Obituario

Ricardo Cantalapiedra, el cantautor de los periódicos

Escritor, guionista, militante del PCE y rey del bolero, compuso famosas canciones de misa

Ricardo Cantalapiedra, en una actuación de 1997 en Madrid como Ricky Bolero.
Ricardo Cantalapiedra, en una actuación de 1997 en Madrid como Ricky Bolero.Claudio Álvarez

Cantautor cristiano, seminarista, cantautor protesta, militante comunista, escritor, periodista, guionista, rey del bolero, gran jugador de billar. Ricardo Cantalapiedra (Carrizo de la Ribera, León) murió el domingo 24 de septiembre en Madrid, a los 74 años, víctima de un tumor. Su vida será recordada por fragmentos, pero pocos podrán reunirlos todos en un mismo rompecabezas, ni siquiera los que fuimos sus amigos. Yo mismo, que lo traté tanto, me he sorprendido al repasar la documentación del periódico y descubrir que él escribió la famosa versión-invención en castellano de Blowin’ in the Wind, titulada aquí Saber que vendrás y que tanto se cantó en las iglesias en los años sesenta y setenta, probablemente sin que Bob Dylan fuera avisado.

Ricardo había estudiado seis años en un seminario, y luego, mientras cursaba Filosofía y Letras en Madrid, se encuadró en las comunidades cristianas antifranquistas. Por aquel entonces cantaba con su guitarra por los ambientes estudiantiles, donde llegó a compartir escenario con su amigo Julio Iglesias.

Muchas de sus composiciones religiosas (algunas con ciertos tintes reivindicativos) se entonaron durante años en los templos: El profeta, El peregrino, Hombre de barro…

Su conciencia social lo llevó a integrarse después en el PCE, entonces ilegal, y sus discos cambiaron de enfoque: compuso En casa de la Maruja (un retrato de la clandestinidad) o las irónicas Qué bello es mi país y Perpiñán, jardín de flores, que cantó por colegios mayores, festivales estudiantiles y grandes concentraciones en favor de la democracia. En una ocasión, en Astorga, la censura le prohibió todas las canciones del repertorio menos una. Como tenía contratado actuar durante una hora, entonó la misma canción todo el rato. La gente entendió lo que sucedía y rompió a reír con cada repetición.

En los años noventa, su faceta de cantante protesta derivó en bolerista. Con el seudónimo de Rocky Bolero, actuaba por los garitos del barrio de Malasaña. Y en 2008 llegó a cantar en un programa de El Larguero (cadena SER) que se transmitió desde Getafe, lugar donde él había vivido durante sus primeros tiempos madrileños.

Esa carrera musical convivió luego con otras facetas. A partir de 1982 dedicó una parte de su creatividad a la literatura, y ganó dos prestigiosos premios de relatos: el Ignacio Aldecoa y el Ciudad de San Sebastián. Publicó obras divertidas como El libro secreto de los camareros o Bestiario urbano y empezó a colaborar en la prensa. En EL PAÍS escribió desde 1984 críticas musicales, y más tarde reportajes, entre ellos uno desde la Ruanda en guerra en la que vivió el asesinato de su compañero de expedición Luis Valtueña, reportero gráfico. Pero su gran satisfacción era escribir una columna dominical para el cuadernillo Madrid (desde 1993 a 2012), casi siempre con tintes humorísticos y surrealistas. Uno de esos artículos fue galardonado con el premio Don Quijote de Periodismo 2011, que recibió de manos del rey Juan Carlos. En aquel texto afirmaba sin despeinarse que las estatuas de Madrid tienen la cara muy dura.

Antes había colaborado en la extinta Radio El País como guionista, oficio que también desempeñó en televisión (trabajó en diversas producciones de Globomedia).

Sus últimos años los pasó entre atenciones médicas, cuidado y ayudado por el viejo amigo Jorge Lafora. Sus conocidos lo recuerdan como un ejemplo de ser entrañable a quien siempre se recibía con agrado. Sobre todo, en el viejo Café de Mahón, en la plaza madrileña del Dos de Mayo, donde en los años noventa demostraba su clase en el juego del billar. Como siempre había alguien que le proponía algún tema más de conversación, acabó desarrollando una gran habilidad para desaparecer de los sitios sin que nadie se diera cuenta y sin despedirse.

Ahora lo ha vuelto a hacer.

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Sobre la firma

Álex Grijelmo

Doctor en Periodismo, y PADE (dirección de empresas) por el IESE. Estuvo vinculado a los equipos directivos de EL PAÍS y Prisa desde 1983 hasta 2022, excepto cuando presidió Efe (2004-2012), etapa en la que creó la Fundéu. Ha publicado una docena de libros sobre lenguaje y comunicación. En 2019 recibió el premio Castilla y León de Humanidades

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