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CRÍTICA | THE LADY IN THE VAN

La bondad de los extraños

El escritor Alan Bennett invitó a una mujer que vivía en su furgoneta a que aparcase el vehículo en el jardín de su casa

Maggie Smith, en 'The lady in the van'.
Maggie Smith, en 'The lady in the van'.

Después de que ser testigo de diversas agresiones que le incomodaron profundamente, el escritor Alan Bennett tuvo la gentileza de invitar a Miss Shepherd, una mujer sin hogar que vivía en el interior de su furgoneta, a que aparcase temporalmente el vehículo en el jardín de su casa. Miss Shepherd, huraña, excéntrica y, por usar un eufemismo, de carácter difícil, se pasó ahí quince años, ricos en anécdotas y situaciones chocantes que nutrieron diversas entradas en el diario personal de Bennett y que, finalmente, fueron articuladas como relato en su libro La dama de la furgoneta (Anagrama), que se convirtió al mismo tiempo en agudo estudio de un personaje y en hilarante crónica de una relación desigual marcada por los vaivenes entre la resignación y el impulso compasivo. Bennett atribuía su hospitalidad, así como la amabilidad de otros vecinos, al sentimiento de culpa de una comunidad que intentaba conciliar cambio de estatus y convicciones progresistas: “Había una grieta entre nuestra posición social y nuestras obligaciones sociales. Y Miss Shepherd (en su furgoneta) podía vivir dentro de esa grieta”.

THE LADY IN THE VAN

Dirección: Nicholas Hytner.

Intérpretes: Maggie Smith, Alex Jennings, Jim Broadbent, Deborah Findlay.

Género: comedia. Reino Unido, 2015.

Duración: 104 minutos.

Director de confianza de Bennett en el National Theatre, Nicholas Hytner emprende aquí su tercera colaboración cinematográfica con el escritor tras La locura del rey Jorge (1994) y The History Boys (2006). Ambos toman una decisión arriesgada a la hora de dar entidad cinematográfica al original –desdoblar a Bennett (encarnado por Alex Jennings) en un juego algo chanante- y otras más razonables, como todas las relacionadas con la dosificación de la información sobre el pasado de Miss Shepherd. Si el jardín de Bennett habilitó un espacio para la excentricidad, la película lo habilita para la excelencia interpretativa de Maggie Smith, que compone aquí un personaje que es la razón de ser de una película luminosa que ondea la empatía como orgullosa bandera.