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Se nos va una época

Se estrenará la próxima semana la dura y bella película de Zhang Yimou Regreso a casa, que también supone para el autor el retorno al mejor cine de sus inicios, épico e intimista, y a la vez crónica de parte de la historia de su país, la revolución cultural especialmente, como ha vuelto a hacer en esta, su última película hasta el momento. Pero será además un involuntario homenaje póstumo a Josetxo Moreno, uno de los artífices de la distribuidora Golem que nos descubrió el talento de este director al que siguió a lo largo de los años con fidelidad y tesón, desde Sorgo rojo de 1987, hasta este Regreso a casa. La próxima de Yimou, producción norteamericana, quizá se le escape a Golem, distribuidora modesta aunque valiente y talentosa como hay muy pocas más. Afortunadamente sí las hay.

Se ha escrito y muy bien en este periódico sobre la personalidad de Josetxo Moreno y las películas que Golem nos ha traído. Poco se puede añadir salvo secundar el lamento por su muerte, tan cercana en fechas a las de Héctor Babenco y Abbas Kiarostami, cuyas películas también frecuentaron las salas de Golem. La muerte suele acechar en el cine por grupos y Michael Cimino y Emma Cohen se han sumado a la siniestra lista de los que nos han dejado en julio, mes que dios guarde. Con ellos se nos sigue yendo una época, truncando talentos de autores que estaban en vigor, aunque algunos ya habían visto truncada su obra en vida, como fue el lamentable caso de Cimino.

Por su parte, el enérgico Babenco, que se hizo famoso por su película menos apasionante, El beso de la mujer arañanominada al Oscar, en España consiguió 500.000 espectadores-, mientras que otras de mayor mérito como Carandiru, apenas logró que 5.000 personas la vieran en nuestro país. Y aún quedan por estrenarse aquí otras obras suyas de la escasa docena que realizó. “¡Vayan al cine, carajo!”, gritó Babenco con brío y buen humor en la rueda de prensa que dio en San Sebastián cuando formó parte del jurado oficial. Vayamos al cine, pues, que al menos siguen vigentes sus películas (sin ir más lejos Emma Cohen con Bruja, más que bruja) y donde permanecen abiertas las puertas a nuevos talentos o a cuantos veteranos continúan en la brecha. Es el mejor homenaje que se les puede tributar.