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Un Cervantes para el Sáhara

El Instituto abrirá un aula en El Aaiún con el visto bueno de Marruecos y planea posicionarse en Tinduf

Sede central del Instituto Cervantes, en Madrid.
Sede central del Instituto Cervantes, en Madrid.

En los últimos meses, el Instituto Cervantes (IC) ha ido anunciando por medio de sus responsables la necesidad de intensificar su presencia en África. Si bien el área del Magreb quedó cubierta de centros desde el principio de su creación, hace ahora 25 años, faltaba una pata en lo que un día fue el Sáhara español. El Aaiún y alrededores cuentan con 22.000 hispanohablantes, según el anuario de la institución de 2015, y un colegio dependiente del Estado español: La Paz, que en los próximos meses contará con un aula Cervantes.

El Aaiún es territorio minado y desde hace cuatro décadas vive en un limbo de reconocimientos internacionales. Pero la iniciativa se ha llevado a cabo con el visto bueno de Marruecos. Aunque el Sáhara Occidental se encuentra actualmente bajo el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas, el reino alauí lo considera parte de sus provincias meridionales, y lo reclama en un conflicto que no ha cesado desde que España lo abandonara en 1976 y quedó a expensas de Marruecos y Mauritania.

Pero prevalecen algunos restos de la colonia. Como el colegio La Paz, que depende del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte español, lo mismo que otros 11 en todo Marruecos. Allí se imparte primaria, y los padres llevan reclamando extender la enseñanza en español de sus hijos desde hace tiempo. El aula Cervantes podrá ofrecer ese servicio. “Se abrirá la enseñanza sin límite de edad”, asegura Víctor García de la Concha, actual director del IC.

También Tinduf, en Argelia, cuenta en sus planes. “Pero aún no tenemos la fórmula allí", aseguran en el Cervantes

El aula, aun por inaugurar, dependerá del centro de Rabat, que dirige Javier Galván, en un país que cuenta con seis sedes del Cervantes. Las negociaciones han contado con el respaldo del Gobierno de Marruecos. “Incluso de una petición formal para que se abriera”, asegura el secretario general del Instituto, Rafael Rodríguez-Ponga.

Galván, que ha llevado a cabo las negociaciones, cree que el interés marroquí viene de las políticas lingüísticas que los gobiernos de Mohamed VI están llevando a cabo en los últimos tiempos. “Tratan de desarrollar una descentralización que apoya el desarrollo de las regiones con sus particularidades, valorando las identidades y las lenguas de cada región”, asegura el responsable de la sede en Rabat. En ese aspecto, aunque el idioma del Sáhara Occidental es el árabe, el español sigue manteniendo su peso.

La rapidez de su ejecución se ha visto afectada por la ausencia de Gobierno en España durante casi un año. Pero una vez activo de nuevo, García de la Concha asegura que el aula puede entrar en funcionamiento en tres meses. “Si no lo está ya es porque el proyecto necesita el visto bueno del Consejo Ejecutivo de Política Exterior y este solo se reúne con un Gobierno en plenas facultades de funcionamiento”, afirma el director.

El Aaiún no es la única ciudad con habitantes del Sáhara donde al Instituto Cervantes le gustaría estar presente. También Tinduf, en Argelia, cuenta en sus planes. “Pero aún no tenemos la fórmula allí. Es más complejo desde el punto de vista operativo”, afirma Rodríguez-Ponga. “Una cosa es la ciudad y otra los campos de refugiados con sus acogidos de las zonas conflictivas del Sáhara, donde querríamos mantener algún tipo de actividad".

La gestión de Tinduf depende en este caso del Cervantes de Argel. No es terreno desdeñable. Argelia como espacio de expansión del español resulta clave. Cuenta con 175.000 hablantes nativos y 45.000 de competencia limitada. La ocasión del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, además, ha centrado alguna parte de las conmemoraciones, ya que Argel fue la ciudad donde el autor del Quijote permaneció cautivo cinco años.