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Crítica | Terrenal
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El hermano llano y el esdrújulo

Los hijos de Adán y Eva protagonizan un texto incisivo de Mauricio Kartun, memorablemente interpretado y puesto en escena

Javier Vallejo
Claudio Martínez Bel, en 'Terrenal'.
Claudio Martínez Bel, en 'Terrenal'.Sofía Montecchiari

TERRENAL

Autor: Mauricio Kartun.

Actores: Claudio da Passano, Claudio Martínez Bel, Rafael Bruza.

Sonido: Eliana Liuni. Luz: Leandra Rodríguez.

Escenografía y vestuario: Gabriela Aurora Fernández.

Madrid. Teatro de La Abadía, hasta el 22 de octubre.

Estos señores de terno negro con sombrero pork pie, ¿son Caín y Abel o más bien Totò y Peppino de Filippo en un avanspettacolo napolitano de los años 30? Mauricio Kartun sitúa a los hijos de Adán y Eva esperando a Godot en el escenario de un teatrillo de variedades dialectal, rodeados de soledad metafísica.

Contemplar al ocioso segundón, le amarga el día al desvelado primogénito. Este aparenta, envidia y nunca tiene lo bastante. Aquel comparte cuanto posee, duerme despreocupado y respeta la linde que su hermano no para de cruzar: filosofa mientras el otro invoca las Sagradas Escrituras y la fuerza bruta.

Kartun tiene algo que contarnos, sabe cómo y se rodea bien. En Terrenal, pequeño misterio ácrata, texto incisivo, ingenioso, excelentemente vehiculado, la forma está al servicio de una idea inspirada: presentar el episodio bíblico fratricida como acto fundacional de la Historia. La función tiene grosor, fluidez, musicalidad y un tempo ligero, propio de los espectáculos de variedades. Parece una farsa, pero es un trágico misterio medieval.

Sin llevar máscara los intérpretes (extraordinarios los tres), sus personajes son máscaras del guitto, género heredero de la vieja comedia del arte.

Vestido con chaqueta corta de mangas y zapatos sin calcetines, el Abel de Claudio da Passano transmite ternura y desvalimiento, cual Totò en Uccellacci e uccellini. Claudio Martínez Bel es un Caín energúmeno, rebosante de sí: su empatía la vendió al mejor postor. El divino Tatita de Rafael Bruza, carablanca uno y trino, cruce azaroso entre los geniales payasos Auriol, Grimaldi y John Price, es fiel de una balanza mal calibrada.

La escenografía de telones de Gabriela Aurora Fernández, sus figurines en blanco y negro; la luz seca, sangrante, de Leandra Rodríguez; la certera caracterización y la elección como leitmotiv de Signora maestra, canzone de Nicola Paone, redondean un espectáculo memorable.

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Sobre la firma

Javier Vallejo
Crítico teatral de EL PAÍS. Escribió sobre artes escénicas en Tentaciones y EP3. Antes fue redactor de 'El Independiente' y 'El Público', donde ejerció la crítica teatral. Es licenciado en Psicología, en Interpretación por la RESAD y premio Paco Rabal de Periodismo Cultural. Ha comisariado para La Casa Encendida el ciclo ‘Mujeres a Pie de Guerra’.

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