El director ruso Kiril Serébrennikov, bajo arresto domiciliario

El artista está acusado de presunta malversación de fondos estatales El estreno de su última obra fue anulado por el Teatro Bolshói

Kirill Serebrennikov, hoy, en Moscú, al salir del juzgado.
Kirill Serebrennikov, hoy, en Moscú, al salir del juzgado. Alexander Zemlianichenko (AP)

El famoso director ruso Kiril Serébrennikov ha sido puesto bajo arresto domiciliario hasta el 19 de octubre. Así lo dictaminó la jueza Yelena Lenskaya, del tribunal Basmanni de Moscú, que se negó a dejarlo en libertad bajo fianza, a pesar de las intervenciones hechas en su favor por conocidos personajes de la cultura rusa y a que Serébrennikov no tiene posibilidad de abandonar el país, ya que anteriormente le habían retirado su pasaporte.

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El Comité de Investigaciones ha abierto un caso por presunta malversación de fondos estatales contra el Séptimo Taller que funcionaba en el Centro Gógol liderado por Serébrennikov. Este, que en un principio figuraba como testigo, se convirtió en acusado el martes después de ser detenido la noche anterior San Petersburgo, donde estaba trabajando en la filmación de una película sobre Víctor Tsoi, legendario músico de la época soviética que pereció trágimente en un accidente automovilístico en 1990. Llevado a la capital rusa, la acusación en su contra fue formalizada y él dejado en arresto domiciliario por los dos próximos meses.

A Serébrennikov se le acusa de malversación de 68 millones de rublos (casi un millón de euros) que habrían sido entregados al Séptimo Taller para financiar un proyecto suyo. Ya en mayo pasado, el popular actor Yevgueni Mirónov entregó al presidente ruso, Vladímir Putin, una carta de apoyo a Serébrennikov, firmada por unas 200 personalidades de la cultura, pero eso no detuvo el acoso contra el director, que en julio pasado vio suspendido el estreno de un ballet sobre el gran bailarín y coreógrafo Rudolf Nuréyev, y ahora le han interrumpido la filmación de su nueva película, impidiéndole que pueda continuarla en un futuro próximo.

El miércoles tampoco tuvieron efecto las intervenciones de conocidos personajes de la cultura rusa que se ofrecieron como garantes en caso de que a Serébrennikov le otorgaran la libertad bajo fianza, entre los que se encontraban Natalia Solzhenítsina, viuda del Premio Nobel Alexandr Solzhenitsin, los directores Fiódor Bondarchuk, Alexandr Kaliaguin y Alexéi Mizguiriov; la escritora Liudmila Ulítskaya, la directora de la Galería Tretiakov, Zelfira Tregúlova, además de actores y presentadores de televisión. Irina Prójorova —directora de una de las mejores revistas intelectuales rusas, Nuevo Panorama Literario, y hermana del multimillonario Mijaíl Prójorov— había ofrecido pagar la fianza que fijara el tribunal, cualquiera que esta fuese, con tal de obtener su libertad.

Serébrennikov, que es director de teatro y cine y que ha sido premiado en Cannes, ha calificado de aburdas las acusaciones en su contra y ha dicho ser una persona humilde y honrada que ha dedicado su vida a convertir a Rusia «en una gran potencia cultural».

Afuera del tribunal Basmánni se reunieron decenas de personas en apoyo de Serébrennikov, entre ellos un hermano de un ministro ruso y el marido de la portavoz del jefe de Gobierno Dmitri Medvédev. No se entiende para qué el Comité de Investigación monta todo un espectáculo con detención en otra ciudad para llevar a Serébrennikov al tribunal al que este siempre había ido a los interrogatorios a los que había sido citado, como no sea el deseo de impedirle que filme la película sobre Tsoi como le impidieron estrenar el balet sobre Nuréyev y de castigarlo por haber participado en varias manifestaciones de protesta contra el actual régimen y criticado la influencia de la iglesia ortodoxa en Rusia.

Mijaíl Shvidkói, exministro de Cultura y representante especial del presidente ruso para la colaboración cultural internacional, opinó que el arresto de Serébrrennikov tendrá una influencia negativa en los ánimos de la intelectualidad rusa. Según Shvidkói, se puede obrar con más delicadeza y abstenerse de hacer demostraciones de fuerza como son la detención en mitad de una filmación y el traslado obligatorio por policías a otra ciudad.

"¡Vergüenza, vergüenza", comenzaron a gritar los que habían ido a solidarizarse con Serébrennikov cuando se enteraron de que había sido puesto bajo arresto domiciliario, sin posibilidad de continuar su labor de creador, sin acceso a Internet y con prohibición de hablar con periodistas.

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