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Ética de la ligereza

El filme tiene muy claro que quiere ser una comedia, también tiene claro que la dignidad de sus personajes nunca será pisoteada para obtener una risa

La suerte de los logan
Adam Driver, Daniel Craig y Channing Tatum, en 'El secreto de los Logan'.

LA SUERTE DE LOS LOGAN

Dirección: Steven Soderbergh.

Intérpretes: Channing Tatum, Adam Driver, Katie Holmes, Daniel Craig.

Género: comedia. Estados Unidos, 2017

Duración: 118 minutos.

Cuatro años después de haber anunciado su retirada del mundo del cine –una decisión poco convincente en un verdadero militante del cine-, Steven Soderbergh ha vuelto con un gesto que, a los ojos de este crítico, le engrandece: lejos de pretender un regreso triunfal por la puerta grande de la obra ambiciosa o el experimento autoral –de ambos extremos hay muestras en su filmografía-, el cineasta ha venido con un seductor e inesperado ejercicio de ligereza bajo el brazo, del que se desprende algo muy poco habitual en el moderno cine espectáculo –una contagiosa felicidad en la ejecución- y en el que se despliegan un no menos inusual amor por los personajes y un sostenido cuidado a la hora de imprimir un deje de vitalidad y originalidad a cada escena. La suerte de los Logan es, pues, una magnífica noticia: una película redonda que no va de película importante, casi la respuesta redneck a su Ocean’s Eleven (2001), tal y como sugiere uno de los muchos guiños de la película.

Channing Tatum y Adam Driver encarnan a dos hermanos empeñados en burlar una supuesta maldición familiar a través de un insensato plan de robo durante la celebración de una carrera automovilística en Carolina del Norte. El primero tiene una pierna lesionada que ha motivado su súbito despido laboral. El segundo volvió de Irak sin un brazo. La suerte de los Logan tiene muy claro que quiere ser una comedia: también tiene claro que la dignidad de sus personajes nunca será pisoteada para obtener una risa. La secuencia de presentación del personaje de Daniel Craig, teñido de rubio platino, recupera la capacidad del mejor cine clásico para fijar una presencia e incendiar de feliz intensidad un momento que otro cineasta menos imaginativo hubiese abordado únicamente en términos de funcionalidad narrativa.

La última de Soderbergh cuenta un robo accidentado con la seguridad en la conducción de un chófer de fugas en un atraco perfecto. La secuencia en la que Adam Driver mezcla un cóctel con un solo brazo para desafiar a unos matones posee la belleza de una irrebatible declaración de principios.

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