Crítica | Amor y amistad
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Frivolidad de ayer y hoy

Stillman va dominando su material gracias a preciosos detalles, como su mantenimiento del amante de la protagonista siempre fuera del relato

Novela corta primeriza de Jane Austen, que debía tener unos 24 años cuando la escribió, aunque no se publicara hasta 70 años después, Lady Susan es casi una anomalía en la obra de la autora de Orgullo y prejuicio. Narrada en forma epistolar, y dotada de un cinismo y una ironía desbordantes, la historia está protagonizada además por una mujer vacua y malvada, aunque evidentemente atractiva, no ya en lo físico, que también, sino en lo personal. Un material que ha dado pie al estadounidense Whit Stillman para conformar con Amor y amistad su mejor película en años, casi en décadas, desde aquella fundacional Metropolitan, de 1990.

AMOR Y AMISTAD

Dirección: Whit Stillman.

Intérpretes: Kate Beckinsale, Xavier Samuel, Cloë Sevigny, Stephen Fry, James Fleet.

Género: comedia. Irlanda, 2016.

Duración: 94 minutos

Aunque ambientada en el paso del siglo XVIII al XIX, la película es puro Stillman, el de The last days of disco y Damiselas en apuros, obras, como esta, sobre el capricho, la superficialidad y la amoralidad, donde, irónicamente, no hay ni amor ni amistad. Eso sí, aunque luego se imponga su tono desprejuiciado y alejado de lo solemne, arranca mal. A estas alturas, empezar una película con El funeral de la reina Mary, del barroco Henry Purcell, exactamente igual que Stanley Kubrick en La naranja mecánica es más una batalla perdida que un atrevimiento o un descuido, a lo que sigue una presentación de personajes que se supone estética y graciosa pero que solo resulta gratuita, casi paródica.

Sin embargo, frente a un cierto abuso del aburrido plano-contraplano, Stillman va dominando su material gracias a preciosos detalles, como su mantenimiento del amante de la protagonista siempre fuera del relato, hasta casi el último instante; un personaje que no necesita decir una sola frase para que el espectador conozca perfectamente tanto su personalidad como su papel en la trama. El director americano, también guionista, ha hecho una labor excelente en la traslación de las cartas de la novela a diálogos y sus intérpretes, conscientes de la esencia de la Lady Susan de Austen y, sobre todo, del tono aparentemente banal pero en el fondo malvado que le aporta Stillman, van todos a una: parecen pasárselo bomba en un juego de ardores y mentiras que quizá no esté tan lejos de la frivolidad contemporánea.

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