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“En Rusia se ha resistido mejor al gulag que al dólar”

La Nobel Svetlana Alexiévich comparte en Madrid su particular historia de los sentimientos

Svetlana Alexiévich, en Madrid.
Svetlana Alexiévich, en Madrid.

Una lista oficial con las 50 personas de confianza del presidente Vladímir Putin empezó a circular hace unos años en Rusia. Recuerda la escritora Svetlana Alexiévich, la ganadora del último Nobel, que allí estaba toda la élite cultural del país. Preguntó a algunos por qué se habían dejado incluir en esa clasificación: “Uno de ellos me dijo que tenía miedo de que su hijo perdiera su trabajo; otro, que temía por un negocio de su familia. Fue chocante, era la prueba definitiva de que estábamos derrotados. La élite cultural actual no ha podido enfrentarse al mundo. En Rusia se ha resistido mejor al gulag que al dólar”.

En la lista no aparecía Alexiévich. Nunca ha sido bien vista por los simpatizantes del Kremlin. No se han cansado de repetir que le dieron el Nobel (2015) por criticar a Putin. Pero ella sigue en su empeño de contar lo que la “gran historia” suele omitir: “Los sentimientos de gente que creyó en el socialismo y luego se desencantó”, como explicó este martes en un coloquio en Madrid, organizado por el Instituto Aspen España, en el que la acompañó Pilar Bonet, corresponsal de EL PAÍS en Moscú. Horas después, la Nobel tenía previsto asistir a un acto organizado por el Espacio Fundación Telefónica.

La obra de Alexiévich (en español, El fin del Homo sovieticus en Acantilado; La guerra no tiene rostro de mujer, Voces de Chernóbil y Los muchachos del zinc, en Debate) es esencial para entender la historia de Rusia en el último siglo y la fortaleza actual de un régimen cada vez más autoritario. “Hace poco estuve en Siberia y me decían que había que liberar Europa, porque Europa un lugar gobernado por leyes homosexuales. No se puede comprender cómo esta gente, que hace solo unos años salió a las calles para pedir libertad, ahora piensa así. ¿Cómo ha podido suceder esta metamorfosis? Ahora hablamos de Putin, pero cada ruso lleva dentro un pequeño Putin”, afirmó Alexiévich, de 67 años, la primera escritora que ha recibido el Nobel por libros basados solo en entrevistas.

“Ya no podemos esperar 50 años para procesar una historia, como hacía Tolstói”

Se ha debatido mucho si su trabajo es periodismo o literatura. Para la escritora —nacida en Ucrania y criada en Bielorrusia, donde reside—, “esta novela de voces es sin duda un género literario”. “La literatura ya no es algo inmóvil. Nuestra vida cambia cada vez más rápidamente. Ya no podemos esperar 50 años para procesar una historia, como hacía Tolstói”. En cualquier caso, no es un trabajo sencillo el de Alexiévich. Como ha comentado en otras ocasiones la autora, ha tardado entre cinco y diez años en escribir cada libro y cada uno contiene cerca de un centenar de voces. En muchas ocasiones, puede llegar a entrevistar 20 veces a la misma persona para desarrollar este género conocido como historia oral.

En estos “tiempos turbulentos”, a Alexiévich le preocupa el futuro: “El capitalismo no salió bien, porque no estábamos preparados. Los cínicos, los que jamás creyeron en el ideal socialista, son los que mejor se han desenvuelto durante la transición. Ahora, ha vuelto la filosofía militarista del pasado, de tener un enemigo. Entre los menores de 60 años hay un gran sentimiento de no querer vivir en un país humillado; quieren vivir en una gran potencia. Muchos sienten nostalgia, además, del comunismo”.

Alexiévich escribe ahora sobre temas menos “oscuros” —un libro sobre el amor, y otro sobre la vejez la muerte—, pero sigue pendiente de la política: “Tengo la impresión de que vivimos una situación parecida a la de comienzos del siglo XX, antes de 1917. Pero predecir el futuro es imposible”.

“No se ha sacado ninguna lección de Chernóbil”

C. G., Madrid

En Voces de Chernóbil (1997), Svetlana Alexiévich recopila testimonios de las víctimas del accidente de la central nuclear, del que se acaban de cumplir 30 años. “La gente sigue muriendo a causa de aquello. Pero después de todo no se ha sacado ninguna lección. No existe una interpretación intelectual de lo que pasó”, explicó este martes la escritora. “Vives en un mundo en el que la muerte está en todas partes, pero no le ves la cara”, dijo. Para la autora, el desastre de Chernóbil cambió la comprensión del espacio, porque “en cuatro días la nube radioactiva llegó a África”, y del tiempo, porque el peligro de radiactividad pervivirá 3.000 años.