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España se queda atrás en la apuesta de Europa por el cine

El exiguo presupuesto destinado a la producción nacional de filmes contrasta con las leyes y el aumento de fondos en Alemania, Italia y Francia a favor del séptimo arte

La actriz Eva Llorach, en el rodaje de 'Quién te cantará', de Carlos Vermut, la película que ha recibido mayor puntuación (que no ayudas), en la primera convocatoria del ICAA.
La actriz Eva Llorach, en el rodaje de 'Quién te cantará', de Carlos Vermut, la película que ha recibido mayor puntuación (que no ayudas), en la primera convocatoria del ICAA.

Alemania ha duplicado sus ayudas para el cine para el próximo año, hasta 150 millones de euros. En Italia el acuerdo parlamentario suscrito el pasado otoño impedirá que el fondo destinado a esta industria audiovisual baje de los 400 millones. Y en Francia... Francia es la envidia del resto de las industrias audiovisuales europeas: 666,72 millones para el sector en 2016.

La tormenta perfecta de 2018

Si parecen escasos los 30 millones de euros destinados al fondo de ayudas generales a la producción (de los que se han repartido en primera convocatoria 20 millones), las alarmas saltan cuando los productores advierten de la tormenta perfecta que se avecina en 2018.

“Estamos en un periodo transitorio en el que superponen la vieja y la nueva Ley del Cine. En 2017 y 2018 el ICAA aún tiene que pagar las ayudas para las películas estrenadas en 2015 y 2016 cumpliendo la antigua legislación”, avisa el productor Francisco Ramos, presidente de la Asociación Estatal de Cine. Y eso significa que este año el ICAA necesita para esas ayudas para la amortización más de 30 millones de euros. Y en 2018 harán falta 62 millones de euros “solo para las películas de 2016”, con lo que el dinero destinado a los largometrajes debería alcanzar los 100 millones de euros. “El cine español —y eso lo es tanto como el ICAA como los productores— tiene un problema gordísimo en ciernes. Y si no se paga lo que se debe, el efecto industrial es terrible, porque son deudas a bancos cubiertas por la Sociedad de Garantía Recíproca o créditos del ICO. No es solo un poner o quitar dinero”. Para Ramos, “la nueva Ley tiene dos grandes ventajas: reduce los costes financieros y el productor sabe con qué dinero arranca. ¿Desventajas? Hay que ajustar los baremos que otorgan los puntos”. Y apunta: “Me ha sorprendido cuántas películas han superado los 80 puntos en esta primera convocatoria, lo que demuestra que tenemos una cinematografía fuerte, bien armada. No somos una panda de desarrapados Comparados con el resto de Europa, queda claro que España no nos toma en cuenta como sector industrial”.

De parecida opinión es Ramon Colom, presidente de FAPAE, la asociación de federaciones de productores: “Con poco dinero la Ley es una trampa. El ICAA lo sabe, Hacienda tiene que darse cuenta de ello. Y tenemos que replantear el papel de las teles, sobre todo de las públicas. Porque hay un tipo de cine que no producirán ni Telecinco ni Antena 3. ¿O ves a Fernando León producido por Vasile? Y el año que viene llega el drama de la dificultad que obviamente el ICAA no tenía prevista, esos 62 millones de euros. Hay que resolverlo y trabajar en ello desde ya. Si no, en 2019, la mitad de la industria habrá cerrado sus puertas”.

En España, en cambio, la percepción es distinta. La publicación de la primera convocatoria de ayudas a la producción ha vuelto a soliviantar al sector, que ya veía venir el desaguisado. La anterior Ley del Cine otorgaba las subvenciones a posteriori, usando como principal parámetro la venta de entradas, lo que dio lugar al fraude del taquillazo. La presente Ley, que rige desde el 1 de enero de 2016, explicita una serie de parámetros por los que los proyectos van sumando puntos. Son criterios objetivos y las ayudas se dan ahora a priori, para que las películas arranquen su producción. Como asegura un productor. "Por fin tenemos un motor de fórmula 1, al que hay que hacer pequeños ajustes, desde luego, pero le estamos alimentando con un chorrillo de gasolina 95". Con eso se refiere a que tanto en 2016 como en 2017 el fondo para la producción de largometrajes solo reparte 30 millones de euros, cuando "ese motor" se creó para un mínimo de 100 millones. La comparación con el resto de los países europeos (Italia, España y Alemania producen un número parecido de filmes) es "frustrante", reconocen en la industria. Y esa exigua cantidad lleva a que pocas películas -principalmente las nacidas de las dos grandes televisiones privadas- se lleven la mayor parte del pastel.

En esta primera convocatoria de ayudas del Instituto de la Cinematografía y de las Artes audiovisuales (ICAA), el organismo que regula el cine dentro de la Secretaría de Cultura, 18 títulos se reparten 20 millones. Quién te cantará, de Carlos Vermut, encabeza el listado, gracias a sus 92,5 puntos y recibe 977.058 euros (no es la que se lleva la ayuda mayor). Detrás van los nuevos trabajos de cineastas como Dani de la Torre (La sombra de la ley), Rodrigo Sorogoyen (El reino), Terry Gilliam (El hombre que mató a Don Quijote), Asghar Farhadi (que en verano rodará en España Todos lo saben, con Penélope Cruz, Javier Bardem y Ricardo Darín), Icíar Bollaín (Yuli), José María Goenaga y Jon Garaño (La trinchera infinita), Javier Fesser (Campeones), Javier Ruiz Caldera (Superlópez), o Fernando Colomo (La tribu), entre otros. Todos suman más de 80 puntos. En realidad, todas superan los 83 puntos. La ley dicta que las películas que superen los 80 puntos tienen derecho al 100% de la ayuda solicitada. Pues en esta convocatoria ha habido 9 películas que han superado los 80 puntos, que no recibirán ni un euro y que han recibido como contestación este mensaje: "Causa desestimada: por haberse agotado la disponibilidad presupuestaria". Entre ellas están El fotógrafo de Mauthausen, de Mar Targarona; Yucatán, de Daniel Monzón; Escobar, de Fernando León; Sin filtro, de Santiago Segura, o El árbol de la sangre, de Julio Medem. Otras 12 superan los 70 puntos.

Batallas parecidas

Todas esas ayudas suenan ridículas en el contexto europeo. En Italia el motor arranca bien surtido. Cine, esa nueva ley que gusta a todos, titulaba en noviembre la revista L’Espresso un artículo sobre la norma ideada por el ministro de Cultura, Dario Franceschini: el texto ha recibido un sí masivo y convencido. Ya en el artículo 1, que fía al Estado la promoción y el apoyo al cine y al audiovisual, se afirma: “son medios fundamentales de expresión artística, formación cultural y comunicación social, que contribuyen a la definición de la identidad nacional y al crecimiento civil, cultural y económico del país, promueven el turismo y crean empleo”. La Legge del Cinema —cuyos decretos de actuación se están terminando de aprobar este verano— establece que el fondo anual en ningún caso puede bajar de 400 millones. Suficientes para que haya unos 110 millones en cinco años para abrir nuevas salas o un cambio a la francesa para que los impuestos sobre distribución y exhibición de las películas, así como sobre televisiones y compañías telefónicas reviertan sobre el sector.

“Para 2017, 30 millones irán para potenciar las salas; 40 para la promoción cinematográfica; 32 para jóvenes autores, óperas primas, documentales, cortos, animación y filmes difíciles; 10 para la digitalización del patrimonio cinematográfico, cinco para el apoyo a pequeñas y medianas empresas, 12 para promover el cine en las escuelas, 50 para la producción, y 221 millones para el exenciones fiscales”, desglosa Nicola Borrelli, director general para el cine del Ministerio de Cultura italiano. Detrás del último término se esconde, por cierto, otra apuesta del país: la posibilidad de recuperar hasta el 30% (en algunos casos, el 40%) de lo que se invierta en cine en Italia. El ministro Franceschini pretende así revitalizar además los históricos estudios de Cinecittà, que el Estado acaba de recuperar para la gestión pública, y convertirlos en el gran plató de Europa.

Alemania está sumida en la misma batalla. Y por ello ha multiplicado el dinero destinado al Fondo para el Fomento cinematográfico alemán (DFFF) para 2018. "Si usted produce su largo en Alemania y gasta al menos el 25% del presupuesto en el país, puede recibir un subsidio de hasta un 20% del presupuesto", es la condición que impone el DFFF, cuyos fondos aumentan en 50 millones el año próximo, hasta 125. Pero la apuesta va más allá: también se destinan 25 millones a "filmes artísticos y experimentales" y nace un nuevo fondo, DFFF2, con otros 75 millones para financiar largometrajes.

En Reino Unido el British Film Institute ha aprobado recientemente un plan estratégico quinquenal de 550 millones destinados al séptimo arte. El presupuesto, financiado gracias a la Lotería nacional, a los ingresos del propio organismo y a aportaciones privadas, incluye entre otras medidas 35 millones para incentivar al público y atrapar a nuevos espectadores, y 27 para mejorar el acceso al cine de jóvenes entre cinco y 19 años.

Aunque el modelo por excelencia sigue siendo Francia. "Me quiero poner al servicio del cine, porque es un arte que dice cómo es el mundo", asevera la ministra de Cultura, Françoise Nyssen. Y lo hizo con un presupuesto de 666,72 millones en 2016, de los cuales 140 procedieron de la tasa del 10,72% sobre cada entrada a las salas. Francia luce una cuota de mercado del 35,8% para los filmes nacionales, récord europeo, y la mayor asistencia al cine del continente (213 millones de entradas en 2016). Y, en su programa electoral, el presidente Emmanuel Macron proponía nuevas apuestas: un Netflix europeo que promocione el cine del continente y un bono de 500 euros para gastos culturales para cualquier joven que cumpla 18 años.

Con información de Álex Vicente (París) y Enrique Müller (Berlín).