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Barrios más resilientes y exitosos después de un huracán o un terremoto

El reconocido arquitecto danés Bjarke Ingels habla de los retos de la reconstrucción de una ciudad después de un desastre natural

Ingels participa en el proyecto Dryline que pretende evitar inundaciones en Nueva York, tras el paso del huracán Sandy (2012). El arquitecto predica sobre la oportunidad que viene tras los desastres naturales de reconstruir de manera más integral y plantando la semilla de las ciudades del futuro.

Bjarke Ingels durante su conferencia en el Centro Roberto Garza Sada.
Bjarke Ingels durante su conferencia en el Centro Roberto Garza Sada.

"Formgivning" o diseño en danés, es un concepto que el arquitecto Bjarke Ingels (43 años) desmenuza para entender los objetivos de esta disciplina: en su traducción más literal significa dar forma o formar. Para el danés el paisaje, el clima y la cultura de una región deben determinar la evolución de la infraestructura del sitio. El arquitecto fue galardonado con el León Oro en la Vienal de Arquitectura de Venecia (2005) y en 2016 la revista Time lo nombró una de las 100 personas más influyentes del mundo. 

En su visita a Monterrey (México) al congreso de arquitectura, arte y diseño UDESIGN de la Universidad de Monterrey, Ingels cerró el evento -el pasado jueves 5 de octubre- con una exposición de tres de los proyectos más ambiciosos de su firma Bjarke Ingels Group (BIG): DryLine, un proyecto de regeneración en Nueva York tras el paso del huracán Sandy (2012); el nuevo campus de Google en Silicon Valley; y la Mars Science City, una simulación de ciudad que se podría construir en 100 años sobre la superficie de Marte.

Sobre Dryline, el arquitecto abundó en una conversación telefónica con EL PAÍS: “La idea era tratar de construir las medidas de protección contra inundaciones de una manera que no las vieras como ingeniería de primer nivel sino como una mejora de las fuentes de agua. Dryline, como le decimos, va a mantener a Nueva York seco, y si vienes en unos años ni te darás cuenta de que esta infraestructura está ahí”, dijo Ingels.

La evolución y la sostenibilidad son dos de los conceptos más recurrentes que utiliza el arquitecto para explicar sus proyectos. Para el danés la sostenibilidad tiene que ver con ser efectivo e inteligente con los recursos con los que se cuentan. También apunta a los cambios migratorios, culturales, del medio ambiente, como oportunidades: “De donde quiera que venga el cambio, cada que el cambio sucede es una oportunidad única para nosotros, los arquitectos y los diseñadores, para dar forma al futuro en el que queremos vivir”.

Ingels es uno de los arquitectos jóvenes más reconocidos del mundo: ha diseñado edificios como la Casa Lego (Billund, Dinamarca) y Via 57 West (Nueva York) que buscan integrarse en la ciudad sin ser invasivos con el paisaje. “Le llamamos infraestructura social, infraestructura que tiene efectos sociales positivos. Normalmente la infraestructura como una fábrica o una autopista solo tendrá efectos sociales negativos, pero lo que estamos tratando de hacer es crear una nueva generación de infraestructura que sea tan cuidadosamente considerada que tenga efectos sociales y ambientales positivos”, dijo Ingels.

La tragedia también es una oportunidad

Lo primero después de un desastre natural como el huracán Sandy o un terremoto como el del pasado 19 de septiembre en la Ciudad de México es asegurarse de que la gente no corra peligro en las zonas en las que están habitando. Pero lo segundo es la urgencia de una recontrucción que permita habitar a los damnificados.

“Cuando tienes una gran área urbana que ha sido destruida o deshabilitada, la urgencia representa también una posibilidad para, no solo reconstruir como estaba, sino también para usar esta necesidad  como una manera de levantar barrios o vecindarios que sean más resilientes y más exitosos que los que se reemplazaron”, mencionó.

La estadística que da el experto para la reconstrucción de comunidades destruidas, cuando han sido atacadas porque están en guerra o sufren algún desastre natural, es de una década a 15 años, según la información que le ha compartido la Fundación Ikea que construye refugios para damnificados por la guerra.

“Aunque haya esta urgencia debemos también pensar que cuando creamos refugios temporales, en realidad estamos sembrando una nueva ciudad. Hay un corto plazo, pero todas las cosas que haces a corto plazo inevitablemente se convierten en el inicio de algo a muy largo plazo”, apuntó Ingels.

Lo ideal es desarrollar estrategias inteligentes que lleven a fundar nuevos barrios o nuevas ciudades, no solo "un campo de tiendas de campaña".

“Y hay que estar conscientes de que incluso las soluciones temporales tienen una tendencia a volverse permanentes, así que cualquier cosa que se haga ahora será la semilla del futuro de la Ciudad de México”, concluyó Ingels.

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