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CRÍTICA | EL HOMBRE MENGUANTE

Cuando todo son mejoras

La compañía valenciana Pérez & Disla representa una divertida alegoría de la pérdida de derechos en el menguante Estado del Bienestar

Imagen de 'El hombre menguante',
Imagen de 'El hombre menguante',

EL HOMBRE MENGUANTE

Autor: Juli Disla. Intérpretes: Toni Agustí, César Tormo, J. Disla. Director: Jaume Pérez Roldán. Madrid. Teatro del Barrio, hasta el 12 de junio.

Los salarios se devaluaron, del contrato de por vida pasamos tiempo ha al contrato por horas; del piso costeable con el salario de dos años, al que cuesta dos lustros de sueldo íntegro; del alquiler sine die, a su extinción con un mes de preaviso; de la hipoteca a tres lustros máximo, a la hipoteca a cuatro décadas y olé. A todas estas mejoras para los grandes tenedores de capital alude, con humor alegórico, El hombre menguante, pieza con mucho subtexto, que habla elegantemente de cuantas quitas (sociales, en su poder de compra y en su dignidad) viene padeciendo de unas décadas a esta parte, primero larvada y luego más decididamente, el europeo de a pie.

Después de La gente, divertida, escéptica y esperanzada sátira asamblearia, la compañía valenciana Pérez & Disla vuelve a poner el dedo en la llaga, con este espectáculo de pequeño formato en el que las peripecias del protagonista de la película de Jack Arnold y su progresiva jibarización, sirven de metáfora clara de lo que al espectador medio le acontece. A través del desvalido personaje interpretado por Toni Agustí, Juli Disla, autor del texto, y el director Jaume Pérez, muestran como la mengua en las condiciones sociolaborales va traduciéndose en mengua de la autoestima y de los afectos.

La manera indirecta con la que Pérez & Disla se expresan, evoca los procedimientos que se utilizaban para sortear la censura franquista y para decir sin decir en el teatro del otro lado del telón de acero. Un espectáculo sutil y sugestivo, en tiempos de obviedad y vocerío.