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‘Sublevaciones’: del deseo a la rebelión

Una muestra en Buenos Aires reflexiona sobre los elementos comunes de levantamientos populares en todo el mundo

Manifestantes católicos, Batalla de Bogside, Derry, Irlanda del Norte, agosto de 1969.
Manifestantes católicos, Batalla de Bogside, Derry, Irlanda del Norte, agosto de 1969.

Un brazo en alto. Puños cerrados. Un cuerpo que se arquea para arrojar una piedra a la policía. Otro que se agacha detrás de una barricada. Una mirada desafiante frente a los antidisturbios. Bocas que gritan al unísono. Estos gestos inequívocos de insurrecciones, repetidos durante décadas en todo el planeta, han sido inmortalizados en los más variados formatos. El filósofo e historiador de arte francés George Didi-Huberman invita a reflexionar en Buenos Aires sobre las fuerzas que originan los alzamientos populares y las huellas que dejan en las ciudades y sus habitantes a lo largo de las 290 obras seleccionadas para la muestra Sublevaciones.

El espectador es recibido en el Centro de Arte Contemporáneo de la Untref (Universidad Tres de Febrero) por fragmentos entrecruzados de películas clásicas de Roberto Rossellini, Serguéi Eisenstein y Jean Vigo en un vídeo de la artista griega Maria Kourkouta. Las imágenes se superponen para desvelar las marcas de las rebeliones y entretejer las pasadas con las futuras. "¿Qué es sublevarse?", pregunta Didi-Huberman en uno de los muros de la exposición. Y acto seguido compara esa acción humana desestabilizadora con las grandes fuerzas de la naturaleza: "Es entonces cuando se desencadenan los elementos (de la historia)". Una estampa de Jean Veber de 1904 representa la gran ola del pueblo engullendo al poder y un dibujo a tinta del novelista Víctor Hugo evoca las aguas agitadas por una tempestad.

Campaña 'Dele una mano a los desaparecidos', 1985
Campaña 'Dele una mano a los desaparecidos', 1985

Gilles Caron retrató a dos jóvenes católicos que arrojaban piedras contra un lejano cordón policial. La leyenda aclara que la fotografía fue tomada en la ciudad norirlandesa de Derry de los años 60, pero su contexto desdibujado permite universalizar la escena y colocarla en otra infinidad de ciudades en esa década contestataria. Durante su paso por Argentina, a fines de junio, Didi-Hauberman aclaró que es una exposición con una mirada internacional, por más que "cada ciudad crea que es la capital de la sublevación". Buenos Aires no acusó el golpe y a día de hoy se mantiene en la pelea por el título mundial con manifestaciones diarias en sus calles

El filósofo destacó que el punto de partida del proyecto fueron los grabados de Goya, ya que considera que a partir de él, "la imaginación cobró una función política" y "la imagen adquiere una función crítica". Pero la muestra no sigue un orden cronológico, sino que establece asociaciones a partir de cinco ejes temáticos: los elementos, que incluye todo lo que se libera de la ley de la gravedad; los gestos, es decir, la forma en que protesta cada uno de los cuerpos; las palabras, ya sean escritas, gritadas o cantadas; los conflictos, en los que el yo se vuelve colectivo; y los deseos, por definición indestructibles.

La potencia de una madre

Diana Wechsler, subdirectora del Muntref, define la muestra como "un ensayo visual abierto" que muta en cada ciudad por la que pasa. Nacida en París, pasó también por Barcelona y tras su paso por Buenos Aires seguirá hacia Brasil y México. Wechsler fue la responsable de seleccionar medio centenar de obras locales, entre las que ocupa un lugar destacado la fotografía Madre e Hija de Plaza de Mayo, tomada por Adriana Lestido en 1982 y convertida en uno de los símbolos de la lucha de esas valientes mujeres por encontrar a sus hijos desaparecidos por la dictadura. "Las mujeres y los niños, junto a los viejos, son las personas que tienen menos poder en la sociedad, pero tienen la potencia", señaló Didi-Huberman. "Cuando una madre defiende a su hijo sin armas es más potente que todos los ejércitos del mundo", subrayó.

León Ferrari, Juan Carlos Romero, Horacio Zabala, Sara Facio, Clément Moreau y Annemarie Heinrich forman parte también de los artistas locales seleccionados para completar la muestra. A lo largo de todo el recorrido predomina lo visual, pero algunos ruidos insistentes, como los puñetazos contra la mesa que hacen derramarse poco a poco un vaso de leche en un vídeo de Jack Goldstein o cómo se desgañita el protagonista de Gritar hasta el agotamiento, de Jöchen Gerz, le añaden fuerza.

Espectadores observan el vídeo 'Un vaso de leche', de Jack Goldstein, 1972.
Espectadores observan el vídeo 'Un vaso de leche', de Jack Goldstein, 1972.

Cuando los brazos se levantan y las bocas exclaman, el levantamiento toma las calles y estalla el conflicto. "Algunos solo ven puro caos. Otro ven surgir las formas mismas de un deseo de ser libre", escribió Didi-Huberman para la exposición. El comisario prohibió sacar fotos con o sin flash a cualquier obra y los guardias de seguridad vigilan en todo momento de que nadie incumpla la orden. Sin embargo, con los sentidos empapados de actos de rebeldía, es difícil para los espectadores obedecer.

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