_
_
_
_
Crítica | Séneca
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Cuando el afán de lucro se extinga

La forma estorba el discurso sobre el ejercicio del poder que Antonio Gala pone en boca del mentor de Nerón

Javier Vallejo
Escena de 'Séneca'.
Escena de 'Séneca'.marcosGPunto

SÉNECA

Autor: Antonio Gala. Versión, dirección y escenografía: Emilio Hernández. Reparto: Carolina Yuste, Ignasi Vidal, Antonio Valero, Aka Thémélé, José Luis Sendarrubias, Eva Rufo, Esther Ortega, Carmen Linares. Caracterización: Sara Álvarez. Coreografía: Amaya Galeote. Música: Marco Rasa. Vestuario: Felype de Lima. Luz: José Manuel Guerra. Madrid. Teatro Valle-Inclán, hasta el 14 de mayo.

Una meditación lúcida sobre el ejercicio del poder. Antonio Gala utiliza el Imperio Romano para hablar del mundo contemporáneo: este drama suyo, estrenado en 1987, parece escrito ahora. Su discurso sobre la ambición de los gobernantes, la laxitud moral de sus asesores, la privatización de los bienes comunes, sigue sonando franco y alto. Emilio Hernández ha podado el texto y lo ha trufado de poemas del propio autor, musicados con el afán de acercarlo al público popular del Festival de Mérida.

A partir de una obra de ideas, su adaptador y director ha querido o se ha visto en la obligación de hacer un gran espectáculo: entre el humo de las termas, la grada que recuerda las escaleras de la revista española y lo ligero de la música grabada, esta puesta en escena de Séneca serviría mejor para Jesucristo Superstar. Afortunadamente, no ahoga el discurso de Gala, que se va imponiendo poco a poco al envoltorio.

La función se deja ver también gracias a la lograda actuación de Antonio Valero, que hace del filósofo elocuente, dialéctico y contradictorio un raisonneur pirandelliano. La canción flamenca interpretada por Carmen Linares y la que Carolina Yuste entona a cappella entran en el drama mucho mejor que el resto, de corte pop: visto el juego que da esta joven actriz, resulta certero que Hernández le haya añadido a su papel una escena.

Diego Garrido (Nerón) y Esther Ortega (Agripina) tienen empaque, sobre todo en sus agones respectivos, pero en vez de madre e hijo parecen hermanos, y coetáneos de Popea, soberanamente intepretada por Eva Rufo. Los pelucones que portan ambas actrices valdrán para Mérida, donde el público está lejos: aquí actúan en su contra. ¿Por qué no cantan con acompañamiento pianístico? Sobre música enlatada (más la mala acústica del Teatro Valle-Inclán y una sonorización manifiestamente mejorable), parece que el canto también estuviera grabado.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por los mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Sobre la firma

Javier Vallejo
Crítico teatral de EL PAÍS. Escribió sobre artes escénicas en Tentaciones y EP3. Antes fue redactor de 'El Independiente' y 'El Público', donde ejerció la crítica teatral. Es licenciado en Psicología, en Interpretación por la RESAD y premio Paco Rabal de Periodismo Cultural. Ha comisariado para La Casa Encendida el ciclo ‘Mujeres a Pie de Guerra’.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_