños de campesinos fueran a escuela porque entonces, decía, ¿quién trabajaría la tierra?”. La anécdota, con toda su retranca y el enciclopédico conocimiento histórico que comporta, define bien la personalidad del veterano editor Gonzalo Pontón (Barcelona, 1944). Y, a su vez, la esencia última de su primer y único libro, La lucha por la desigualdad(Pasado & Presente), por el que acaba de recibir los 20.000 euros del premio Nacional de Ensayo que otorga el ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

La tesis de las 780 páginas del libro, galardonado por “la fluidez y erudición de la prosa, por su inteligente indagación en las raíces de la desigualdad y por su tratamiento de la Ilustración desde una perspectiva novedosa y actual”, según el jurado, las resume el siempre cáustico Pontón en una sola frase: “Las desigualdades sociales de hoy arrancan a finales del XVIII y, tristemente, hablando de ellas hablo de ahora mismo; sufrimos la misma desigualdad que entonces”.

Básicamente, todo arranca en Inglaterra, cuando los terratenientes, “los mismos que ya controlaban el Parlamento”, argumentan que “para que el pueblo progrese convienen grandes instalaciones agrarias y no la profusión de pequeñas y parceladas tierras que dan un limitado alquiler y apenas subsistencia individual; con las nuevas leyes, millón y medio de campesinos deben abandonarlas y se convierten en mano de obra barata... Y así, entre cuatro, montan la revolución industrial, pagando, claro, cuatro reales porque se basó en el algodón, producto salido de la tierra, cultivado por esclavos y con un carbón para la maquinaria de vapor que provenía de la propia tierra... Ahí se produce una destroza social”, asegura el autor. ¿No había desigualdad social en la Edad Media, por ejemplo? “La desigualdad siempre ha existido, pero hasta entonces era muy estática; en ese instante dará un salto enorme”.

El nacionalismo como ‘zanahoria’

Entre las diversas zanahorias (culturales, religiosas...) con las que desde el XVIII las élites distraen al pueblo, Gonzalo Pontón cita la de las nacionalidades. “El movimiento nacionalista, en cuanto separatista, crea desigualdades, las promociona: ‘Nosotros solos lo haremos; somos diferentes; con nosotros esto será Jauja...’ y la gente lo compra, cree cosas muy poco racionales... Se juega con la fuerza emocional de la gente, es auténtica manipulación de sentimientos”, defiende. “Ahora estamos con que la República Catalana lo resolverá todo... Visto lo visto, quiero pensar que muchos políticos deben, además, vivir autoengañados. Los dirigentes que tenemos, tipo Oriol Junqueras, ¿son muy idiotas o muy astutos? Estos días estoy con esta angustia”, dice sardónico. Y, como editor, le preocupan las palabras. “Rajoy y Puigdemont hablan de democracia. ¿Es la misma palabra? ¿Vale para todo? Es el lenguaje propio de la casta: muy distinto del del pueblo”.

Ese brinco mortal, tristemente, no ha hecho más que agrandarse en los siglos XIX y XX, según Pontón, hasta extremos inimaginables que llevan a que hoy “60 individuos tengan tanto dinero como 3.500 millones de personas; desde 2007, la gente rica es inmensamente más rica; y la más pobre, inmensamente más pobre... Y así, claro, llegaremos a que uno solo tenga más que 7.500 millones de personas; y entonces habremos descubierto a Dios; sí, será él”, dice, socarrón e iconoclasta.

Añade a la desigualdad económica clásica hoy una vertiente vital y otra intelectual. “Las desigualdades crean tal frustración que se traduce hasta en suicidios, que están incrementándose”. La intelectual es más sibilina: “Se trata de tener a la gente atontada, dándoles cualquier tipo de zanahorias; en el XVIII y ya antes, era la religión; hoy, es un entretenimiento banal que la aleje de una información que sólo está en manos de las clases dirigentes y que el pueblo no ha de tener. Las élites han creado un mundo en el que sólo están ellas y sólo ellas tienen una información privilegiada; huelga decir que ese desequilibrio se traducirá en desigualdad económica”.

Es en esa línea que hay que entender que Pontón, que arrancó como editor en 1964 en la mítica Ariel, que en 1976 fundó Crítica (Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural en 2007) y que creó en 2011 la editorial Pasado & Presente, asegure: “Me he pasado la vida, 53 años, fracasando como editor: siempre he hecho libros para hacer pensar, reflexionar, para que la gente sea consciente de su vida. ¿Y que he conseguido?”, se pregunta retóricamente. Pero está orgulloso de su libro: “Es el de mi vida, desde que estudiaba Historia en la universidad que le daba vueltas a eso de la desigualdad, pero no tenía tiempo de escribirlo porque he sido un editor de picar piedra, de 13 y 14 horas en el despacho... Y si lo he podido hacer fue por los dos años que, por contrato, no podía crear una editorial después de que me echaran de Planeta”, deja caer como otro guiño sarcástico de la vida.

Su libro es, nunca mejor dicho, autoeditado: “No me lo habría publicado nadie, por grueso y porque es durillo, hace pensar, y el ensayo en España es autoayuda y las chafarderías de Chenoa”. En cualquier caso, hay una lucecita: ha vendido dos ediciones, unos 4.000 ejemplares. Aún así, Pontón, que ahora no descarta escribir unas memorias, no ve demasiados elementos para pensar que el mundo irá a mejor. Y saca a colación los recientes Papeles del Paraíso o las denuncias que reúne en su último libro Naomi Klein. “El pueblo ignora todo eso que es fruto de información privilegiada y eso es capital para la élite. Eso también es desigualdad”.

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