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Una novela romántica contra la desesperación del paro

La periodista Marta Vilella debuta con 'La duquesa de Northcastle', una historia de época victoriana

Marta Vilella posa en Madrid el 8 de febrero, día de su cumpleaños.
Marta Vilella posa en Madrid el 8 de febrero, día de su cumpleaños.Jaime Villanueva

Sabe que los saltos adelante más cruciales vienen urgidos por la necesidad. Marta Vilella (Badajoz, 1975) se apuntó al periodismo con intención de salir con un micro frente a la cámara. La primera prueba le espantó y terminó como redactora en Pop Stars (el lema del programa era “Todo por un sueño”, lo que ella repetía en cambio era “Todo por un sueldo”) y El diario de Patricia luego, durante años. En enero de 2004 avanzó otro paso. No sabía cómo funcionaba un gabinete pero entró en el de comunicación de la Comunidad de Madrid. Durante el fatídico 11-M su consejería llevó la coordinación con el 112 y el anatómico forense y fue el canal que suministró los datos a la presidencia. El goteo desde los primeros cadáveres hasta los 191 muertos finales. “Fue muy duro. Estaba aprendiendo a marchas forzadas y era la primera vez que se vivía algo parecido. Hubo que improvisar mucho”. Tras las últimas elecciones municipales se quedó en el paro y para ocupar su mente y evitar caer en un “bucle depresivo” escribió La duquesa de Northcastle, novela que ahora lanza la editorial Sial Pigmalión.

Dice Vilella que ha leído tanto a Jane Austen que el señor Darcy es su paradigma de hombre ideal; que le bulleron siempre historias en la cabeza, pero que ni fue constante ni tuvo tiempo antes. Por eso decidió que sería ahora o nunca y, con tesón, sacó adelante esta trama victoriana en la que el amor es a la vez causa de enredos y sentimiento redentor, y cuya acción progresa en base a constantes diálogos. “No me importa demostrar que sé cómo es una lámpara del siglo XIX, me imagino al lector con un paquete de palomitas, igual que si estuviera viendo una serie de televisión”. Vilella opina que en gran medida las series se han convertido en el folletín de hoy en día y se han llevado por delante esa literatura en la que lo primordial era el entretenimiento. “Prefiero que mi novela se lea en dos tardes a que la arrinconen”.

En la grada, durante un partido de baloncesto de su hija, coincidió con el padre de otra de las jugadoras, Basilio Rodríguez, editor de Sial Pigmalión. En medio de la charla confesó que escribía y, cuando venció la reticencia —pudor, dudas—, le envió el manuscrito con su tarjeta dentro. Pocos meses después tuvo el ejemplar en la mano y una frase de Rodríguez que la acompaña hoy: “Comienza a sentirte escritora”. Su duque de Northcastle se asemeja a Rhett Butler y ciertos pasajes son casi un trasplante de Lo que el viento se llevó; hay una señora Pott, como la de La Bella y la Bestia, y conversaciones encuadradas en primer plano, influencia de su tesis doctoral sobre ese recurso en el cine de Eisenstein y Griffith.

“Para las editoriales menos visibles el mundo es Internet”, profiere, y cuenta a continuación cómo si no tienes hueco en las mesas de novedades tienes que aprender a manejarte con las redes sociales. Vilella le creó un perfil de Facebook y de Twitter a la novela y fue llegando a cada vez más lectores, que a veces le recriminan el destino de un personaje o le agradecen el amorío de otro. Con los que interactúa. Casi siempre son mujeres; aunque la encorajine, todavía la etiqueta de “novela romántica” echa para atrás a demasiados chicos. Frente a encasillamiento y frente a todo, Vilella está convencida de que en los tiempos de Trump, Tinder, el desafuero, el miedo, el mundo entero sigue funcionando por amor; de la necesidad vital de defender las historias que hacen que al salir del cine o al cerrar un libro te brote una sonrisa en la cara. E invoca un mantra válido: La la land.

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