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CRÍTICA | STAR TREK: MÁS ALLÁ

La fuerza de la comunidad

Esta refundación de la saga marca un relevo que tiene su nota más llamativa en la decisión de confiar la co-autoría del guion al actor Simon Pegg

STAR TREK: MÁS ALLÁ

Dirección: Justin Lin.

Intérpretes: Chris Pine, Idris Elba, Zachary Quinto, Karl Urban.

Género: ciencia-ficción.

Estados Unidos, 2016

Duración: 122 minutos.

Los trekkies tienen sobrados motivos para ser creyentes: en la trascendencia (de una mitología), en la resurrección (de un universo), en la fuerza transformadora de una comunidad (de fans). Cuando los seguidores de la saga reaccionaron contra la cancelación de la serie original en su tercera temporada, se sentaron las bases de un nuevo modelo de relación entre el público y la industria del espectáculo que hoy ya no es excepción, sino moneda corriente. No es casual que la comunidad trekkie haya sido una de las más activas en el ámbito de la fanfiction: para ellos, las creaciones de Gene Roddenberry no están ahí sólo para ser reverenciadas, sino, también, para ser objeto de apropiación, de relectura personal… J. J. Abrams entendió a la perfección todo este espíritu cuando se hizo cargo de la puesta al día de una franquicia que nunca había llegado a morir del todo: a través de algo absolutamente consecuente con el espíritu de la serie original –un concepto de ciencia-ficción pura: la configuración de una línea temporal alternativa-, Abrams creó el contexto ideal para armonizar invención y respeto a las fuentes.

Tras las dos enérgicas, ingeniosas y elegantes películas que abrieron esta refundación de la saga, Star Trek: Más allá marca un relevo que tiene su nota más llamativa en la decisión de confiar la co-autoría del guion al actor Simon Pegg, que, aparte de encarnar a Scotty, parece decidido a dejar de ser uno de los talentos más prometedores de la nueva comedia británica para pasar a ejercer de algo fastidioso actor/fan en todo tipo de franquicias. El modo en que Pegg afronta esta tercera entrega implica un cierto estrechamiento de la capacidad de sorpresa: sí, se refuerzan las notas de humor (que alcanzan su pico en la rivalidad McCoy/Spock: por cierto, ¡qué bien canaliza Karl Urban la memoria de DeForest Kelley!), pero nada se aparta demasiado de las convenciones de un episodio mediano de la primera serie televisiva.

Con la destrucción y la reconstrucción de un icono –el Enterprise- como puntos clave en el ritual del reconocimiento, Justin Lin aplica a su dirección la tosquedad de quien acelera un coche tuneado: hay muchos momentos absolutamente ininteligibles que bloquean toda posibilidad de implicación en el espectador. Star Trek: Más allá –película que ritualiza una baja (Leonard Nimoy) y solo puede dar fe de otra en sus créditos finales (Anton Yelchin)- cumple, pero pierde carisma.

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