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Las fábulas morales de Neil LaBute

Noemí Climent y Rut Santamaría interpretan dos piezas humorísticas del autor estadounidense inéditas en España

Imagen promocional de 'Lo posible'.
Imagen promocional de 'Lo posible'.

Un moralista. Neil LaBute tiene fama de autor incómodo y aguafiestas, dado a meter el dedo en ojo ajeno, pero en cada obra suya se adivina una intención moralizante. Se le entrevé preocupado por separar el bien del mal, la verdad de la impostura, lo franco de lo endiablado. Como Pinter y Mamet, a qienes admira, aprovecha su popularidad para colar temas incómodos en el apacible orden del día del público de clase media.

LO POSIBLE

Autor: Neil LaBute. Traducción y adaptación: J. M. Carrasco y R. Santamaría. Intérpretes: Noemí Climent, Rut Santamaría. Luz: Sara Moyano. Vestuario: Claudia Pérez Esteban. Escenografía: Edu Parrilla. Dirección: José Manuel Carrasco. Madrid. Teatros Luchana, hasta fin de noviembre.

En Lo posible, LaBute le da la vuelta a un ajuste de cuentas entre rivales afectivos para deslizar al cabo la idea de que las personas con una orientación sexual firme pueden variarla sobre la marcha si la ocasión lo merece. En Buena suerte (en persa), mediometraje que completa este programa doble, dos actrices aspirantes a un papel sirven al autor para alertar humorísticamente sobre la doblez disfrazada de solidaria bonhomía. Aunque su escritura es abiertamente contemporánea, en ambas obritas se palpa, puesta al día, una intención aleccionadora equivalente a la que anima los exempla (fábulas doctrinales) del medievo.

Un ejemplo positivo y uno negativo, pues, en los que brilla la vis cómica de dos actrices de raigambre. En Buena suerte, dirigidas con guante de seda por José Manuel Carrasco, Noemí Climent y Rut Santamaría bordan a ganchillo el tapiz de intensa superficialidad que caracteriza las relaciones coyunturales entre “profesionales de la profesión”, como llama Alain Tanner irónicamente a la gente del gremio cuando se pone estupenda.

Tiene esta pieza momentos óptimos, porque autor, director e intérpretes conocen al detalle el terreno que pisan. Que las actrices digan a micro las acotaciones, es idea que ahorra escenografía y marca distancia con los diálogos dramáticos. Lo posible es una pieza no tan abiertamente cómica, con pellizco sentimental. Trufada de tópicos, la caricatura que ambas actrices hacen de sí mismas a modo de prólogo desmerece de lo que viene después.