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El nuevo cobijo económico

Cuarentones con estudios universitarios que tras un batacazo laboral deben volver a casa

Poco a poco el cine se va haciendo eco de una nueva categoría de ciudadano europeo, el del cuarentón que regresa a la casa familiar, sin trabajo y sin dinero, en busca de paz y cobijo, ánimo moral y alivio económico. Y no uno cualquiera, sino aquel formado en la universidad, que tuvo un gran trabajo y quizá una familia durante años, y que nunca osó vivir la pesadilla que ahora se cierne sobre sus hombros. Es el caso de la arquitecta protagonista de Vuelta a casa de mi madre, sexta película del francés Eric Lavaine, con el atrevimiento de contar su odisea en forma de comedia. Eso sí, ni refrescante ni molesta, ni brillante ni residual, de gracia leve y esporádicos momentos de talento en la réplica coloquial.

VUELTA A CASA DE MI MADRE

Dirección: Eric Lavaine.

Intérpretes: Alexandra Lamy, Josiane Balasko, Mathilde Seigner, Alexandra Campanacci.

Género: comedia. Francia, 2016.

Duración: 97 minutos.

Como ya le ocurría a su anterior película, la mucho menos afinada Barbacoa de amigos (2014), Lavant, también coescritor, abusa de ese efecto redentor de guionista fullero que, en el último acto, se saca de la manga un par de ases más bien artificiales para remediar las situaciones y dejar con una sonrisa al espectador. Sin embargo, en el trazado de los personajes da de lleno en la diana, sobre todo en el retrato de los hermanos de la protagonista y el padre ausente por fallecimiento, pero presente en espíritu. Y es ahí donde encuentra numerosos paralelismos con la reciente, y mejor en calidad, María (y los demás). Unos enredos de familia en los que todos, a pesar de sus defectos, encuentran razones para comportarse como lo hacen, para demostrar que a las maduras todos andamos sobre el agua, pero a las duras es más complicado no ahogarse en el mar del egoísmo.

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