Crítica | El extraño
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El mal que nos acecha

Con una impecable factura técnica, unos creativos fuera de campo, juegos de sonido y montajes en paralelo, el filme no deja de mostrar a una sociedad a la deriva

El estreno en España, hace cuatro años, de la magnífica The yellow sea reveló al coreano Na Hong-jin como un muy particular hijo de su tiempo, un director tan dotado para la espectacular secuencia de acción, montaje cortante, salvaje verosimilitud, como para el acerado retrato social de una época de desequilibrio y suciedad bajo la alfombra. Un estilo que lo convertía en algo así como el hermano mediano, por compartir aspectos de uno y de otro, de sus colegas contemporáneos Park Chan-wook (Oldboy) y Bong Joon-ho (Memories of murder).

Su impacto nos llevó a recuperar la aquí inédita The chaser, también excelente, así que la llegada sin apenas retraso de El extraño, presentada en el último Festival de Cannes fuera de concurso, es un acontecimiento. En su nueva obra, Hong-jin, aun manteniendo un enorme poderío visual, gira hacia una narrativa más clásica que, sin embargo, se desborda en la fusión de géneros y de tonos. Entre lo cotidiano y lo fantástico, entre lo salvaje y lo irónico, pero sin despegarse de lo social, El extraño es una montaña rusa de sensaciones sobrecogedoras alrededor de un misterio que tiene tanto de película de asesino en serie como de futurismo de contagio y de terror de posesión diabólica. Y el director se atreve hasta con un perverso sentido del humor: "¿Ahora vienes a subirle el camisón a tu hija mientras duerme?", le dice la cría al protagonista, mientras inspecciona sus piernas con una linterna para comprobar un posible contagio.

Con una impecable factura técnica, unos creativos fuera de campo, juegos de sonido y montajes en paralelo, El extraño no deja de mostrar a una sociedad a la deriva, culpable, pecadora y perdida, entre la religiosidad convencional y el paganismo. Y, como en la portentosa Zodiac, con la que comparte variados aspectos, no importa tanto la resolución del enigma como la obsesión del personaje central, un torpe sargento de la policía, inoculada al corazón del espectador.

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