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Berlinale: así es Europa y el mundo que la rodea

El festival de cine arranca hoy ahondado en los temas sociales y políticos, y dejando atrás ediciones basadas en estrellas de Hollywood

Dos trabajadores desenrollan la alfombra roja a la puerta del Palacio de la Berlinale.
Dos trabajadores desenrollan la alfombra roja a la puerta del Palacio de la Berlinale. REUTERS

Dieter Kosslick, su director, lo ha conseguido. La deriva que durante años ha llevado su Berlinale hacia un cine más político y social ha cuajado en una edición, la 67ª que arranca hoy, con pocas estrellas, porque se ha cimentado en filmes que aúnan visión y reflexión sobre la Europa actual y el mundo que le rodea, un escenario en el que Donald Trump ha irrumpido como una gran soprano. Incluso su película de apertura, Django, sobre Django Reinhardt, el guitarrista que creó el gypsy jazz, encara la biografía del músico entre 1940 y 1944, durante la ocupación nazi de París: “Presenta un retrato impactante de un artista que nos recuerda el poder de la resistencia personal y la necesidad de libertad artística”, decía Kosslick en una entrevista previa en la web Cineuropa. Y si quedaban dudas, remataba: “Es muy probable que la Berlinale se convierta en un festival político ya que el nuevo titular del cargo en Washington nos proporciona constantemente nuevos temas polémicos. Si la agenda política se opone a los homosexuales, nosotros los defendemos con un programa político sobre homosexualidad y el premio Teddy. Y este es solo un tema que vuelve este encuentro más político que los años anteriores. El segundo tema principal trata sobre la explotación del mundo y cómo el colonialismo todavía define la realidad social en la mayoría de países. Un buen ejemplo es la película Viceroy’s House, de Gurinder Chadha, sobre la autodenominada independencia india hace 70 años que derivó en 12 millones de refugiados y más de un millón de muertes”.

Así que las diversas secciones del certamen han quedado salpimentadas por la Historia con mayúsculas, la política y la sociedad. Si hay comedias, serán sociales, como The party, de Sally Potter. Si es un thriller, será ecológico, como Spoor, de Agnieszka Holland. Si hay una retrospectiva será de ciencia ficción con mensaje. Kosslick clarifica: “La crónica de ficción de Orson Welles sobre una invasión alienígena en todo el país es similar a la era de las noticias falsas y la posverdad. Ya no se cree en nadie ni nada, porque todo se manipula en internet. En este aspecto, la retrospectiva se ha puesto al día porque la ciencia ficción se ha convertido en realidad”. Y en Berlinale talents, donde se reúnen creadores de todo tipo, el tema central es la valentía. “También es el eslogan de toda la Berlinale. Todos necesitamos tener la valentía para resistir estas políticas invertidas, que están en marcha no solo en Alemania sino en todo el mundo, justo en la alta sociedad. Las personas deben despertarse y dejar de mirar sus cuentas de Twitter y Facebook, de lo contrario perderán importantes decisiones como el Brexit”.

"La Berlinale es un festival político ya que el nuevo titular del cargo en Washington nos proporciona constantemente nuevos temas polémicos"

Dieter Kosslick, director de la Berlinale

Puede que, además, Berlín sea la mejor ciudad para ello: todas las Europas, la pasada, la presente y la futura, las de ciudadanos con siglos de ancestros en el continente y las de los nuevos ciudadanos, conviven en esta urbe. Por ejemplo, el finés Aki Kaurismäki cuenta en The Other Side of the Hope las desventuras de un inmigrante sirio llegado de Alepo en Helsinki. Kaurismäki ya incluyó en su mundo la migración en Le Havre. Hoy, sin abandonar su estilo, ahonda en ese dolor. Danny Boyle cuenta que rodando su T2. Trainspotting —el plato fuerte del sábado en la Berlinale— no sabía que banderas poner de fondo (¿La escocesa? ¿La de la UE? ¿La Union Jack?) ante los cambios que vivía durante su rodaje. La vieja Europa del alemán Volker Schlöndorff cabe en el certamen con la nueva del rumano Calin Peter Netzer, que presenta Ana, mon amour, tras ganar este certamen con Madre e hijo. Aunque para realidades cambiantes, las de En la playa por la noche solo, del coreano Hong Sang-soo, maestro en esto de contar una cosa y enseñar otra.

La representación española es variada. Y coherente con lo defendido. El bar, de Alex de la Iglesia (a competición fuera de concurso), habla del mundo extraño que nos rodea, nos acosa y nos pervierte. Pieles, de Eduardo Casanova (en Panorama), sobre otros mundos que escondemos de nuestra vista. Y la sorprendente –atentos a este debut- Verano 1993, de Carla Simón (en Generation Kplus) , sobre miedos pasados que explican actuales terrores.

También habrá proyecciones especiales de La reina de España, de Fernando Trueba, y de Política, manual de instrucciones, de Fernando León; en Culinary Soul, de Ángel Parra y José Antonio Blanco, entrará en el restaurante Azurmeni, de Eneko Atza; y El mar nos mira de lejos, de Manuel Muñoz Rivas (en Forum), juega con mitos, leyendas y realidades. Coproducción española es a su vez Últimos días en La Habana, del veterano realizador cubano Fernando Pérez, que estará en Berlinale Special.

En cuanto al mundo latioamericano, la Berlinale es su gran muestrario. Además de que este año México es el país invitado, ya desde la competición hay hueco para cine como el brasileño, con Joaquim, de Marcelo Gomes, un duro retrato de la guerra de independencia contra el poder colonial portugués, o el chileno con Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio, que ya triunfó aquí con Gloria, y que ahora habla de las personas transgénero. Para amantes de las cifras: hay 330.000 entradas a la venta para 400 filmes.

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