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El parque de Cabárceno abre la veda de Pokémon

El espacio natural en Cantabria para animales en semilibertad se aprovecha del ‘boom’ de este videojuego

Los hermanos Marta y Gilberto Navarro, de 16 y 9 años, en el parque de Cabarceno (Cantabria), con sus móviles cazando Pokémon.
Los hermanos Marta y Gilberto Navarro, de 16 y 9 años, en el parque de Cabarceno (Cantabria), con sus móviles cazando Pokémon.

"Por aquí, me ha temblado el móvil", grita Gilberto Navarro, de 9 años, mientras persigue con el teléfono en la mano algo que se escapa a la vista. No intenta fotografiar a las jirafas y avestruces que pasean, tras una cerca, junto al camino. De repente se para, y en la pantalla del aparato aparece una criatura redonda y azulona. "Este es bonito. Es un Poliwag", afirma contento el niño, que ha venido con su hermana y sus padres desde Granada para visitar el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria. Con más de 1.200 animales de casi 150 especies en régimen de semilibertad, la reserva invita en su web a seguir la pista de otras criaturas ficticias: las que pueblan el universo Pokémon Go, el fenómeno de masas de este verano.

En este espacio de 750 hectáreas —que cuenta con unos 80 osos, la mayor reserva de Europa—, una nueva fauna imaginaria ha llegado para acomodarse entre los elefantes y los gorilas. Los Pokémon, aunque invisibles, forman parte de la vida de muchos de los visitantes y trabajadores del recinto. "El otro día, los hijos de una sobrina se fueron a Covadonga [Asturias] donde al parecer hay muchos", cuenta el director del parque de Cabárceno, Miguel Otí, de 64 años, que está sorprendido con la “rápida evolución” del fenómeno Pokémon Go. "Hace un mes aquí ni se hablaba de esto". La existencia de dos pokeparadas [lugares donde se pueden conseguir premios de este juego] y el elevado número de estas criaturas dentro de Cabárceno han puesto a los responsables del parque, sin embargo, a buscar posibilidades para “fomentar los Pokémon”.

“Esta semana he hablado con nuestro responsable de promoción para que se ponga en contacto con Nintendo”, asegura Javier Carrión, el director general de Cantur, la empresa pública que gestiona las instalaciones turísticas más importantes de la región. Carrión no descarta llegar a un acuerdo económico con la empresa japonesa para incrementar el número de puntos de recarga en el parque, siempre que se trate de una "cantidad asequible". No sería el primero. Grandes cadenas como McDonald's ya negocian que sus locales se conviertan también en pokeparadas.

Pese a que, según Carrión, el entorno natural de Cabárceno se entrelaza a la perfección con el concepto de realidad aumentada que propone este videojuego, el responsable de Cantur puntualiza: "No estamos en la misma sintonía en cuanto a la caza [de Pokémon], nosotros estamos en contra de la caza".

"El parque está lleno de Pokémon", dice encantada la cuidadora de gorilas, Lucía Gandarillas, que incluso ha escrito un correo electrónico a Niantic, la empresa que ha desarrollado el juego, para que pongan una pokeparada junto al recinto de los primates. "Antes ni siquiera me gustaban, pero juego porque me hace gracia", cuenta esta trabajadora, de 35 años. No es el caso de Patricia Riquelme, otra treintañera que lleva dos semanas jugando al videojuego y ha cazado tres Pokémon en Cabárceno. “Hace años jugaba en la Nintendo DS, por eso ahora me ha hecho ilusión”, afirma. A su lado, unas jirafas caminan indiferentes por la llanura cántabra, ajenas a la realidad aumentada.

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