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Un acto en Madrid homenajea a Semprún cinco años después de su muerte

Una conferencia recuerda los hitos y la extraordinaria vida del escritor y político

Jorge Semprún, en su domicilio de París, en una imagen de 2009.
Jorge Semprún, en su domicilio de París, en una imagen de 2009.

Hablar de Jorge Semprún es abarcar algunos de los temas más relevantes del siglo XX. Literatura, política, guerra, resistencia, comunismo, campos de concentración y tortura se mezclan al repasar la extraordinaria trayectoria del escritor fallecido hace ya cinco años, el 7 de junio de 2011. Y todos estos asuntos han protagonizado el homenaje que el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) ha ofrecido esta mañana a la memoria de Semprún.

Tal vez el propio título de las tres conferencias del acto ayuda a comprender la amplitud de una vida “exprimida hasta el final”, según Santos Juliá, historiador, colaborador habitual de EL PAÍS y autor de uno de los tres discursos, Camaradas y amigos: Claudín, Semprún y Pradera. Jorge Semprún: el esplendor de un fracaso, del profesor Antonio Elorza, y Un testigo venido del silencio, del filósofo Manuel Reyes Mate, completaron la panorámica sobre el autor de La escritura o la vida que ofreció el encuentro.

Juliá explicó que en principio fue convocado para hablar del “Semprún ministro”, aunque finalmente decidiera dedicar solo el arranque de su discurso a los tres años en los que el escritor dirigió el Ministerio de Cultura (1988-1991), en el Gobierno socialista de Felipe González. El historiador compartió el momento en que el propio Semprún le pidió, en 1991, que ocupara la dirección del Libro. “¡Pero si me estás llamando para dos semanas!”, le contestó Juliá, convencido de que González ya estaba barajando quitar del cargo a Semprún. “Te equivocas, estoy aquí más firme que nunca”, respondió el entonces ministro. Finalmente, Juliá aceptó y a las pocas semanas se cumplió su profecía.

Sea como fuere, Juliá continuó su charla centrándose en la amistad entre Semprún, Fernando Caudín y Javier Pradera, desde aquel primer encuentro entre los primeros dos, en un encuentro clandestino del partido comunista, del que ambos acabarían expulsados. A partir de ahí, recordó varias anécdotas sobre la relación entre los tres amigos, así como también repasó libros, ideales y dolores de la vida del homenajeado. Y agregó que los tres siempre mantuvieron sus características habituales: "Fernando, tan apasionado por la realidad; Jorge inventándose e reinventándose y Javier diciendo hasta el final lo que pensaba". Elorza, en cambio, afrontó la “búsqueda de sí mismo que acompañó a Semprún a lo largo de su obra” así como su relación con Santiago Carrillo.