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El Liceo ingresa un 30% menos en dos meses por la crisis catalana

Los teatros y cines acusan un descenso generalizado de ventas de entradas

Fachada del Gran Teatro del Liceo de Barcelona.
Fachada del Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

La inestabilidad de la situación política que se está viviendo en Barcelona en los últimos dos meses está teniendo un impacto directo en el consumo cultural en salas de teatro, cines y auditorios. El Liceo, una de las instituciones culturales más representativas de Barcelona, está acusando con más rotundidad la reducción de público: ha dejado de ingresar 400.000 euros entre septiembre y lo que va de octubre de la venta de entradas en taquilla, un 30% menos respecto al mismo periodo del año pasado. “Se empezó a notar un poco tras los atentados de agosto, que marcaron un descenso de las entradas que se compran en ventanilla para asistir a funciones futuras o para paquetes regalo. Ahora, la situación es preocupante sobre todo si se convierte en tendencia. Si seguimos así tres o cuatro semanas más será negativo, pero si no remonta en los próximos meses será insostenible. Y es un fenómeno que no es exclusivo del Liceo porque todos los operadores culturales de la ciudad están más o menos igual”, explica Roger Guasch, director general del centro lírico.

Problemas laborales en los museos

Huelga de los trabajadores de la Fundación Miro, ayer.
Huelga de los trabajadores de la Fundación Miro, ayer.

José Ángel Montañés

Desde mitad de agosto, el problema de muchos museos barceloneses nada tiene que ver con lo político. El Macba puso fin el sábado a una huelga de 66 días del personal subcontratado que se encarga de la venta de entradas y los servicios educativos; se han dejado de ingresar, calculan, 275.000 euros y sufrido una reducción del 37% de los visitantes. Y la huelga acabó porque ese día finalizaba el contrato con la empresa concesionaria.

Desde ayer, un conflicto idéntico obliga a la Fundación Joan Miró a cerrar sus salas y posponer la inauguración de su gran exposición de la temporada. El Instituto de Cultura de Barcelona no dispone de cifras que cuantifiquen cómo ha afectado la situación que vive la ciudad, pero centros como el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) aseguran que el procés no les ha pasado factura en cuanto a visitantes. “Nos mantenemos en el crecimiento del 10% de los últimos años”, aseguran desde el primer museo catalán, aunque notan como la facturación ha descendido, mínimamente, “debido a que todos, locales y extranjeros, se acogen a descuentos. La entrada cuesta 12 euros, pero la media de visitantes paga solo dos”. Desde el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), con mayoría de visitantes locales, explican que “salvo días puntuales, el público ha respondido a todas las convocatorias como siempre”.

En el teatro de ópera de Barcelona, la venta de entradas supone unos ingresos por temporada de 15 a 16 millones de euros. La mitad de esa cantidad corresponde a los abonados y el resto procede de la venta en ventanilla, de ahí la preocupación por el ritmo de los dos últimos meses. De esos 400.000 euros menos contabilizados, 270.000 son de entradas que no se vendieron de las siete funciones del primer título de la temporada, Il Viaggio a Reims. Los restantes 130.000 son el cálculo que han realizado de la venta futura —de otros títulos programados— que se han dejado de ingresar, siempre comparándolo con los datos de 2016: “La gente está más pendiente que nunca de la tele y de las noticias”, añade Guasch.

El problema está repercutiendo también en los abonos flexibles que son los que más se adquieren en otoño, justo al empezar la temporada: “Por estas fechas, el año pasado habíamos vendido 200 y este, 65”. El cálculo de espectadores para estos días era de 20.000 y no se han superado los 17.000: “El que niegue que no le pasa algo parecido, falta a la verdad, porque nos está afectando a todos y confiamos en que esto cambie, porque el Liceo, además, ha hecho un esfuerzo titánico para remontar la situación financiera”, zanja Guasch.

El impacto no es tan acusado en el Palau de la Música en su doble actividad: la turística y como sala de conciertos. “El dato más objetivo que tenemos es la caída de visitas guiadas en el puente del Pilar, que es tradicionalmente de turismo español, que fue de un 20% respecto al año pasado”, explica Joan Oller, director general del Palau.

El atentado que sacudió Barcelona el 17 de agosto, por el contrario, solo provocó cancelaciones los días inmediatamente posteriores para volver a la normalidad a la semana siguiente. “En los conciertos de Palau 100 —los que programan directamente— el mayor volumen es de abonados y esos no se han visto afectados por la coyuntura”, añade. En cambio, la venta por ventanilla ha bajado un 15% a partir del 1 de octubre. “Lo importante es que no se vean escenas de violencia que es lo que realmente alarma”, apunta Oller en referencia al gran impacto que tuvieron las cargas policiales del 1-O. El Palau, como todos los centros culturales de la ciudad, se sumó a la huelga dos días después.

El pasado sábado, día de apertura de la temporada del Palau, se registró un lleno prácticamente total pese a que esa misma tarde cerca de medio millón de personas salieron a las calles del centro pidiendo la libertad de los dirigentes de Òmnium Cultural y de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), Jordi Cuixart y Jordi Sànchez.

 

Días críticos

En los teatros se está resintiendo la venta anticipada y los abonos. Eso ha pasado con uno de los festivales más importantes de Cataluña, el Temporada Alta de Girona, tal como reconoció recientemente su director, Salvador Sunyer, aunque la venta en taquilla se ha duplicado. El Mercat de les Flors también ha notado un descenso de abonos. “No nos podemos aventurar a decir si el procés ha influido porque las funciones en las tres salas del Lliure de Montjuïc empiezan mañana y en el caso del de Gràcia, que lo hizo en septiembre, han ido muy bien”, concretaban desde el Lliure. La patronal del sector, ADETCA, sitúa la bajada del público entre un 25% y un 30%. Un descenso que impacta de forma muy desigual: apenas dos puntos en el caso del Teatre Nacional de Catalunya (TNC) y, en cambio, muchas butacas vacías en las salas del centro.

Uno de los cines de Barcelona que es un buen termómetro de lo que pasa en la ciudad, los Verdi de Gràcia, ha sufrido un descenso de ocupación en sus salas entre un 25% y un 30%. Las bajadas más importantes son en fines de semana y más los días de movilizaciones: “Entonces son caídas espectaculares, mucha gente se queda en casa para ver las noticias y evitar riesgos y líos”, reconoce un responsable de los cines.

Las ventas de libros también bajan, pero se mantienen aún en guarismos positivos. Así, las cifras del tercer trimestre muestran un crecimiento en Cataluña de un 2,4%, menos de la mitad de lo que estaba subiendo de media en los últimos tres años. La situación sociopolítica, desde el referéndum del 1-O, parecería haber provocado una desaceleración dentro de la desaceleración. “El atentando yihadista de agosto se encajó en unos días, pero las últimas tres semanas están teniendo un comportamiento muy diferente al último trimestre”, admite Marià Marín, secretario técnico del Gremi de Llibreters de Catalunya, informa Carles Geli.

El sector ha constatado que los días de paros y manifestaciones “han sido fatales”. La facturación ha bajado pero más el número de ejemplares vendidos, lo que demuestra que “se compran libros más baratos”. El segundo aspecto es que las librerías del centro de la ciudad han sufrido más que las que no están ahí ubicadas, lo que explicaría las cifras que dio el presidente de Planeta, Josep Creuheras, hace justo 10 días, cuando indicó que, en sus tiendas de Casa del Libro, las dos céntricas, las ventas habían caído un 25%. “Sólo el libro de texto y el infantil y juvenil aguantan el bajón”.